domingo, 12 de julio de 2020

Capítulo 515 "Desahuciada y media"

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Según el diario el rebrote es acá o acullá.
Con mi amiga milagrosa no puedo hablar y casi ni contar, hizo tripas corazón y se fue a Capital a buscarme los remedios a la farmacia, encima no había y tuvo que ir a dos… Los pañales por suerte me los lleva Manuel al hogar y yo le pago por el homebanking. Internet es la salvación de las almas, les comento a aquellos que creen en su existencia, y a los que no creen también. No puedo contar mucho con ella porque se le murió la mamá hace tres lunes, no de covid, no, se murió de viejita, estaba en cama desde diciembre, se le fueron las ganas de vivir de pronto, o no, quizá le vinieron las ganas de morirse. No sé, la cosa es que se murió. Si decir mucho. Simplemente no se levantó más. Hacía dos meses se había muerto su hermana, tampoco de covid, de viejita también, las dos más de noventa tenían, se murió el mismo día que Sergio Denis y resulta que eran amigos de él. Así que mi amiga está con su angustia, con su desconsuelo, además le impresiona mucho todo lo que tenga que ver con enfermedades por eso no le puedo contar nada. Si le hablo de alguien que tuvo un ACV no duerme luego pensando que le va a dar el ACV, que esa leve molestia que siente no sé dónde es signo de que le está dando y si le cuento que la asistente del hogar dio positivo aunque tomó todos los recaudos habidos y por haber… se muere de espanto.

Encima Jesús fue hospitalizado. SI. TODO JUNTO. Para sumar angustia un alguien me pregunta por whatsapp si sé cómo se encuentra el loco. ¿El Loco? No sé, no estoy con él ahora mismo (ni creo que vuelva a verlo nunca, ni a Ella) pero imagino que bien, hasta hace unas semanas que lo vi andaba lo más andante. Y mientras el fulano me daba detalles de lo que sabía me di cuenta de que en realidad no lo veo al Loco desde antes de que comience esta mierda. ¡Ya pasaron cuatro meses desde que quedé varada en la covid! No sabía más que eso, prosiguió, que había sido hospitalizado en Huelva. Respondí que si me enteraba de algo le comunicaba. Agradeció. Suspiré hondo. Si ya estaba desahuciada mi alma ahora más que jamás… ¿Y si el Loco se había agarrado el bicho? El hombre es cardíaco, a ver si la covid me llevaba al muso... Automáticamente contacté a mi agente 99, Lucía Mansilla alias María José. Mientras buscaba algo en google sobre la salud de Jesús me descargaba con ella, ni le  pregunté cómo estaba, cómo estaba su Ricardo marido, ambos pacientes de riesgo. En Valencia hubo rebrote pero yo apenas respondió le largué todo el borbotón, primero de mi mamá, ya habían llegado los resultados del hisopado, cuatro viejas positivo. ¡Cuatro! Y la asistente que dio positivo en el test rápido y luego en el PCR confirmatorio (que se supone es más fiable) había dado negativo, por lo que volvió a trabajar, luego en el test rápido, a la semana siguiente, ¡¡VOLVIÓ A DAR POSITIVO!! ¿Es joda esto?

María José trataba de calmarme con la voz temblequeante, que todo iba a estar bien, que si las viejas estaban todas sin síntomas posiblemente así iban a seguir. ¡Pero es una lotería, Murillo! ¡UNA LOTERÍA ES! Mi mamá dio negativo de culo y en un principio creí que ella tenía porque se llama Edelmira y una de las positivo se llama Delmira, leí el mail rápido por los nervios y-- Igual me puse a temblar. Ya no tenía uqe ver con si era ella o no, el virus había entrado y está circulando ahí adentro. Mi mamá ahora fue negativo, ¿pero mañana? No sabía qué hacer. Ir a rescatarla no podía por esto de las fronteras pero pedirle a alguien que la rescatara a tiempo… ¿A quién? ¿Quién iba a querer llevarse a mi madre que es tan particular a su casa para atenderla y aguantarla a tiempo completo? Además ¿cómo sabía ese alguien si no tenía el bicho y era asintomático? ¿Y si se contagiaba afuera? Sonó mi teléfono sobre la mesa y atendí.

