domingo, 24 de junio de 2018

Capítulo 290 "Sin anestesia"

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Al fin va a cambiar el tono, había pensado. Al fin el relato va a tener algo de continuidad, estará bajo mi control, no habrá catástrofes ni imprevistos, que ya tanto no se lo creen ni las viejas más mira-sálvame del mundo. Me estaba yendo, era la despedida, había logrado desapegarme sin anestesia de todos y todas, había logrado cierta paz, cierto equilibrio, un poco de calma chicha, qué bien se siente la calma chicha después de tantas tempestades. Y eso se logra cuando a tu lado tenes a nadie o a alguien que te respeta y quiere lo bueno para vos. Lo que pasa es que cuando alguien te respeta y te quiere bien te enamorás, profundamente. Habían quedado cabos sueltos, unos cuantos, sí, me importaba un carajo. Argentina me reclamaba a los gritos. Así que después de mucho mucho trabajo y respiraciones profundas y de escucharle sus consejos pude apuntar la lancha hacia donde tenía que apuntarla. Pude convencerme de que la decisión era la mejor, que si no tenía el final en Octubre volvía a por él, y otras pelotudeces más que me dije y me convencieron. Pero me duró poco. Poquísimo:

No reaccioné en todo lo que quedó del partido, ni siquiera a los goles de Croacia, la reputísima madre que los remil parió. Esto no estaba en los planes de nadie. Ni esto ni lo que pasó ayer, porque siempre pasa algo acá, ¿me entendés? ¿Cómo puede ser? Tanta cosa toda junta y sin parar. Hace meses que no paro. Si en Buenos Aires nunca me pasa nada. NUNCA. NADA EMOCIONANTE. ¿Por qué acá sí? ¡Allá mis celibatos son seculares! ¡Siglos duran! No me miran ni las cerraduras de las puertas, pero acá… ¿Qué es lo que le pasa a la península conmigo? ¿Qué es lo que me pasa a mí con la península? ¿Qué hago bien acá que allá no? ¿Es que me pongo diferente? ¿Será que lejos de casa me animo a abrirme al mundo? Y en ese caso ¿por qué? ¿Por qué no me abro en casa? ¿Por qué allá no me dejo fluir? Es el agua congelada, el escalofrío que me dio recién, debo tener temperatura porque me pasé de sol y tomar así de golpe un vaso enorme y lleno... mirá las ampollas que se me están haciendo en los hombros, se me subió el frío a todas partes, estoy tiritando, dame la mano, mirá, tu mano dame, y decime si tengo fiebre. ¿Tengo? ¿Tengo o no?


¿Pero quién? ¿Quién se hubiera imaginado que nos íbamos a dar un beso? ¿Que me iba a hacer eso y yo iba a reaccionar así? ¡NADIE! Terminó el partido. Ya estaba decidido, de ahí nos íbamos a Barajas así yo tramitaba mi cambio de pasaje y si te he visto no me acuerdo. Hacían treinta y cinco grados afuera. Adentro nadie se movía del asiento. Nadie decía de irnos. Pidió otra cerveza y me pidió una a mi.

Continuará...

jueves, 21 de junio de 2018

Capítulo 289 "No hay dos sin tres"

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Acaba de besarme. Mirábamos el partido Argentina-Croacia. Me hizo la gamba, para que no lo viera sola. Pensamos que Argentina había hecho gol, apenas empezaba. Me paré. Se paró. Festejamos. Con los brazos al cielo raso. Nos abrazamos y saltamos en círculos. Me mordió el cuello, la algarabía, la cercanía nos llevó a eso, mordida tierna al principio, se convirtió en beso. Pasó en un segundo. Pareció una eternidad. Cuando me di cuenta de lo que le pasaba me contagié y le besé la boca. Afuera más de treinta grados. Adentro bajo cero. Perdimos tres a cero. La sensación de que todos nos miraban aunque no sé si alguien vio. No lo sé. ¿Y ahora? (Sigue)

Continuará...

miércoles, 20 de junio de 2018

Capítulo 288 "C’eravamo tanto amati"

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Llegué a Jerez por la mañana, estaba empezando a hacer calor, mediados de mayo, creo, ya con tanto flashback y saltos temporales no sé ni en qué situación vivo, así que ni me pregunte, vieja catastrófica, vaya mejor a mirar la tele que parece que Urdangarín y Puidgemont son pederastas, vaya, vaya, y déjeme de joder. A veinte kilómetros de llegar empecé a ponerme nerviosa, la valentía en el ojete quería meterme, como siempre. Pero a mis cuarenta y dos estoy aprendiendo a lidiar conmigo, y a ganarme, supongo que de eso se trata. Arranco en el momento del coraje inconsciente y cuando me agarra el amedrente ya es demasiado tarde, o casi. Todavía podía no ir a buscarla, esperar el siguiente micro y pegar la vuelta, ir a visitar a mi amigo de Jerez, quedarme en Cádiz, tirarme abajo del tren, pero me conozco, sé que ya estando ahí voy a seguir palante porque todas esas otras posibilidades no me motivan. Begonia me estaba esperando en Sevilla para irnos a Álava, pero yo no podía irme sin antes hablar con la Gitana.

