sábado, 18 de noviembre de 2017

Capitulo 133 "Tacones cercanos"

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Baja del auto y abre la puerta del garaje, todavía el mismo graffiti pintado: “OBDC”. Lo mete adentro, detrás de una camionetita blanca clava el freno de mano. Bajo y cierro despacio, como no queriendo levantar la perdiz pero el auto es viejo y la bisagra chilla que da calambre. Agarra del piso una caja de cartón que hace ruido de botellas. Intenta agarrar algo del auto pero no puede con todo, vuelve a ponerse nerviosa, me pide que la ayude. Agarro un pequeño bolso y la carpeta negra. Cierra el portón. Damos vuelta a la esquina, no hay un alma en la calle, lo único que se oye es el ruido de sus tacos, tacones cercanos.

Y cuanto más lejos vamos más única, más personal se vuelve la vida, le leí una vez creo que a Rilke. La obra de arte es la expresión necesaria de esa realidad singular, decía el tipo, y para eso tenemos que entregamos a lo que venga pero no pronunciar palabra sobre el procedimiento creativo porque nadie entendería la chifladura que nos es propia. Así que hoy dejo de intentar que comprendan por qué le tengo tanto apego a este blog aquellos escritores que se quedan en la orilla, en la superficie, que opinan sobre la libertad desde la segura cárcel de su living con vistas a la sierra madrileña, que se sienten héroes mandando a sus personajes a la Europa turbulenta de los años treinta y creen que eso es mezclar realidad con ficción; y vuelvo al grano:


Frente a la puerta del templo me agarran unos nervios bárbaros, como debe ser. Supongo que adentro nos espera el señor de las preguntas y tendrá alguna cuestión que hablar conmigo, que espero no sea de calumnias, injurias y todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Ella busca la llave en su cartera, no la encuentra, se ofusca de nuevo, me encaja la caja, espío lo que tiene adentro: aceite de oliva. Te pido disculpas… le digo en este inoportuno momento, miro la cerradura que insiste en caldearle la paciencia, no sabía que podía perjudicarte, perjudicarlos... Ella deja de mover la llave. Ya, responde secamente, pero te he pedido que deje de escribí y tú ha seguido adelante, mira... La cerradura cede, la puerta se abre, entra ella al laberinto borgiano.

Continuará...

jueves, 16 de noviembre de 2017

Capitulo 132 "Carajo"

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Y a veces lloro cuando descanso en mi cama, sólo para sacar todo lo que está en mi cabeza, y me siento algo rara, canta Linda Perry en la radio... ¡Qué tema del carajo! Ella mueve la cabeza acompañando el ritmo, casi imperceptiblemente. Tiene la vista fija en el camino, las manos firmes en el volante, su pelo todavía recogido, le caen algunos mechones rubios por detrás de la oreja. El episodio de mi madre quedó atrás, por ahora, es lo que tienen las buenas compañías, hacen de la vida algo menos espantoso (y las malas ni le cuento). Doy otra pitada a lo que queda del cigarrillo y se lo paso, cigarrillo non santo. Ella agradece con un gesto de "cuando conduzco no, gracias". Abro la ventanilla y lo tiro, abanico el aire para que se vaya el humo.

Y ya sé que el relato se me está yendo al carajo que es a dónde debería irme yo pero es que ahora quiero saber, justamente, cómo carajo termina esta historieta. Y no es sino animándome a vivir y escribiéndolo luego que me voy enterando… Un suplicio, sí, pero hasta que no se deje ver el final no me voy a volver a casa. O hasta que aprenda a escribir; o a fumar marihuana, una de tres.


Yo tengo un amigo que se llama Cirilo, me dice de la nada. Las dos estamos algo bamboleantes por el efecto de la hierba mala. Ey, ey, ey, ey, ey, ¿qué está pasando?, canta jondamente la canción en la radio… Creo que andamos ya cerca del barrio Santa Cruz, deben ser las diez de la noche en Sevilla, el cielo se ha despejado. ¿Cirilo?, así se llama mi perro, respondo encuriosada. ¡Tu perro no verde jaja! (Hago una pausa perpleja) Mi perro… no verde, sí… Y es que claro, esta mujer se ha ido leyendo en el blog así que posiblemente sabe más ella de mi que yo misma; JA, pienso, la cazadora cazada, la escribidora escribida, la angustiadora angustiada. Detiene el auto frente a la colina, mi zona cero. Carajo. (Sigue)

Continuará...

