jueves, 15 de noviembre de 2018

Capítulo 383 "Que salgas"

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Ella y Él siguen juntos.
Me dejé abrazar por ella hasta que me soltó. Se había puesto sus lentes. Porque yo tenía miedo de que los aplastáramos con las rodillas, los había dejado sobre las mantas, y tanto jodí con eso que al final me obedeció y se los puso. Te quiero ayudar, Marina, yo te voy a ayudar, me prometía. Y mientras nos abrazábamos buscaba esa simpatía que había sentido por ella, esa casi atracción, esa empatía, ¿a dónde se había ido en el momento menos indicado? ¿Por qué se había ido? La mina me encandilaba, mucho me encandilaba, cuando nos hablábamos por teléfono, cuando por el whatsapp nos decíamos buen día, buenas tardes, o ¿estás durmiendo?, ¿en qué andas? Desde el día de la conferencia no había pasado uno solo sin que conversáramos un buen rato, había dejado de pensar en la Gitana, el en Hinchapelotas Andalú, en Gala y sus desaconsejables consejos… Incluso me olvidaba de lo de mi madre conversando con ella, de aquél lejano mundo lleno de calamidades. El sonido del teléfono se convirtió en una buena noticia, en sensación agradable, desde hacía año y medio que no sentía eso, el teléfono era sólo augurio de malas nuevas sobre mi madre, sonaba el aparato y yo pegaba un salto de espanto: ¿y ahora qué carajo le pasó? Pero apareció esta piba y la pulsión de muerte se convirtió en otra cosa, en algo atractivo, dionisíaco.

En auto de alquiler por Ronda.
Me ofreció tirarme el humo en la boca otra vez, en realidad lo hizo, y yo la abrí. ¡Ábrela!, rogaba, y yo respondía que la tenia abierta pero ella insistía con que no. Entonces la abrí todo lo que pude, y aspiré. Retuve el humo, que me llegó hasta la coronilla. Antes de que me dé el ataque de tos ella agrarró su móvil, contentísima, se puso a mi lado y nos sacó una foto. Acto seguido me la mandó por whatsapp. Estaba hermosa, con sus lentes puestos, sonriendo como una niña feliz. Hacía cinco minutos me gritaba como loca y ahora… Largué el humo y empecé a toser como una descosida, no sé qué significa toser como descosida, pero me pasó eso. La negación a ser feliz, pensaba mientras trataba de reponerme, por eso me pasa esto, la negación a dejarme ser, y es hereditario, mi padre nunca pudo emborracharse, lo intentó miles de veces, tomaba, también como un descosido, pero nunca pudo perder la conciencia, dejarse ir. Pero a mi no me iba a ganar este miedo, le quité el cigarrito de la mano, que ya lo estaba dejando de nuevo cortito, y le di otra profunda calada, esta vez lo hice bien lento, sintiendo como el humo entraba por la laringe, luego por la traquea, cerré los ojos. Ella me puso la mano en el pecho, la palma abierta. Yo te deseo que salgas, que logres que te sucedan historias; que las trabajes, que las riegues con tu sangre, con tus lágrimas y con tu risa hasta que florezcan…

Continuará...




martes, 13 de noviembre de 2018

Capítulo 382 "Un largo minuto"

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Y volvió a mirarme desde las mantas, desde su reposo neurótico drogado, desde su paranoia bipolar, a lo Cristina Fernández de Kirchner, qué te ocurre, que me estás dando miedo, Marina, ¡me quiero ir de aquí! Entonces el celular le volvía a avisar que había entrado un nuevo mensaje, y sonreía, y miraba, el celular nuevo miraba, no el roto, y respondía a una velocidad psicótica. ¿Se estaba divirtiendo conmigo? ¿Estaba jugando con su novia lesbiana? ¿Con su prima lunática? ¡No la podré drogar ni robar, maja! ¡Esta tía es más dura de lo que pensaba! Porque cada cosa que pasaba, cada reacción que yo tenía, ella escribía, como si le estuviera relatando a alguien lo que pasaba puertas adentro. La miraba parada a un metro de ella, con la campera en la mano, angustiada, paralizada, tratando de no reaccionar, no pudiendo creer en lo que se había convertido este encuentro que iba a ser ameno y feliz, por lo que compatibilizábamos, aparentemente.