Continuará...




sábado, 4 de julio de 2020

Capítulo 514 "Positivos"

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Cada uno es como puede, yo también hago eso, lo mismo que hace Rocío, lo que hacen mi madre y mi padre, digo barbaridades porque no me ofendo fácil, digamos que casi nunca entonces no entiendo que por barbaridades la gente pueda ofenderse. ¿Qué cosa es una barbaridad?, además. El sol se va poniendo. Hace bastante calor y corre un poquito de viento. La callecita que acompaña estos cantares se va quedando sombría, Espoz y Mina. Madrid va de a poco recuperando la vida, algún rebrote hubo pero dicen que ya está controlado. Y yo en esperes. En esperes de lo peor: la prueba de PCR de mi madre. Entre una semana y otra pueden pasar innumerables fatalidad para recordarle a una que siempre se puede estar peor. Y peor que peor también, claro que sí, sobre todo en Argentina, por eso no cantar jamás victoria. La dueña de la residencia dio positivo de covid hace diez días, en la ciudad de Buenos Aires se están queriendo hacer los serios y testean a las asistentes de estos lugares todas las semanas, los miércoles nos ha tocado a nosotres. El virus está circulando por todos lados, ahora es certeza. Y eso, Paola dio positivo. Que no saben cómo pasó, dice el mail de su novia/socia, pero que no nos preocupemos que el resto han dado todos negativo, incluida ella, que vive con la contagiada, si no me engaña la intuición.

Porqué no volví cuando aún podía, golpea la culpa en la garganta, si se veía venir esta ola de locura, si caía de maduro que se iba a poner como se está poniendo. Estaría viviendo conmigo en casa, que es una heladera, sí, que tiene sólo una habitación, también, de la que yo entraría y saldría todo el tiempo para trabajar llevando y trayendo virus a lo pavote, pero si se contagiara en casa no diríamos mucho a nadie, haríamos el aislamiento en voz baja y no se la llevarían como pasa ahora, se las llevan vaya a saber a dónde, que no las puede ver nadie, ni llamarlas, ni saber si tienen al menos una frazada, si les cambian el pañal, si les dan su medicación, si están mejorando o no… Ella madrugaría y me pediría a los gritos el desayuno y yo, acostumbrada a que no vuelve una mosca, la mandaría a paseo, que me deje dormir, ella intentaría con bronca hacerse algo en la cocina, ya no debe recordar qué cosa es una hornalla porque en el hogar le sirven todo en bandeja, me recalentaría el artefacto y ahí yo le desearía la covid con todas mis fuerzas y mis odios más intrínsecos. Igual que con Rocío, cuando no está la culpa y el amor, cuando sí está el odio y la repulsión.

Los de arriba.
El mail llegó antes de ayer, el del hisopado, primero fue Paola la dueña y esta semana una de las chicas que realiza la limpieza, Gabriela, de las pocas que entran y salen. La mayoría duerme en el establecimiento, han hecho de todo para minimizar lo más posible el riesgo de contagio y aún así… El resultado confirmatorio de Gabriela iba a demorar cinco días o más pero los familiares se pusieron ansiosos y la dueña sana, Viviana, resolvió contratar un laboratorio privado que hisope a las viejas así nos quedamos todos intranquilos. Porque hoy das negativo y mañana no. Gabriela hace diez días dio negativo y el miércoles pasado… Así que así estamos, hoy lloré a media tarde, luego viré a optimista un buen rato, actualizo mi casilla de Yahoo cada cinco minutos a ver si llega el resultado, entre sábado y domingo, dijeron. Y mientras imagino. Imagino desde lejos que ya les habrá llegado, que habrá dado positivo y estarán tramando junto al médico y a algún abogado la menos peor de las maneras de decirnos que se llevan a las viejas a quién sabe donde y no las podremos ver más, hasta que alguien “de arriba” resuelva que sí, que ya no son una amenaza para el resto de la humanidad y, si es que salen vivas del hospital público, devolverlas entonces a la vida. (Sigue)