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Capítulo 131 "Imbécil obsesión"

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Uno debería nacer con un botón que diga “no os molestéis, conozco la salida”, y cuando la cosa se pone peliaguda poder apretarlo y desaparecer para siempre, para toda la vida y que nadie sufra, que todo siga parecido porque uno no es importante y así son las cosas... vienen y van. Acaba de llegarme un whatsapp de mi madre, la señora que la cuida grabó su voz y me la mandó, no recordaba que estoy de viaje, ella está cada vez más desorientada y va a llegar el día que no me reconozca. Ya no puede hacer casi nada, le duele todo, camina cada vez menos… ¿La ciencia estira la vida por algo en particular o es solamente una imbécil obsesión?

Tengo todavía el teléfono de ella en la mano, Jesús la sigue llamando y yo estoy entre contestarle a mi madre, llevarle el móvil a ella o atender a Quintero y decirle que no moleste porque está de lo más inspirador este reencuentro a solas con su señora mujer. Dejo mi teléfono y le llevo a ella el suyo pero en el camino deja de sonar. Está sentada a la vera del río con sus pies en el agua, los mueve serenamente. Se recogió el pelo con una hebilla y la musculosa que lleva deja entrever su espalda larga, sus hombros bien definidos. Pareciera que se le pasó la angustia preguntona, la santa marihuana... Me descalzo y me siento a su lado, meto mis pies en el Guadalquivir. La luna ahora está en lo más alto del cielo, la música de boliche sigue sonando, se escuchan cada tanto algunas carcajadas histéricas, borrachas, idiotas...

Y me da por llorar. Me mira con sorpresa. El teléfono vuelve a sonar en mi mano, se lo doy. ¿Y qué hace tú con mi móvil?, dice su mirada. Sale del agua y lo atiende, le cambia el ánimo en un segundo. Yo sigo llorando, lloro bajito para que nadie escuche porque el dolor es algo malo y dice Gancia que tenemos que ser todos felices. Pienso en cómo va a ser el mundo cuando mi mamá no esté… espantoso ¿cómo va a ser? Ella me sigue mirando mientras habla con el loco, se acerca, me pone una mano sobre la espalda. Me calmo, le sonrío. Y cada vez me siento peor por lo que le hice. Se despide de él después de discutir algún asunto, bastante ofuscada. ¿Qué tiene tú ahora?, pregunta. Niego con la cabeza ¿Qué te pasa a vos?, respondo virando la dirección. ¡Que no lo aguanto cuando se pone así, anda que!, me dice nerviosa mientras busca apurada sus cosas que habían quedado sobre el pasto, se calza las sandalias, me trae las mías. (Pausa larga) ¿Te viene conmigo? (Sigue)

Continuará...

martes, 14 de noviembre de 2017

Capítulo 130 "Desparpajo"

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Ella está ahora con la cabeza entre las manos, se ha descalzado, apoya las plantas de sus pies sobre el pasto apenas crecido. Creo que transita el momento "¿qué carajo hice de mi vida?", pero no estoy segura; posiblemente estoy proyectando. ¿Y si quiere saber qué pasó por qué no se lo pregunta a él? Saca de su cartera un cigarrillo de marihuana, lo enciende, da una pitada y me convida. Toso como una marrana, nunca pude aprender a fumar, soy mucho menos fiestera de lo que parezco. Doy otra pitada larga y se lo devuelvo. A lo lejos se escucha música, música de boliche, no estamos tan lejos de la cuidad como pensé. Estoy transpirando y no sé si es porque hace calor o por lo que acaba de preguntarme ella, la señora del señor de las preguntas.