Bajé del micro y me fui derecho a alquilar una bicicleta, era martes, once de la mañana, la Gitana, si los planes no fallaban, estaba en su clase de yoga, a unos cuántos kilómetros de la terminal de Renfe. Me parecía mejor verla ahí, sin hijo ni mare mediante, y si quería pegarme que me pegara, me lo merecía con creces, además no quería volver a su casa, a dónde habíamos sido tan felices, a dónde nos habíamos amado tanto. Bueno, felices lo que se dice felices súper súper felices no, porque Él siempre en el medio, pero sí que fueron los días más intensos, no digo de mi vida porque no quiero darle tanta importancia a Ella, pero de esta aventura y hasta ese momento seguro.

Habitación Ubrique, ¡una para los dos!
No sabía nada de Ella hacía más de un mes, de Él un poco menos, nos vimos, a solas, en su colina, aclaramos dos cosas, y creo que oscureció, pero no viene al caso ahora. Terminé caminando como cinco kilómetros hasta que encontré una bicicletería, otra vez al rayo del sol sin sombrerito, las de Sevilla me las conozco todas pero en Jeré los pocos días que había estado la pasamos casi todo el tiempo invernando en su estudio, Ella encima mío, pintándome como una loca, una loca bellísima y enajenada… Y si salíamos era con su Citröen. ¿Quién habló de una vieja? ¿Yo? ¿Yo hablé de una vieja cuándo, gordo? ¿Qué vieja? Yo no veo ninguna vieja y vos sabés lo que te va a pasar si seguís comiendo de esa manera, ¿no? Te vas a morir del hígado, escuchame, tenés marcada la arruga de la frente, eso es insuficiencia hepática, tenés que dejar de darle al chupi y comer limón, mucho limón. Y dejá de hacerte malasangre, querido. Sabés que siento un escalofrío de golpe, como que me estoy congelando, no sé si es por recordarla a Ella, o porque Él acaba de clavarme la mirada, creo, tiene lentes pero creo que me acaba de clavar la mirada, abrazame, gordo, me la paso fracasando y sufriendo sabés así que quereme mucho, este ratito aunque sea, por favor... (Sigue)

Continuará...

lunes, 18 de junio de 2018

Capítulo 287 "La gran cagada gran"

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Había cometido el peor de los crímenes, por eso me llegué hasta Jerez, para pedirle perdón, me costó un Perú decidirme porque ¿qué le iba a decir? ¡Me había mandado la gran cagada gran! No sólo casi me como a su señor marido sino que la enteré por mensaje con lujo de detalles… ¡Por error, nena, le chingué al chat, que tan pelotuda no soy! O si… ¡Ella en Jeré con su mare enferma y yo acá de joda con Él y la Morocha Osada! Pero viste que nada es gratis, así funciona la culpa, uno mismo se la termina haciendo pagar, si lo que hace lo hace con culpa, fallidos, que le dicen, o autocastigarse, que le dicen también. ¿Hay papel higiénico, che? ¿Está limpio o es una inmundicia? Anna, ¿estás ahí? Se me está ampollando la cara, creo que de hoy no paso. Ella escuchó el whatsapp fallido varios días después de que al fin le entró, no sé por que tardó tanto. Yo me había ido por segunda vez de la colina sin decirles nada, desaparecí, qué iba a hacer, hacía días que no me dirigía la palabra, Gitana loca, todavía no sé qué bicho fue el que le picó, no soporté más y me fui. Ninguno nunca me llamó para ver qué me había pasado. Gente rara, ¿no?

Bello niño, ya es como mi hijo adoptivo, lo amo.
Primero pensé que no la veía nunca más porque ni chiflada me iba a animar a llamarla después de eso, y mucho menos a verla. ¿Con qué cara la iba a mirar? Si te hago escuchar el mensaje que le mandé por error… calamitoso. Pero después, con el transcurrir de los días, sentí que tenía que enfrentar, necesitaba explicarle, no sé cómo le iba a hacer entender que no me pasaba nada con Él cuando en realidad eso no lo tengo claro pero… es que necesitaba justificarme, pedirle perdón, Ella era hermosa y buena, cuando no tenía sus ataques neurasténicos, claro, además pensar que no la iba a ver nunca más no lo podía soportar, no podía irme y dejar que Ella se quedara con el odio atravesado, que cada vez que me recordara le diera una patada a la silla o se lamentara de haberme conocido. NO. Con todo lo que nos había pasado, con todo lo que nos queríamos, creo que Begonia tiene razón, Ella me quiere, debe tener un matete importante en la cabeza, y ahora que no la atiendo peor, pero que le pasan cosas conmigo seguro. Creo. Quiero creer. ¡Al fin, querida! Podrían poner otro baño en este bar de mierda, ¿O no? ¿Me esperas afuera? Dale, así te sigo contando todo, no seas mala persona, subite el escote que se te ve toda la pechuga. (Sigue)

