martes, 16 de enero de 2018

Capítulo 180 "Corazón rompido"

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Y ya que hablamos de finales, qué le vamos a hacer, así es la vida... el que la sigue la consigue y el que no la sigue siguiendo. Bueno, y el que la consigue también sigue porque no queda otra. ¡No hay alternativa! ¡HAY QUE SEGUIR! ¿O usted piensa que se suicida cualquiera? No, viejita, y menos mal que la tengo a usted, ignorante mía, si no quién me daría los pies para explayar mis explayamientos al ñudo ahora que estoy sola como una ostra en El Rompido con el corazón rompido. Para suicidarse hay que estar demasiado cuerdo, tener agallas (en ese orden), aunque a mi soberbio entender la vida está sobrevaluada. Y acá usted aún no se escandaliza porque no cacha a donde voy con todo esto y tampoco lo hará pero yo sigo porque no quiero pensar en lo que me hace mal pensar: nos aferramos a la vida como si la pálida que nos espera fuera o fuese algo peor y eso, que yo sepa, lo sabe nadie.

Periodistas de Joda
Yo no tenía claro si la había conseguido o no porque entre tanto caos, alcohol, periodistas, discoteca, locos y besos rubios gitanos ya no sabía lo que quería, si es que alguna vez lo supe. Caminé por la autovía sin mirar atrás porque todo tiempo pasado es peor y no hay tiempo perdido peor que el perdido en añorar, me recuerda Jorge Drexler ahora mismo desde la radio del Rincón de Pescadores. Ya casi no me queda plata pero es lo bueno de tener el corazón rompido, que lo demás no importa. Si tuviera el corazón sano estaría con un ataque de pánico, ¿me comprende? En el lugar no hay un alma, lo atiende una señora muy simpática que se llama Pepa y cocina como los diablos. Sin pensarlo le dije que era terapeuta de Shiatsu, que si necesitaba o sabía de alguien que necesitara… voy a empezar a laburar y todo para no pensar.

El asunto es ese, no pensar en por qué agarra lo que agarra. Por qué. Por qué. Por qué. ¿Por qué hasta hace poco el plato de merluza fresca de pincho que tengo adelante no tenía el color que toma su piel cuando hacemos cosas bajo las sábanas? Porque ella es de tez blanca pero en ciertos momentos se sonroja y entonces sus ojos se ponen preciosos. ¿Y por qué hasta ayer las ruedas del carro de la vendedora de coca no me recordaba a la tarde que me rescató en su carro de mi angustiada huida findeañera? Me encontró en el chiringuito de la playa San Miguel, a donde me había refugiado tras caminar tres horas al sol, sin plata, sin teléfono, con morral y una tristeza espantosa y encima el chiringuito estaba cerrado. Nunca le pregunté cómo supo a dónde buscar. Y tampoco le pregunté por qué me rescató si no le importo. Y menos le pregunté por qué está con él si la deja tanto tiempo sola y a veces la hacer rabiar… Me subí a su Citroën Saxo. Sin  pensar...

Continuará...

lunes, 15 de enero de 2018

Capitulo 179 "A qué atenerse"

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Y ya sé que cambio de tono todo el tiempo, de estilo, de muso (culpa de ella), de escena, no me organizo, no me aúno, no me homogeneizo como sabe hacer La Serenísima y encima meto estos comentarios autoriles que interrumpen el clima del relato que tanto cuesta construir… pero es que siempre le tuve miedo al climax y la pluma del artista es un poco así, depende de lo que tome, de lo que pase, de lo que escuche de fondo, de a cuantos centímetros la tenga de mi, de cómo me mire y de lo que me haga... Una amiga me había contado que una vez probó con chica y ya no pudo volver a lo otro nunca más porque la chica sabe lo que tiene que hacer, me dijo poniendo sus ojos como de orgasmo, y un poco tenía razón:

Yo seguía abajo de la gitana y no me podía salir aunque la luz lo inundaba todo y suelo tener vergüenza y él se había removido ya dos veces allá en el otro extremo de la cama, no me podía salir no porque no pudiera, no podía por eso de lo certero que nunca me había pasado y yo pensaba que la fallida era yo. Mírame a lo ojo, me ordenó porque yo los cerraba y me ponía tensa y trataba de escabullirme y de no hacer mucho ruido aunque el movimiento de la cama era inexorable-- Anda miramé a lo ojo, por favor, insistió. Su cuerpo desnudo y transpirado recostado sobre el mío. La miré primero con cierto temor ¿temor a qué? Estaba guapísima y cuando me tuvo se acercó lentamente, olé, volvió a decirme besándome toda y no dejó de mirarme nunca con su gesto borracho de gozo y así supo llevarme aunque él se volvió a mover, ella siguió, aunque él se dio vuelta y nos miró con sus ojos molestos y confusos y luego protestó y volvió a darse vuelta... me llevó hasta el final. Dormimos abrazadas como hasta las once y yo sentía que no iba a poder soltarla nunca más. Sujetas para siempre.

The modisto´s blue
¿Lomana?, gritó el de la Guardia Civil. Ella y yo seguíamos sin poder separarnos a la vera de la ruta, a unos metros de la batahola de la alcoholemia. ¡Lomana!, chilló de nuevo el tipo iluminando adentro del auto de la señora tuneada, todavía agarrada a su preciosa carterita. Los otros tres policías que en ese momento interrogaban al resto de los beodos se dieron vuelta ¡Lomana!, repitió uno de ellos. ¿Lomana Lomana? El modisto de cara pícara lo miró por sobre sus lentes y asintió con la cabeza: es ella, la gran Lomana, la de las revistas y yo soy Victorio, ¿que no me reconocéis, coño? ¡Y yo soy Lucchino! Las tres cholulas linternas alumbraron hacia el mercedes primero y luego a los modistos y luego al muchacho de moñito aunque ya era bastante de día, el 31 de diciembre empezaba más o menos así. ¡Y este e el carro del loco de la colina! La cosa se puso alegre, autógrafos, selfies y eso. Y hablando de locos a ella volvió a sonarle el móvil, lo atendió alejándose de mi. Yo me largué a caminar en dirección contraria, no me puse a llorar porque era reiterativo para el relato. Y está bien que las cosas tengan final, porque es mejor saber a qué atenerse. (Sigue)

Continuará...

domingo, 14 de enero de 2018

Capítulo 178 "Querer sin presentir"

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Y yo presentía lo que se venía. Cuando la inocencia se pierde Uno intuye que todo terminará mal, le escuché una vez a Dolina, y Discépolo dice lo que dice en el tango porque sabe que no se puede, no se pueden recuperar ciertas ingenuidades una vez que se han perdido… A mis cuarenta y algo ya no puedo querer sin presentir, mal que me pese. Caminé por la autovía sin mirar atrás, uno elige por quien dejarse romper el corazón. Atrás quedaba la tropa borracha de celebrities, atrás quedaban ella, la Hummer, la pasión descontrolada, el control de alcoholemia y los de la Guardia Civil que ya eran unos cuantos, atravesaban la barrera de modistos que intentaba sin éxito distraerlos con chistes estúpidos.

Ella había acercado su cara a la mía para olerme el alcohol y ahí se quedó, con su pollerita corta y su bombín azul, no se movía de mi lado, me había ignorado durante toda la noche, un momento atrás estaba como si nada, como si nada le pasara conmigo y ahora... ¿Ha bebido o no?, volvió a preguntarme al oído, respirándome el cuello y a mi se me encendía todo. Love you badly, eso me había dicho mi novio americano cuando ya no quise volverlo a ver... y yo acá estaba aprendiendo lo que significaba, el sentido trágico, el dolor que pueden cargar tres putas palabras.