¿Qué ha pasado entre vosotro?, repite ¿Te has enamorado de él? Me escandalizo ¿Eh? ¿Enamorado? ¡No! (Le miento porque ella no quiere la verdad, quiere que le diga lo que quiere que le diga) ¡No! ¡No, en serio que no! ¿Te ha llevado al huerto? (Pausa) ¿Al huerto? ¿A qué huerto? No, mujer, estuvimos en La Carbonería trabajando… Y en Almodovar del Río con Antonio Gala que yo te dije si querías venir pero vos no podías, ¿te acordás? No me responde, sigue mirando el río ¿Se le están poniendo vidriosos los ojos? ¿Se está por poner a llorar? ¡Está por llorar me parece! La puta mare que yo lo último que quería con todo esto es que alguien salga lastimado...


Me pasa el cigarro, se quita el abrigo, deja su echarpe, se arremanga los pantalones y enfila para el río. Baja por la orilla hacia el agua con desparpajo; la pierdo de vista. Escucho como mete sus pies en el agua. Suena su móvil en la cartera, tiene la melodía de Amelie ¿Estará enterado él de que tiene a esta mujer a su lado? Peco de entrometida, revuelvo en la cartera, miro el display: Jesús llamando. (Sigue)

Continuará...

domingo, 12 de noviembre de 2017

Capítulo 129 "Omisión"

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El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa, decía Nietzsche, y puede que tenga razón el tipo porque vio usted que la risa es una suerte de espasmo nervioso, como una descarga visceral, se deja ver tanto en velorios como en nacimientos como en casamientos... estas dos últimas desgracias espantosas, si las habrá… Pero yo a sabiendas de que la guapa esta se leyó el blog este (de pe a pa) ahora de lo que menos tengo ganas es de reírme ¿qué quiere que le diga? (Nada).

Abro la puerta del auto y voy tras ella. Me le pongo a la par. Los oídos ya no me zumban y la respiración se aquietó. Estoy mejor, le digo, gracias. Ella camina un poco más y se sienta en el pasto, frente al río quieto de la melancolía; me siento a su lado. Arriba la luna enorme ilumina el Guadalquivir, mi río místico ¿Y tengo que preguntarle ahora qué piensa ella de todo lo que escribí? ¿Qué fue lo que le molestó? ¿Por qué me vino a ver? (Pausa) ¡No!, me digo ¡Siempre desconfiando de la originalidad de los sucederes! Dejá que pase lo que tiene que pasar, Marina, que a eso viniste justamente, a dejar que pase… ¡Leritbí! ¡Leritbí!, que se viene la tormenta.

¿Y qué es lo que has omitido tú?, pregunta mi curiosa protagonista mientras con un palito intenta ayudar a una hormiguita con su pesada carga, lo malo es que me lo pregunta a mi, que soy la autora ansiosa panicosa. La luna le ilumina los rasgos gitanos que la hacen tan particular. ¿Que omití cuándo, en dónde? (Me hago la pelotuda pero sé a dónde va, shhhh) ¿Qué has omitido que le dices a él en tu nota? Hago una pausa ¿La nota?, repito mientras ayudo yo también a la hormiguita que pareciera estar muriendo en el intento.

Atiendo solo al loco de la colina

Entonces saca del bolsillo de su abrigo la puta nota que le dejé hace unos días a él en el bar de la esquina dentro de la carpeta negra con este puto blog y mi putísimo teléfono de España… Dice tú que ha omitido en tu bloc lo que no te parecía ético contar ¿Qué has omitido? ¿Qué lo que ha pasao entre vosotro? (Sigue)

Continuará...

viernes, 10 de noviembre de 2017

Capítulo 128 "De cerca nadie es normal"

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Ella es más ella sin él, pienso mientras maneja el Citroën por las calles de Sevilla, y a cuantos de nosotros nos pasa eso, somos más o menos nosotros dependiendo de con quien estemos. Es bastante osada tras el volante, digamos que pisé el freno en varias esquinas. Le respondo a mi amigo el mensaje por orden de ella, que no me siento bien, que no puedo dar mi charla y me fui al hostal, que me perdone. Después va a leer estas líneas y se va a enterar de la verdad, es un desastre cuando ya demasiada gente del entorno empieza a volverse personaje…