Continuará...

domingo, 17 de junio de 2018

Capítulo 286 "Los postigos de mi tristeza"

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El guapísimo preparando motores
Tan absurdo como lo que le pasa a Rocío, venir a metejonearse de esa manera con alguien que ni conoce, ahí está, vos, que te haces la que no la entendés, y mirá, sentir que estando con este loco señor nadie va a poder lastimarte, Marina, un señor al que le conocés apenas los postigos de su tristeza vistos de afuera. ¿Cuántas veces lo viste? ¿Qué compartiste? Y lo poco que le conocés te dice que mucha estabilidad y seguridad con Él no es lo más probable… ¡Bueno, pero hay gente que se siente segura estando en la cárcel! ¿El preso está preso porque un juez lo dictamina? ¡No! El preso tiene miedo a la libertad… Sin embargo es cierto, no me voy a defender con argumentos ocurrentes y desubicados, porque la siento, che, la seguridad, el amparo, me siento segura estando con Él, como si fuera un padre que me va a cuidar… qué parajoda.

Y pasando revista me acordé de otra parajoda, de ella, la chica del correo, me gustaron en mi vida tres mujeres, está fue una, con ella me pasó esto tan raro de sentirme amparada por alguien a quien prácticamente ni conocía. Su pelo negro me desencajaba, lacio y recogido por detrás, todo brilloso. A veces se lo dejaba suelto y alguna vez pensé que se lo dejaba así para mi, una tontería, pero lo pensé. Tenía una mirada intensa y a la vez maternal. De su cuello colgaba una cadenita con una niña dorada, tenía una hijita. Verla dependía de que me salieran paquetes para despachar, cuando empezó a gustarme los paquetes eran la bendición, antes de eso ir al correo era una tortura, ergo, el amor hace de la vida algo tolerable, algo hermoso. Fue como un año de miradas y saludos tímidos, desconcertados, intensos, frustrados… Algunas veces la miraba y me daba la sensación de que me pestañeaba, eso me hacía pensar que le costaba mirarme, que yo le gustaba, pero otras me atendía rápido y me iba con una desazón terrible.

Y un día fui y no estaba. Hacía como una semana que no iba así que estaba de lo más ansiosa. Las otras tres sí estaban pero ella no. Me quise morir. Me fui del lugar con las lágrimas colgando bajo mi casco, pensando las tragedias más terribles, que se había mudado lejos, que la habían cambiado de sucursal, que la habían echado, y yo nunca le había dicho nada y ahora ya era tarde. Busqué en internet y nada de nada sobre ella. Entonces supe que me importaba, que no era un bobada de jugar al mironeo, no, porque llegué a mi casa y me invadió el desamparo, la vida que ya no tenía sentido. Ojo, yo era consciente de lo absurdo, porque nunca habíamos cruzado más que un hola, ella detrás del cristal miraba su computadora y yo la miraba a ella, eso era todo, y sin embargo, de alguna manera, me sostenía. La historia sigue y es larga, como el arte, pero lo más importante es que cuando volvió, porque había estado enferma, le di una carta en la que le confesaba todo. Se quedó absorta, le cambiaron los ojitos, gracias, llegó a decirme antes de que yo huyera por la puerta, había cometido el peor de los crímenes: decirle que era muy linda. (Sigue)

Continuará...

sábado, 16 de junio de 2018

Capítulo 285 "Nunca más"