Continuará...


miércoles, 24 de junio de 2020

Capítulo 513 "Sino Caperucita"

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Acá se hace una laguna. Posiblemente una laguna de esas de autodefensa según el psicoanálisis, porque no recuerdo lo que pasó en la cena. Ella que se reía mirando el móvil, en voz baja pero lo suficientemente alta como para que yo la escuchara, estaba haciendo el show para mi, reía con alguien que posiblemente la valoraba, la comprendía, con alguien con quien tenía onda. Y por un lado eso me ensanchaba el ego, que estuviera haciendo el show para mi, Morocha Osada, el problema es que no podía disfrutarlo porque tenía miedo, mucho miedo. Mi madre seguía internada y al día siguiente yo tenía que estar sana, sino viva, para poder asistirla. Tampoco recuerdo cómo ni cuándo terminé de cocinar el revuelto gramajo, ni cómo ni quién puso la mesa. Sí recuerdo que intenté acercarme a ella, hacer una tregua, sobre el futón. Me acerqué con cautela a observar lo que hacía con su papelitos, sentada a su lado le pregunté, respondió que era para calmarse, se lo había recomendado su psiquiatra. Terminó una especie de pajarito y me lo regaló, indirectamente, no me lo ofreció pero lo dejó a mi lado. Tomó su cajita y sacó todos los papeles, eran cuadraditos, algunos brillantes, otros de colores, chillones, combinados, opacos.

¿Cuántas caras puede tener un ser humano? Se calmaba en serio haciendo eso. ¿Cuál de las dos era ella? ¿La que se había dejado caer en medio de la vereda porque no le consentí el capricho o esta? ¿O la otra, esa que dejaba todo y se tomaba el vuelo para venir a acompañarme durante la enfermedad de mi madre? ¿Es nuestra esencia aquello que nos negamos a confesar de nosotros mismos? ¿Es ahí, en esa catacumba que tanto nos avergüenza, en esa inextricable oscuridad, ahí está nuestra verdad? La misma, combinada con las incontables máscaras que nos ponemos a diario, hacen algo así como un modelo terminado, o casi, un ser más o menos adaptable a esa malapraxis que es el mundo de afuera; los otros. Pocos tienen ojos para verla, esos seres sensibles que terminan enamorados de nosotros alocadamente, o bien disimulan y callan, indulgentes, porque saben lo que se siente cuando alguien pone nuestro monstruo de entrecasa de manifiesto. El monstruo enamora, badly, por eso me enamoré de Rocío, y se da un fenómeno bien curioso en estos casos, el monstruo nos encandila y tan bien se siente ese estado encandilante que terminamos engañándonos, disfrazando al monstruo posiblemente de coraje, de insurgencia, de irreverencia, sino de Caperucita. Sí, claro que existe quien se enamora de gente menos engorrosa pero terminan casados, dios no lo quiera, aburridos y/o pelados y panzonas.

A veces hago cosas sin pensarlo, ¿sabes? Sin pensar qué puede ocurrir al otro... Rompió el silencio sin dejar de doblar papelito. Que... que soy algo… cómo le decís vosotros… algo bruta… Digo desde el corazón, sin pensar… Ya sabes… Pero no es mi intención lastimar. Me sorprendió desnudando sus sentimientos mientras seguía "plegando", así supo llamar a esa actividad particular que le había recomendado el psiquiatra. El calor me volvió al cuerpo y confieso que por un segundo incluso sentí esperanza, ella reconocía su exabrupto, era consciente de lo que había hecho. ¿Estaba de alguna manera pidiendo disculpas? ¿Sería que podríamos reflotar esa noche espantosa? ¿Sería que podíamos transformarla en una de aquellas noches de antes? (Sigue)

To be continuí...



lunes, 8 de junio de 2020

Capítulo 512 "La covid"