Me acordé de los besos que me dio, primero cortitos, luego más provocadores cuando se metió en la cama queen size entre él y yo la noche de la borrasca, sin que le importara nada, así de pronto, apareció por la puerta completamente desnuda, se metió en la cama, se sentó arriba mío con su pelo revuelto y me pidió que no hiciera nada pero a mi la locura de la marihuana ya se me había pasado y él estaba ahí al lado y quise decir algo pero ella… ella me tapó la boca fuerte y me volvió loca en un segundo y en la televisión sonaba esa canción… si me sujetas con fuerza estaremos sujetas para siempre… sujetas para siempre... (Sigue)

Continuará...

sábado, 13 de enero de 2018

Capítulo 177 "La misma cosa"

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Y ella es así, como si fuera un tipo, ¡la misma cosa!, te busca, te vuelve loca, te enciende la llama, la calentura, te corroe por dentro, te morfa a besos por todos lados bajo la puta lluvia de la borrasca o bajo la sombrilla de la playa gay o en el quincho de la casa a pocos metros de todo el borracho periodismo de España y de pronto se queda dormida. ¿Por qué yo no puedo ser así? ¡No estar tan pendiente del otro! Y encima toma alcohol y no le queda mal aliento y aunque hagamos la guerra sobre la cama veinte veces el pelo siempre lo tiene precioso. (Ya me calmo). Hacía una hora que la observaba roncando porque si se pone boca arriba ronca y hasta así es wapísima… A mi ex cuando roncaba le daba un codazo y el tipo se daba vuelta pero temía que si lo hacía con ella se iba a despertar y de vuelta titanes en el ring, y yo ya no daba más pero hasta entonces no me había podido resistir.

Salí de la cama de nuevo. Eran casi las 9:00 de la mañana. ¿Y hasta qué hora duerme esta gente los sábados? Hice el cálculo, en Argentina eran las 13:00 y mi mamá estaba sola hasta las 14: bomba de tiempo. Necesitaba mi teléfono, aire, agua, ipad, descargar parrafadas catárticas, dormir un poco, realmente no daba más. Me puse de nuevo la remera ajena (otra) y mi bombacha beige. Pasé por la cocina y me tomé un vaso de agua casi de un solo trago. Fui al baño, seguía hecho un desastre, pasé un trapo por el piso embarrado y quedó un poco menos horroroso. Enjuagué la ropa de las dos, incluida su braguita roja. Me lavé la cara y luego ahí me quedé, parada sin saber qué hacer.

El televisor seguía sonando al igual que el viento de Ana. Subí por las escaleras hacia el sonido. Quería hablar con él sobre todo este quilombo, quería saber qué pensaba de mi, si me odiaba, si creía que era una enferma mental, si era cierto que estaba ella enojada como me contó El Poeta una semana atrás y por qué huyó el otro día cuando me vio en el bar… Me asomé por la puerta y ahí estaba el loco andaluz, dormía a pata tendida en la enorme cama de sábanas rojas. Retrocedí automáticamente sobre mis pasos, era demasiado ¿Cómo me iba a meter así en la pieza del periodista de los silencios, la eminencia, el reservadísimo? Bueno, podía no escribirlo todo esto, ¿no? Miré el panorama desde la puerta. Entré. Lo observé durmiendo profundamente a un milímetro del borde de la cama queen size, su mano hacía de almohada sobre la almohada. Dudé. Me senté en el otro borde, a kilómetros de él. Miré la tele un segundo, creo que llegué a preguntarme algo más y luego caí rendida. (Sigue)

Continuará...

viernes, 12 de enero de 2018

Capítulo 176 "El poeta"

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Caminábamos por el centro de Sevilla hacia el Teatro Quintero, habíamos estado hablando los tres de hacer mi obra ahí y ella me lo quería mostrar. Yo le contaba que cuando Campanella se dio cuenta de que lo había vuelto personaje de este blog me dejó de responder los mails. Dos años después a ella le iba a decir lo mismo frente a la puerta de la colina ¿Cómo omitirte? ¿Cómo dejar pasar un punto de giro tan interesante? Por gracia de él es que cambio la fecha de mi primer viaje y por gracia del cambio logro ver a Gala y a Quintero juntos… Pasado un tiempo me volvió a responder y nos quisimos de nuevo, yo creo que él me quiere un poco aunque no me siga en el tuiter…