Jiu Jitsu Málaga.
Empecé a tener ganas de agarrarla de los pelos y sacarla a patadas, a trompadas, y si se resistía iba a tomarla por el cuello, era flaquita, no más alta que yo, la iba a agarrar del cogote y a sacarla del departamento a la rastra, me sentía furiosa, FURIOSA. Ella había practicado Jiu-Jitsu, sí, quizá un poco de trabajo me daba, es cierto, al hermano esquizofrénico cuando le agarró el brote aquel lo había reducido ella, me lo contó la primera noche, tuvo un brote y se lastimó todo, gritaba y nadie podía controlarlo, rompía lo que tenía adelante, vidrios, muebles, todo, entonces ella le hizo una llave de Jiu-Jitsu, lo tomó no sé cómo del cuello, le inmovilizó los dos brazos y logró que no se matara, ese día, su hermano se suicidó tiempo después, y eso no era mentira mitómana, su mamá en facebook tiene la foto del chico, era más grande que ella, también poeta, como su padre. Había tomado no sé qué jarabe para la tos en combinación con alcohol, y había sido letal. Eso me dijo.

Dejó de chatear y se puso a armar otro cigarrillo de marihuana, ante mi asombro, mi ira, mi desconcierto, mi mareo incipiente, con el frasco que había traído tenía para toda la noche, para todo el mes. Me dijo que eran para mi, que ya se iba, para que me queden a mi. Me dio pena la chica, en ese momento, sentí una lástima enorme por ella. ¿O era por mi? La miré armar el cigarrillo, toda abocada, el móvil no le volvió a sonar. Dejé la campera y me senté a su lado otra vez, no me registró enseguida, hasta que terminó el tercer porro, cuidadosamente cerró el extremo, entonces me miró con dulzura y me lo dio, como un obsequio, pero yo no lo agarré. Y ahí me abrazó, me estrechó fuerte entre sus brazos fibrosos, un largo minuto, o más. (Sigue)

Continuará...



lunes, 12 de noviembre de 2018

Capítulo 381 "Oportunidades"

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Mi paranoia se quedó dura. No le dije nada pero se ve que sintió la necesidad de explicarme, porque iban y venían, ella y su locura, su locura y ella, que aseguraban que la loca era yo, la cerrada, la miedosa, era como si fueran dos en una, de pronto se reía y tecleaba, como si nada pasara, y de pronto se paranoiqueaba y casi que me gritaba, me dijo que qué la miraba así, que ella no era una delincuente, por suerte no dijo delincuenta, creo que no lo hubiera soportado, me explicó que un móvil lo usaba cuando salía del país y el otro acá. Ah, me dije. Me la quedé mirando. En ese momento me cerró, algo adentro mío insistió con que estaba imaginando todo, yo, la loca, la exagerada, que no era la chica una traficante de órganos, o una asesina, o una psicópata, que todo era producto de mis fobias, que tenía razón ella, yo me cerraba, no me permitía vivir, no dejaba que me tocara la varita mágica de la María para así juntas disfrutar del bello psicodélico momento, me imaginé a mi psicóloga retándome porque no me había animado a fluir, porque me había cerrado, me sentí limitada y miserable… No soy una delincuente, volvió a decirme, y logré calmarme un poco, parecía que amainaba algo esa rareza que nos había sorprendido, sobrevenido.

