sábado, 22 de septiembre de 2018

Capítulo 355 "Que salga todo"

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Que la extrañe. Que la extrañe mucho. Que la extrañe más. Que sienta el dolor, que lo soporte, que me acostumbre a él; que comparta junto a él la agonía, el vacío, la ansiedad, las ganas en medio de la noche insomne de abrirme el vientre con un cuchillo y que salga todo, que se libere, que me deje en paz. Únicamente así sabré si es amor de verdad o sólo una pasión de poca monta. Quise preguntarle algo pero ya había quitado sus ojos de mi, se levantó despacio del sillón de madera y se alejó, a paso lento, ayudado con su bastón plateado, a por su caminata diaria entre plantas y perillos saltarines. (Sigue)

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martes, 18 de septiembre de 2018

Capítulo 353 "Sin"

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Así que venía más que bien el asunto, mucho más que bien, habíamos podido dejar atrás lo agridulce, lo fulero, habíamos aprendido de eso, nos habíamos hecho fuertes, nos conocíamos mejor. Ya habíamos instalado cierta rutina, yo tenía tres pacientes de Shiatsu, una señora del pueblo y dos más del centro de Jerez, había podido aportar con víveres a la casa, Ella ya no tenía que pagarme el boleto de Renfe o la cerveza si salíamos por ahí, me estaba afirmando en lo que creía que era, estaba logrando cierto equilibrio, aprendía a disfrutar el fruto de lo que me había animado a ir a buscar. Sí, Argentina se derrumbaba, no sabía a dónde iba a ir a parar mi mare cuando la subida del dólar llegara a la cuota de la residencia en la que vivem mi perro boyaba de casa en casa porque la guardería se fue por las nubes pero yo le hice caso a la Morocha y no a Dragó, quise hacer lo que quería, no lo que debía. Y me stoy durmiendo mientras escribo, producto de lo que ya sabemos, me he quedado sin musos, sin Ella y sus revires, sus besos, sus miradas lúcidas de reojo, y sin Él, sin Él y sus mariconeos opulentos, sin sus brillanteces, sus contradicciones, sus disloques, me duermo... (Sigue)

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Capítulo 352 "Lo peor de todo"

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Y yo no doy más. Porque estábamos lo más bien, pasando unos días tranquilos, hermosos, no escribía todo lo que quería pero estaba bien igual, disfrutaba del momento sin sobresaltos, le demostraba a la escritora demente que llevo adentro que no es imprescindible el conflicto para seguir con esto, con la mierda blog. ¡Hay vida más allá del blog, loca, psicótica! Me dejé llevar y empezaron a revelarse otras cosas, y a rebelarse también, nos aprendíamos con la Gitana en la cotidianidad, la cotidianidad tiene lo suyo, se me había olvidado, aunque las cotidianidades que hube de compartir fueron de corto plazo, tres meses como mucho. Algunos me dijeron, con ánimos de consolarme, que no eran las personas para mi, que por eso no había funcionado, pero yo creo que era yo la que no era para ellos. Hablar a boca de jarro es nuestro deporte preferido, mis conocidos nunca intentaron convivir conmigo, por eso opinaban tan sueltos de cuerpo a mi favor. Así que mis cotidianidades compartidas fueron de corto plazo pero algo pude degustar, el placer de ceder con gusto algo que nos cuesta mucho, por ejemplo, algo que pensábamos no podríamos modificar jamás, y con Ella, de pronto, que hubiera migas de pan en el piso dejó de ser EL HORROR, pude caminar pisando migas sin desmayarme, pude dormirme con su brazo sobre mi cintura, pude lavarme los dientes viendo pelos rubios en el lavatorio, vivir con las ventanas abiertas, los mosquitos entrando como panchos por su casa y yo sin sulfurarme. Sin sulfurarme tanto.

La falaz sensación de no estar sola en este mundo, el apuntale afectivo de la cotidianidad. Porque me despertaba en la cama y Ella estaba ahí, siempre. Hermosa, fuerte y afectiva. El  sobrevaluado misterio daba lugar a otros mucho más exquisitos, el mundo de la intimidad. Fueran las tres de la mañana o las doce del mediodía, estaba ahí. Y yo estiraba mi mano y la tocaba y Ella se removía, a veces me daba un beso sonámbulo y seguía durmiendo, otras espabilaba de un salto porque había olvidado que tenía que hacer esto u aquello y mira tú la hora que é, etc, y yo la veía vestirse a las apuradas, recogerse el pelo en una colita, mirar los mensajes de su móvil, abrir las ventanas de la pieza y hojear la agenda, todo al mismo tiempo.