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Lo hacía adrede una vez más. Reía en voz baja pero lo suficientemente alta como para perturbarme. Me iba a dar vuelta y ella no me participaría de lo que la estaba haciendo reír, seguramente estaría mirando su móvil, se reía cómplice con alguien más, alguien con onda, con gracia, alguien que la valoraba y comprendía. Y en eso nos parecíamos, ella acopiaba reacciones de mierda ajenas para sentirse viva, para sentirse amada, para llenar su estómago insaciable de amor neurótico, y yo… yo hacía (estaba haciendo en ese mismo momento) lo mismo pero con la excusa intelectualoide de la escritura, ese toque sutil usaba para justificar mi enfermedad, porque el arte dignifica, el fin justifica los medios, el arte sana y salva entonces yo sí era digna de perdón, de comprensión, incluso era digna de admiración porque el artista es el artista y cuanto más original mejor, aunque sea un tremendo hijo de puta.

Mercadona marzo y desesperes
Me vino la iluminación de cuanto nos parecíamos mientras nos anoticiaban por la tele que al parecer pasamos de fase, avanzamos en la desescalada en Málaga, se viene la fase tres, permitirán la movilidad interprovincial, no sé si eso significa que voy a poder llegar a Madrid trotando, quizá en monopatín, a caballo, finalmente, para poder decir que ahora estoy varada en Madrid, creo que ahí siguen todavía en fase dos, sino uno. Los restaurantes habilitarán sus mesitas afuera, ahora que me acostumbré a estar adentro como una ostra, a (no) escribir en la mesa de porquería del cuarto que me alquilaron de lástima, ahora se va a poder salir y sentarse a (no) escribir tomando sol y una caña. También habrá bodas y velatorios. Lo interesante es que el coronavirus afecta el arte pero no en el sentido económico, no, o sí, porque no pueden abrir los cines o los teatro, pero también lo afecta en el sentido artístico en sí mismo, afecta la cabeza, claramente. Estoy hace semanas ya algo más equilibrada de ánimos sin embargo no puedo escribir una letra, ni una. Leo lo anterior, releo lo anterior, muero de risa leyendo lo anterior, siento que la inspiración me vuelve pero cuando me siento frente al aparato… Se va. Entonces no insisto, me pongo a “trabajar desde casa”. Antes no hacía eso, no abandonaba, no me resignaba, no tiraba la toalla pero ahora.... Dejo y me pongo a trabajar desde casa.

Pa comprar papel higiénico...
En un intento de no ahogarme en el mismo compro desde lejos lo que vendía en mi vieja y porteña vida y las entregas las hace mi amiga milagrosa que se quedó sin trabajo apenas comenzó la pandemia. Trabajaba en producción de cine y publicidades, valga la redundancia. Le pedí un permiso de circulación y por la actividad que hago se lo dieron. De paso me ayuda con la Vieja que sigue chiflada como de costumbre, me atemoriza cada día contándome las catástrofes, que se levantó por la noche, se mareó y se cayó, que peleó con sus compañeras de mesa y se la tuvieron que llevar de la misma. Que no sabía porqué estaba la policía en la puerta del hogar. Un día de estos te echan, mamá, y no sé qué hacemos entonces. Entonces se ríe, o me tacha de exagerada, o se victimiza con que no me puede contar nada que yo ya hago el escándalo, cualquier similitud con Rocío (no) es mera coincidencia. Así que mi amiga milagrosa se va a Capital desde la casa en tren y luego bicicletea que da calambre, busca las recetas en la clínica, compra los remedios para la Vieja, los lleva al Hogar, saca el dinero del banco y paga, hace las entregas en las veterinarias, de paso le hace favores pagos a otra gente que no tiene el permiso ni el coraje de salir sin él, y así se gana unos mangos. Se llevó a mi gato y a mi perro a su casa Hurlinghense, mi gato no murió de un infarto de milagro, ella tiene tres perros más, incluida a la madre del mío, Cristina, que lo corre como si no fuera su primogénito, dios mío. Y acabo de romper la maldición del virus, después de más de dos meses de catatonia de pluma, puedo decir que he vencido a la covid-19, a la puta catatonia que trajo con ella, si alguien me pide que me haga creyente en este momento lo hago, se lo juro por dios, que no existe. (Sigue)