Hoy
Tengo que levantarme temprano, le expliqué de nuevo, le conté lo de mi madre, todavía sentada en la silla, con la voz lo más tranquila que me salía, la mirada apuntando a sus ojos brillosos pero todavía chispeantes, le expliqué eso en un intento de que comprendiera, que no podía estirarlo más, necesitaba que se fuera lo antes posible, eso no se lo dije, pero me seguía sintiendo muy incómoda, la piba era una bomba de tiempo, le ofrecí acompañarla hasta donde necesitara, me di cuenta de que estaba transpirando. Y ahí la cara le volvió a cambiar. ¿Ya quieres que me vaya?, lamentó, no puede ser que seas así, Marina, y encendiendo el cigarro de nuevo, completamente relajada, empezó a relatarme una historia “de las suyas”, que había estado en el Gran Cañón del Colorado con un tipo que se cruzó no sé dónde y habían terminado cen Texas, recorrieron USA en una Harley Davidson, porque a ella le gusta vivir, necesita vivir, y no podía estar con alguien como yo porque ella sí se animaba al mundo, a la aventura, a dejarse llevar y no truncaba al Universo que constantemente te pone OPORTUNIDADES delante para sacarles el jugo. Yo era truncadora. Me cansé de oírla. Acto seguido recordé que después de la conferencia de Escohotado había visto por Facebook que coincidíamos en un grupo facebookeano de filosofía. ¡Qué coincidencia!, me había dicho cuando se lo comenté. Me  agarró la paranoia de nuevo, cuánto hacía que la mina esta sabía de mi. ¿Y si había caído a la conferencia no para ver al Gurú? Snetí el miedo en el cuerpo. Me paré y fui derecho hasta la puerta del apartamento, en un segundo la abrí de par en par y le alcancé la campera. Ella estaba chateando de nuevo, a cuatro manos. (Sigue)

Continuará...



domingo, 11 de noviembre de 2018

Capítulo 380 "Paranoia"

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Se levantó a arreglar el sonido que salía de la Notebook, el problema estaba en el cabezal sucio, se levantó claramente excedida de coraje de vivir pero en el estado en el que estaba lo que menos podía era conectarse con lo que estábamos viviendo. ¿Qué pasó, Marina?, volvió a preguntarme, sin mirar, sin dejar de teclear el puto aparatito, su teléfono, tecleaba, se reía, y me volvía a preguntar. ¿Qué te pasó? Empecé a sentirme mal, peor que incómoda, como un malestar paranoico me agarró, entré en argentino mode, el miedo a que fuera una ladrona que quería drogarme para robar; el miedo a que tuviera un cuchillo en su cartera; el miedo a que enloqueciera y me atacara; el miedo a que no quisiera irse, a no poder sacarla del departamento; el miedo a todo eso que es moneda corriente en las noticias de Argentina. ¿Y si era parte de una banda de trata de personas? Ahora tenía mi número, mi nombre, porque le había contado del blog y le pasé incluso el capítulo primero… Ella lo sabía todo de mí. TODO.

Guardé la guitarra en su funda, como para alejarme de ella sin levantar la perdiz, me senté en la silla, al lado de la mesa, en silencio, oyendo la música sin oírla, pensando en cómo invitarla a irse sin que armara escándalo, me lo veía venir. ¿En qué lío me había metido yo? ¡Este era un lío real! ¡De vida o muerte en serio! ¡Del que realmente no sabía cómo carajo escaparme! Dejó el teléfono a un lado y me miró, seria otra vez, con el mechón de pelo negro que le tapaba un poco los ojos. Me había jurado que no era teñido cuando le pregunté, pero no le creí. A mi me están saliendo canas y tengo cuarenta y tres, ella con cuarenta y ocho mirá si no iba a tener, ese fue el primer indicio de que era mitómana. El mitómano falsea la realidad para que sea más soportable e incluso puede tener una idea distorsionada de sí mismo, generalmente con delirio de grandeza.