Y nos venía yendo bárbaro hasta que el ROMPEPELOTAS reapareció con la pelotudez de que se jubilaba y donaba el archivo y la mierda en coche. Pero, ¿mentendés? No es de idiota emocional que no quiero querer mucho a la gente, es porque cuando se aleja pasa esto, es todo una porquería, un agujero negro, ni lo del enojo me funciona ya, aunque consiga tenerle bronca sigo teniendo ganas de llorar, de llorarla, de que esté ahí. Y escribo sabiendo que Ella ya no me va a pedir que se lo lea, no me va a discutir, no voy a poder mirarle los ojos mientras escucha, eso es lo peor de todo. (Sigue)

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domingo, 16 de septiembre de 2018

Capítulo 351 "Sin resistencia"

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Me agarró de la mano sin decir nada. Primero estiró el dedito, el índice, para que nos diéramos los dedos, supongo, nunca nos habíamos dado la mano, ni los dedos, nada, ni solas ni acompañadas, por lo de la vergüenza, así que al principio no entendía yo qué catzo... Entonces me agarró con toda la mano, detuvo el movimiento de la mía que se dejó agarrar sin resistencia, que entendió en un segundo todo lo que significaba ese gesto Gitano, gesto que se convirtió en apretón, en emoción, en a dónde estuviste todo este tiempo, amor de mi vida, que no te podía encontrar, en ese momento tenerla de la mano así de fuerte… ya lo dije, fue un sello de amor eterno, éramos la una para la otra, era capaz de hacer lo que fuera por Ella, lo que fuera, porque me estaba pidiendo disculpas, intentaba explicarme, como le salía, porqué había reaccionado de esa manera en la reunión, frente a todas las mujeres, que la entendiera me pedía, que le tuviera paciencia, que ya lo íbamos a enfrentar juntas de a poco lo de mostrarnos adelante de todo el mundo sin vergüenza, que lo importante era que nos teníamos, que nos amábamos, que nos habíamos encontrado y todo lo que nos pasaba, eso no se encuentra a la vuelta de la esquina, no, hay que recorrer muchísimo, ir atento, aguantarse y aguantarse hasta que de pronto… sucede.

Y no es solamente esperar a que suceda, después hay que tener agallas para no salir corriendo, para aguantarse maula los remolinos como estos, los dimes y diretes, los tejes y manejes… los mensajes de texto enviados por error, los casi tríos inconclusos, los deslices con ex marido y con Morocha Inexorable, por eso creí que nos amábamos, por todo lo que habíamos superado juntas, tal cosa se logra cuando la gente se ama, ¿o no? ¿O no? Lo único que quedaba en el tintero era Ubrique, eso no sé si Ella lo podría tolerar… que lo remil parió al puto amor. Cuando llegamos a la casa Bello Niño se había quedado dormidito en el sillón, patas para arriba, jugando con la notebook de Ella, que lo llevó a upa hasta la cama, y a mi que me enloquece esa maternidad que porta, esa ternura instintiva que le queda tan guapísima, hicimos el amor, como dios manda, nos reconciliamos, a más no poder, porque el mundo era nuestro. Cenamos como a las cuatro de la mañana. (Sigue)

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sábado, 15 de septiembre de 2018

Capítulo 350 "Enreveses"

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Cuando la cosa se terminó esperé pacientemente a que se despidiera de todo el mundo, convincente y enérgica Ella, embelesada y con bronca yo, ávida de hacerle el ninguneo, la escena de melodrama, una hora y media hasta que acabó de arreglar citas, eventos y estrategias de lucha con cada una de las personas de la reunión. Esperé, con la amargura implosionándome la garganta. Porque mi razón me decía que algo de razón tenía al enojarme, para mi enfrentarme a eso, a la vergüenza que me daba tratarla como a mi novia adelante de todo el mundo, era un acto de amor, un acto heroico, una muestra de lo que Ella significaba para mi. Carajo.

Salimos del centro cultural y nos largamos al camino, al fin, nos acompañó una señora durante algunas cuadras y luego nos quedamos solas. Se hizo el silencio. Ya era de noche. Hacía calor. Por suerte cuando nos vimos con Begonia en Madrid me cortó el pelo, me tijereteó lindo la muy demente, así que lo tengo corto, cortísimo. Lo que no recuerdo es si Begonia y la Gitana ya se conocieron, si algún lector se acuerda que me lo diga porque no pienso releerme semejante bodrio de blog. Sacó un cigarrillo y lo encendió, miró la hora en su relojito pulsera, Bello Niño había quedado solito en casa, con sus once recién cumplidos estaba haciendo las primeras experiencias de un rato sin mamá. Se escuchaba solamente el sonido de nuestros pasos, nada que ver con el barullo de Sevilla. Dio una larga pitada, con sus ojos cavilantes, forjando futuros cercanos. Súbitamente se acordó de mi, me ofreció cigarrillo y yo le devolví de lo mismo, de lo que me había hecho Ella hacía un rato, hice como que no la veía, no respondí, sentía dolor, que lo supiera, porque no se la jugaba, porque le importaba más lo que pudieran decir los demás que el amor que nos teníamos. Una novelera, ya sé, desde que empecé con esto del blog reality me puse cursi, reiterativa y novelera, ya casi que puedo escribir para Alfaguara, ¿no?

Registró. Insistió. Me preguntó si había podido terminar lo de la revista, que lo quería leer. No mentía. Ella lee lo que escribo, la mayoría de las veces no acuerda con mis posturas, si se pueden llamar así mis enreveses patriarcales, me discute a muerte esto y aquello, y a mi me encanta, no que me discuta, me encanta la pasión que le pone, una pasión que yo no tengo, porque no entiendo que sea importante que lo que creo sea como yo creo, no me importa si estoy o no en lo cierto, si es así bien, y si no también. Por eso termino dudando de lo que escribí, siempre me parece que podría ser de otra manera, no sé si es porque soy insegura y descomprometida pero las causas tomadas en serio me parecen una imbecilidad. Volví a responder con silencio y ahí me agarró de la mano. (Sigue)

Continuará...