Continuará...



domingo, 15 de marzo de 2020

Capítulo 509 "Por el camino oscuro"

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Le decía Kafka a un amigo que la creación literaria es estar sobre un suelo muy frágil, que cubre un agujero negro. Definía la creación como un conjunto de factores que impiden al inventor dejar de imaginar, pero que, al mismo tiempo, le lleva por el camino oscuro. Le hicieron una entrevista de la ostia en El Español, porque salió en un programa de la tele y volvió a ser popular. El Loco. Ahora todo el mundo habla de Él, incluso las generaciones que no lo conocían, mámamía, lo que es la tele... La leo mientras trato de recordar para qué carajo vine esta vez a Sevilla. ¿Escapando? No creo, la cosa con mi madre estaba más o menos controlada. Con mi trabajo lo mismo. Quizá demasiado controlado todo. Y Él acuerda, acuerda con el periodista que lo entrevistó en el diario, le responde que sí, que uno decide crear y luego la vida te va llevando.

Cada vez me da más miedo el avión, cada vez me da más temor gastar todo mi dinerito en esto, volver a casa con una mano atrás y otra adelante. Cada vez me da más miedo que a mi mare le pase algo en mi ausencia. Tener que volver de urgencia, cosa que ahora se ha complicado, y si escribo esto es porque ya atravesé mi momento de parálisis, ya averigüé (me averiguaron mientras yo babeaba de miedo mirando la pared del hostal sin emitir sonido alguno) y sé que tras unos cuantos papeleríos puedo hacer pie en Buenos Aires, que el puto coronavirus es un palo en la rueda pero por cuestión de urgencia consideran la causa. Por ahora. ¿Pero y si dejan de volar del todo y cierran las fronteras y asesinan con rayos láser a quienes pretendan atravesarlas?? No ocurrirá, guapa, que no ocurrirá, anda, bebe esto que te hará bien. El otro lado de la moneda es que si la Vieja estira la pata ahora alguien más tendría que hacerse cargo de toda esa horrible secuencia que es decir adiós a, si no la persona más importante de tu vida, a una de las más importantes. No hay mal que por bien no venga, podría decirse.

 No. Me daría mucha culpa que sea mi padre quien deba cargar con todo eso, aunque le vendría bien para comprometerse un poco con otras asuntas que no sean sus propias intereses y su esposa, la verdad que sí. Decía que fue kafkiano nuestro reencuentro esta vez, diferente y kafkiano. Él ya no vive en Sevilla, no, viene cada tanto al ruedo, cuando se aburre de la paz del pinar, que no es de Rocha. Yo no sabía nada, me desayuné del asunto ya arribada, una fuente non santa me pasó el dato, no quiere ser nombrada ni por tortas acá adentro, me lo hizo jurar y todo, pero si me voy por esta rama no acabo más lo de Rocío:

Consulado de Cadi
Sentí miedo de que mi tono de voz hubiera sido descortés para su gusto, que esperara otra cosa al haber ella hecho el esfuerzo, si es que le costaba algún esfuerzo cambiar olímpicamente de humor de un segundo para otro. Temía yo que por haberme ofrecido ayuda su expectativa fuera, por ejemplo, que me tirara a sus pies de agradecimiento y se los besara dedo por dedo, uña por uña, cayo por cayo. ¡Y yo no lo había hecho! Le había secamente respondido que no, que gracias. Se hizo un silencio de sepulcro. Me aboqué a las papas del revuelto. Caí en cuenta de que había puesto agua a calentar y la receta dice que se fríen en una sartén. Lo había tergiversado de los nervios. Saqué la cacerola con agua, la sequé bien y puse aceite ahí mismo. Sentí que se reía pero no quería ni mirarla. Se reía bajo pero suficientemente alto como para que yo la escuchara. No me sentía capaz de atravesar la noche entera con ella dentro de mi casa. (Sigue)