No tengas miedo, me decía, no puede ser que seas así, trabaja tus fobias conmigo, Marina, insistía, ¡animate! ¡No puede ser que porque alguien atraviesa el metro cuadrado que te rodea te pongas así!! Y luego tecleaba y reía. Y luego dejaba a un lado el teléfono de nuevo y me miraba otra vez. Yo tragaba saliva y respondía, lo más tranquila que podía, que no me pasaba nada, que me tenía que levantar temprano, que eso era todo, y que ya se lo había dicho. ¡Hablame! ¿Piensas que me quiero instalar acá? ¿Que no tengo sitio a dónde ir? ¿Eso piensas? ¡Qué te ocurre! ¿Por qué no me hablas? Y ahí sonó el otro móvil, uno más chiquito con el vidrio todo roto, hecho percha estaba ese teléfono, y como estaba drogada lo sacó de la cartera adelante mío. ¿Para qué tenía dos teléfonos la piba? (Sigue)

Continuará...



sábado, 10 de noviembre de 2018

Capítulo 379 "Una novata"

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Pensé que me iba a besar pero no lo hizo, por suerte, toda la atracción que sentía por ella se esfumaba, al momento en que se levantó empecé a sentirme incómoda. Estaba extrañadísima porque hasta hacía nada me encandilaba la chica, estaba más que a gusto, me parecía muy cariñosa, humilde, aventurera, pero cuando se levantó tambaleándose y se sacó la campera la vi lesbiana, muy lesbiana, y algo se me apagó. Me tiraba el humo en la boca y luego me miraba fracasar, morir en el intento, o sobrevivir intentando, una y otra vez. Debes aspirarlo todo, insistía, pacientemente, bien hondo, mira, hasta el fondo, y retener luego lo más que puedas, entonces volvía a pitar y me exhalaba a un centímetro de la boca, lentamente, era como una personal trainer de drogarse. Y yo una novata. No me salía, cuando intentaba aspirar resulta que ya había aspirado, quizá por ansiedad, quizá por vulnerabilidad, quizá por eso que ella decía, el miedo a vivir, el miedo a morir, y no me entraba nada de humo, entonces lo largaba pero salía menos que nada. Y ahí el cigarrillo se me apagaba, trataba de encenderlo y hacía una cagada peor porque lo quemaba mucho y era un desastre y ella desesperaba porque la droga es cara. En un momento casi se me enciende el pelo, me lo apagó con su mano; y en otro me quemé la nariz porque el cigarro iba quedando cada vez más cortito, porque ella sí aspiraba y exhalaba lindo y profundo, en fin… un espanto de drogadicta soy, no le cuenten a Escohotado.

Y a mi madre hay que hacerle un raspado, eso decía el mensaje, al final lo miré sin tomar nada, coraje de vivir, de enfrentarse a lo que toca, no decía vuelve ya mismo, no, decía el viernes voy a tratar de conseguir cama en el hospital Fernández, harán una biopsia para ver si el pólipo es bueno o malo. Entonces, haciendo caso a las recomendaciones de la Esohotadiana, llamé a Patricia por whatsapp, y me atendió. Y me confirmó, una vez más, que uno no se cruza con las personas por casualidad, te encontrás solamente con aquellas que tienen para decirte lo que necesitas que te sea dicho. (Sigue)

Continuará...



viernes, 9 de noviembre de 2018

Capítulo 378 "Prever o no prever"

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Igual está bien, cada tanto, no prever, andar previendo todo el tiempo es un embole bárbaro. Creo que eso quería decirme ella con lo de “animate a vivir”, que deje de querer preverlo todo, que le permita a alguien atravesar mi muralla, mi eterna muralla defensiva... Así que como quien sí quiere la cosa me estaba haciendo fumar, yo no sé fumar, aspiro pero no aspiro, no sé a dónde se va el humo cuando lo hago porque lo largo y nunca sale nada, soy la boluda que tose en las reuniones fumonas. Ella se reía, me miraba intentar, me sacó la guitarra de las manos y la dejó a un costado, confesó que le gustaban mi nariz y mi voz porque tenían personalidad; se levantó de golpe para mejorar el sonido que salía de la computadora, cantaba ahora Pedro Aznar y saturaba el parlantito, ella sabía de eso porque trabajaba atrás de los escenarios, armando y desarmando, conectando y desconectando, entre otras cosas, hacía eso que tiene un nombre pero no me lo acuerdo. ¿Que me anime a vivir? ¿Esto que estoy haciendo no es animarme?