Recuerdo que fue por ella que me di cuenta de que estaba haciendo algo que no era del todo normal. Estábamos en la terraza, en la casa del loco, los tres charlábamos bajo el sol de Sevilla y su manera de mirarme era de divertida incredulidad. Su amiga la había llamado por teléfono y no podía creer que alguien desde Buenos Aires se había venido a ver a Jesús. Y es lo atractivo de estar con un tipo como él, te pasan estas cosas:

Pareciera que estamos dejando la ciudad, miro para atrás, las luces de La Giralda se ven cada vez más lejos. Entonces veo la carpeta negra sobre el asiento trasero. La puta mare si será pollerudo este hombre que ya le tuvo que mostrar…. Lo mismo hacía con las cartas que le mandaba al bar de la esquina, o se las mostraba o las dejaba por ahí para que las viera porque cada vez que le escribía a él luego aparecía ella por whatsapp como quien no quiere la cosa. Me está por dar el pánico de nuevo, respiro, no pienso, respiro, respiro... ¿Lo leíste todo? Si, claro, responde indiferente. ¿Todo, todo? No me mira. Se sale del camino y se detiene. Estaciona a la vera del Guadalquivir ¿Te apetece caminar? Anda, que te hará bien. Me quita el sombrero y se lo pone, sale del auto. Y es lo atractivo de estar con un tipo como él, te pasan estas cosas. (sigue)

Continuará…

jueves, 9 de noviembre de 2017

Capitulo 127 "Her"

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Recuerdo el último día que nos vimos en Sevilla, almorzamos juntas en el bar de la esquina, luego me había propuesto acompañarla a Jerez de la Frontera, en donde tenía su otra media vida. Por un lado trabajaba con Quintero y por otro con una pianista con la que cada tanto viajaba. Yo ya había visto a Gala, me había despedido del loco, no tenía ningún plan salvo ir a despedirme de mi Guadalquivir ¿Por qué no me fui con ella? ¿Por qué siempre el rechazo al imprevisto? ¿A lo incierto? ¿A la desestructura? Irme con ella significaba cambiar la dirección de este relato cuando ya tenía todo cocinado. Irme con ella significaba… irme con ella.

Salimos del bar, todavía me lleva de la mano… Camina un paso adelante, da la sensación de que sabe muy bien a dónde vamos, cosa que yo no (como autora le hablo). Me conduce hacia la esquina por la calle Muro de los Navarros en donde espera un auto gris, un Citroën saxo me parece. En el auto no hay nadie ¿Y la charla? ¿Y Quintero? ¿Y toda la gente? Miro de reojo hacia la librería, sólo alcanzo a ver unas pocas personas en la puerta, el resto supongo que está ya adentro esperando por mi. Si desaparezco así mi amigo me mata ¿O no? Acabaría con mi carrera literaria antes de haber empezado, al menos debería avisarle. Sigue lloviendo pero ahora un poco menos. Abre el auto, entra y quita la traba del acompañante invitándome a subir. Entro.

Hago silencio esperando la represalia. Pone las llaves en el switch pero no arranca, pasa una vez el parabrisas por el vidrio delantero. Suspira, se queda hipnotizada mirando hacia adelante. Me llega otro mensaje de texto y otro y otro. Los leo. Miro para la librería. Siento que vuelve a bajarme la presión, se me pone fría la cara, empiezo a hiperventilar. Ella se quita el sombrero, me abanica un poco. Me encaja el sombrero y busca algo en su cartera. Abanicaté... respira, mira, con la panza, desde aquí, recomienda enfática ¿Es tu amigo? Le muestro el mensaje. Me quita el móvil y lo deja sobre el tablero. Anda, respira hondo, insiste. Respiro. Me van dejando de zumbar los oídos poco a poco. La miro de reojo. Sigo respirando. Me ataca la risa de pronto. Ya, vale, ¿que te encuentra mejor? Me sigo riendo ¿Y anda, que cómo te encuentra? ¿Será que puede dar la charla así? Respiro, me calmo, miro el parabrisas, me pongo su sombrero, niego con la cabeza, me ataca la risa de nuevo. Ella se contagia. (Sigue)

Continuará…