sábado, 9 de agosto de 2014

Capítulo 15 “Réquiem para un loco” o "El ocaso de la cronista"

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¿Y ahora?
¡He amanecido bipolar! Si, como escuchó y todo por meterme en estos despelotes en lugar de seguir con mi vida estable, con mi existencia de meseta patagónica, mi rutina sin sobresaltos opinando en el face que la pasaba yo tan bien, muerta en vida pero bien ¿O no? Aída Bortnik escribió que se puede durar sobre la tierra sin cambiar ni agregar una sola pincelada de paisaje. Pues yo he nacido con un pincel bastante inquieto y ahora que he probado de lo otro, ahora que siento que he modificado un trocito del mundo de afuera... Porque con estos capítulos mi idea es hacer la gran Lenin ¿O no se ha dado cuenta? Espabilarme y espabilar es la cuestión, después otro verá como sigue porque a Lenin espabilando se le vino la noche pero mientras tanto me he ganado ya el doble bloqueo de ABC de Sevilla, no es pavada.

Así que, volviendo al tema, habiendo modificado un pequeño arbusto del paisaje, tras haber hablado con Jesús ahora me resulta intolerable volver a lo de antes, a la calma chicha del candy crush porque ojo, no es lo mismo la calma chicha a secas que la calma chicha después haberse imaginado en Sevilla ¿Comprende? No es lo mismo no tenerlos más a ustedes después de haberlos tenido que después de nunca haberlos conocido ¿Y por qué me dejarían? Pues porque he fracasado y los fracasados mueren solos y olvidados; los fracasados no tienen quien les alcance el orinal ya imposibilitados de moverse. Así que este, señora, es el solemne momento del réquiem, el momento en el que me pregunto ¿Quién me ha mandado? ¿He llegado demasiado lejos? Llamé a Quintero el lunes, como quedamos y no logré comunicarme ¿Usted pensó que esto iba a ser fácil? Bueno, yo si y ahora ando hecha un estropajo pues he llamado el miércoles de nuevo y tampoco di con él.

En realidad les confieso que llamé sólo dos veces y no esperé mucho tiempo a que me atienda (casi nada) porque mire si me pide que vaya a Sevilla con mi obra y luego no cumplo con sus expectativas... Mire si me dice que no le ha gustado el texto... O imagine si vuelve a decirme que hay posibilidades y es solo para quitarme de encima o peor aún, suponga que tengo éxito y después me veo en la obligación de sostenerlo ¿Y si descubro que el loco no está loco como dice? Ya lo anticipa el dicho aunque me niegue escucharlo: las apariencias engañan y el hábito no hace al monje... y si dios no existe ¿qué hace esta fiel con su fe?


Nunca fui un trago sencillo (me dijo una vez un ex), soy un cocktail de miedos, una ensalada de suposiciones y ansiedades, cada paso dispara un nuevo temor pero mire usted, finalmente termino siendo el viento de mi desgracia colgando el teléfono yo antes de tiempo.

Juan Campanella me dijo una vez que las mejores películas para él son aquellas en las que el protagonista es su propio obstáculo, el héroe cobarde es mucho más interesante que el héroe valiente y pulcro ¿O no? Así que me pongo trabas, sí, soy temerosa, claro, me cavo mi propia tumba pero según el troesma Campanella estaría yo viniendo a ser algo así como un buen film. (Capítulo siguiente pique acá)

Continuara..? (Yo creo que no, hay que saber retirarse a tiempo dijo el apostador burrero)


4 comentarios:

  1. ¡Ufa!, mi niña... que usté parece Fariña; (que en cana ya debe parecer Farinelli) ¿Acaso en el capítulo anterior no nos juró que habló con el de la crush? ¿nos dió ficción? En fin, tóme; póngale música a su requiem: https://www.youtube.com/watch?v=0-lzBFJoYKA ... Mis respetos.

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    1. Uy, mi niña... mis disculpas. La añeja presbicia, y mi mente sin ápsis, me jugaron una broma. No 'volvió' a hablar con el de la crush... De todas formas vale la pena el Réquiem (esta vez con el palito en la e...) Suyo.

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    2. Mi niño, lo extrañaba! La ficción vendrá cuando tenga que pagar la cuenta telefónica. De Argentina a celular en España, ay! El réquiem está un kilo y dos pancitos, gracias!

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    3. No se afane tanto, mi niña, para que los demás tranfuguen de su cosmogonía de ignorancia y lodo. Atrévase a soltarse del corro, y bánquese la incomodidad de desentonar en este coro... Mis respetos.

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