Iba a preguntarle, algo molesta, qué carajo era para ella animarse a vivir pero se levantó salticando, tambaleándose un poco, los ojos chinos de droga, se sacó la campera de cuero y entonces pude verle los brazos por primera vez, delgados y fibrosos, es bien flaca y tiene los músculos marcados, porque es instructora de remo en una escuela del Guadalquivir, digamos que hace de todo un poco, eso me había gustado mucho de ella, que va de acá para allá, hizo el transiberiano comiendo arroz, entonces no tenía un peso partido al medio, no sé cuántos días arriba del tren estuvo la loca, anduvo también por Latinoamérica limpiando barcos de gente con plata, ahí amasó una pequeña fortuna que le duró bastante poco, por esto del exceso y la compulsión que de pronto le agarra, si no se permite el alcohol se excede con el gasto y si no con la marijuana y si no…

A mi también me gustaba su voz, siempre como pidiendo permiso, excesivamente respetuosa, tenía un acento mezclado, como de varios lugares, a veces le salía el andaluz, a veces algo parecido al uruguayo… tan tranquila, tan mansa que parecía. Se levantó y ahí la vi con otros ojos, de pronto me pregunté qué hacía yo con esa chica en mi apartamento, una chica que era claramente lesbiana, torta, en la jerga despectiva, y si era torta y había venido a mi apartamento... porque yo la había invitado… porque nos caíamos tan bien… Me pidió que abriera la boca y me tiró el humo adentro de la mía, dos o tres veces más. Pensé que me iba a besar, pero (Sigue)

Continuará...





martes, 6 de noviembre de 2018

Capítulo 377 "Cubana"

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Yo estaba desmoralizada, con las defensas bajas, por lo de mi mamá, hoy iban al médico, ya fueron, pero no me animo a mirar el mensaje de Patricia, ahí está el mensaje, fijate, ya voy a mirar, necesito tomar un poco y miro, antes no. Y también estaba jodida por lo de la Gitana, no voy a mentir, lo de Antonio Gala es muy lindo de decir pero casi imposible de llevar a la práctica. Otra vez me había dejado por el Tarado de la Colina, ya me tiene podrida el Tipo, el Andaluz, creo que le voy a cambiar el nombre al blog, quizá de esa manera se va de mi vida, desaparece, se esfuma, como la plata que el FMI le presta a la Argentina, lo que me da miedo es que desaparezca también Ella si le cambio el nombre, a veces peco se boluda supersticiosa... pero necesito no saber de Él nunca más en la vida, eso siento ahora, mañana posiblemente cambie, seguro, aunque seguro fue preso así que no sé.

Esto trajo...
Pero quizá por eso no pude prever, no me di cuenta de lo que portaba la tipa, la neurosis, la falta de límite; en un momento me confesó que había sido alcohólica, cuando nos fuimos al bar después de la conferencia de Escota, yo tomé cerveza pero ella no, alcohólica mal había sido, pero que ahora no tomaba ni media gota, me lo contó orgullosa, segura de haber dejado atrás lo que claramente la sigue perturbando. Y ahí está, cuando los ojos no quieren ver algo, mis ojos, aunque te lo pongan adelante, no lo ves. Mi último amor argentino era abstemio, el que me dejó por facebook un día antes de venirme, lo nuestro no va a funcionar, me dijo el imbécil, por facebook, ni valor para decirme en la jeta tuvo, había sido alcohólico de esos que terminan en el piso y le arruinan la vida a todo su entorno, así que debiera haberme alertado esa confesión de ella, por algo me lo estaba diciendo. Pero no, no me alarmé. Y yo sé que esas cosas no pueden controlarse, no tomar más no soluciona el problema, por algo te excedés, si no te permitís el alcohol te vas a zarpar con otra cosa, a menos que encuentres a qué le tenés miedo. En fin… la cuestión es que no quise ver y la invité. ¿Por qué no te permitís vivir?, me dijo, ella a mi, tras fumarse el tercer cigarrillo de marihuana, las dos sobre las mantas de Shiatsu, después me pidió que abriera la boca y me tiró todo el humo adentro de la mía, eso se llama una cubana, aprendí... (Sigue)

Continuará...