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¡Mirándome a los ojos me lo dijo! Sin pestañear. Quizá ahora que lo estoy recordando me da la sensación de que se le escapó algún gesto que manifestara que me mentía, porque me tendría que haber dado cuenta, ¿o no? La cabeza un poquito inclinada hacia abajo, como hacia al piso, signo de verdad a medias, no te lo puedo afirmar, pero ¿mentendés? ¿Cómo puede ser que sea yo tan estúpida? ¿Que todavía crea que si alguien te dice algo de esa manera, con la mano en el cuore, sin pestañear, no te puede estar mintiendo? Ojo, no cualquier alguien, alguien con quien te miraste y pasó de todo, porque pasaba de todo cuando nos mirábamos, se nos iba a la mierda, al carajo el sentido común, y lo demás también. Yo volví a Jerez para pedirle perdón, porque me había mandado la cagada del mensaje de texto, quería explicarle, escuchame gordo, ya sé que no te importa pero necesito que me escuchen, ¿estamos? Te escuché riendo durante hora y media hace un rato. ¡Hora y media sin parar te reiste! Y hacer el bien te hace bien a vos así que shhh… Yo quería explicarle, con la mano en el cuore, que no había pasado nada con Él, que el trío no había sido trío al final, que me perdonara, que la quería a Ella, SE LO IBA A DECIR, yo la quiero a mi Gitana, te lo juro que la quiero, no es mentira, mirándola a lo ojo se lo iba a decir... bueno, si me salía, pero se lo iba a decir como pudiera, iba decidida, había comprado un bocadito de chocolate para darle y no va… no va que me encuentro con eso, me quería morir ahí mismo, mirá. No, no me opines nada, no me importa tu opinión, pasame la soda.

Aquellos días felices en Jeré con mi bellísima...
La turra de Anna se sentó al lado de Fernando y no me dio más pelota, los hombros se me están empezando a ampollar, flulero fulero, Risita me escucha, no sé si él también tomó pildorita dragoniana o tiene este semblante siempre, entre catatónico y boludo. Igual no es mal tipo, eh. El Loco charla con el dueño en la barra, su pantalón empapado gracias a mi, no hizo ningún escombro, igual no hace nada de frío. Me pregunta qué quiero, si tortita o ya comida de almuerzo. No sé, me da lo mismo. Tortita me hace acordar al viaje anterior, a cuando me confesó que todavía, muy cada tanto, se enamoraba, el andalú. Tengo sed. Se acerca con una botella de agua y se sienta enfrente mío, me sirve, todo caballero, lo amo, nos cuenta que el dueño es muy amigo de Él, Risita se sirve de MI agua, lo odio. Entran dos o tres personas, miran hacia nuestra mesa, y claro, semejante mesa no se debe ver todos los días por Huelva, supongo yo. Las tres personas se acercan y les piden fotos, yo tomo soda, tengo tanta sed que no me alcanza la boca para beber, Él posa con una señora y esto es absurdo pero lo siento de nuevo, lo que ya sentí en la colina cuando me ayudó con lo del abogao, este tipo me da seguridad, lo miro abrazándose para la foto ahora con dos jóvenes mujeres, y siento que nadie va a poder lastimarme nunca más. (Sigue)

Continuará...

jueves, 14 de junio de 2018

Capítulo 284 "Al pie de cañón"

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En Jerez antes de ver lo que vi
Begonia dice que sí me quiere la Gitana, que las cosas no son tan simples, que la gente tiene problemas, que le cuesta ser frontal, que en general cuando te quiere te lastima, o te ignora, o te trata mal, te hace sentir que no le importas, no se sabe por qué, quizá porque se pone nerviosa de tener al ser amado tan cerca. También pasa que cuando uno llega a la vida del otro el otro ya tiene una vida, suena estúpido pero acostumbrados a creernos el centro del mundo nos olvidamos del otro, de que ya tenía una rutina, un novio, un marido, hijos, y todos miraban juntos a la misma hora todos los días el programa de entretenimientos… Ella era la asistente/novia de él y ahí terminaba todo, tenía su piso, su exclusividad, cada tanto algún celito porque este es un pichabrava pero incluso a eso ya estaría acostumbrada, ya sabría como transitarlo. Y de pronto llegás vos a poner todo patas para arriba. ¿Tú quieres que tenga claro lo que quiere? ¿Que no esté liada la pobre tía?

Paella en Ubrique
Caminé un rato largo por las callecitas de Álava, era el fin, iba a hacer lo del pasaje, iba a ir a la casa y a pedirle a Rocío que me lleve a Madrid, así no podía arrepentirme, si volvía a Sevilla no me iba más, tenía que volverme, y YA sacar el chip de mi teléfono, la decisión tomada pendía de un hilo tan pero tan frágil que la más imperceptible de las brisas me podía hacer cambiar de opinión. NO. Y a sabiendas de que Ella, porque lo quiere a Él, que no sabemos a quien quiere, había intentado contactarme estos últimos días, dos veces, con tono de que no está enojada pero necesita verme, que quiere que hablemos de “eso”, anda, que qué te ocurre ahora, guapa, que no me coge el móvi… Y claro, Ella no sabe que yo vi lo que vi en Jerez, cosa que preferiría no haber visto nunca, y supongo que “eso” es el mensaje que le mandé por error. Sea como fuere tenía que desaparecer mi chip de Orange porque el peligro de cambiar de opinión de nuevo estaba ahí, a pie de cañón. (Sigue)

Continuará...