Estoy encerrada enfermamente en mi nueva pensión en Sevilla, bien lejos del barrio Santa Cruz, son las doce del mediodía, tengo el termo de mate a mi lado pero estoy dando cuenta de una Cruzcampo y un sánguche que compré en El corte inglés. Me fui de la colina infernal ya les contaré cómo y porqué. No enciendo mi móvil desde hace dos días, a mi mamá tuve que llamarla desde locutorio, así estamos... Estoy a dos de mi Guadalquivir, tengo un McDonald a una cuadra, wifi a borbotones y creo que pude dejar de pensar en ella. Perdón el abrupto giro pero que no daba má, la gitana es… la gitana... y volveremos a ella cuando se me reponga el alma. Solo nombrarla y ya me agarra el estruje en la garganta.

No hago más que discutir por facebook con un nuevo persona/je creo que definitorio en esta historieta. Al igual que Campanella, al igual que ella el hombre se resiste a ser punto de giro pero sabiendo lo que yo hago se me pone delante de la manera más tentadora. No paraba de proponerme finales para este blog, finales desopilantes, me contó cosas sobre ella y él, cosas de lo más suculentas. ¡Y ahora pretende quedar fuera del asunto! El poeta. No me deja poner su nombre verdadero. Lo conocí una semana antes de la love story con ella, en una librería, pero no pude escribir sobre eso porque el torbellino gitano me arrastró mar adentro (y casi me ahoga) y cuant (Sigue)

jueves, 11 de enero de 2018

Capìtulo 175 "Provocando"

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¿Cuánto te ha echao tú?, se acercó a mi como si nada pasara, como si no hubiésemos reído juntas de las cosas más idiotas, como si no me hubiera espiado de reojo mientras yo desnuda mirando el techo de su pieza le contaba sobre mis aventuras en Alaska y lo necesario que me era su marido para escribir, para salvarme de la caca de afuera... me había espiado erotizada de arriba a abajo, detalle por detalle, creyendo que no me daba cuenta. No sé qué es echao, le respondí parca, mirando al de la Guardia Civil que en ese momento iluminaba adentro del auto de la señora con su linterna. Se quedó parada enfrente mío como si fuéramos simples compañeras de colimba, como si no estuviéramos en medio del embole, y queda claro que no hablo del embole de la alcoholemia. Y queda claro también que el lio amoroso superaba el del pasaporte.

¡Echao, echao!, repitió, nerviosa, ¡Que cuánto ha jincao, bebido, homre! ¿Será que puede decí que conducía tú el carro? La miré pero su bombín no me dejaba verle bien los ojos. Nunca me había tratado así de horrible la gitana. Creo que voy a tener que pedirle sesiones online a mi psicóloga porque deseaba que se muera ahí mismo, encima ahora quería mandarme al frente a mí con la policía. No tengo idea, flaca, le respondí furiosa pero contenida, hace rato que no tomo nada pero no me la pasé contando los tragos en la discoteca, ¿estuve mal? Me la pasé mirándola bailar con otros y con otras y escribiendo sobre ella en la terraza pero a ella de esto nada.

Cerca del auto la cosa empezó a ponerse jodida con los mamados y el cana. Y a ella parece que mi tonito irónicofurioso le llegó. Levantó la vista con sus ojos diferentes. La miré sin decir nada más porque la angustia me desbordaba y no quería que se de cuenta de que me temblequeaba la voz. Igual se dio cuenta. Acercó su cara a la mía como para olerme el alcohol y ahí se quedó, a un centímetro, a un milímetro. ¿Ha bebido o no?, me dijo al oído. Se me giró el cuello hacia ella en un segundo, sin pensarlo, sin proponérmelo, su comisura tocando la mía. (Sigue)

Continuará...

martes, 9 de enero de 2018

Capítulo 174 "Alma desfachatá"

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Aunque se diga lo contrario, uno elige por quien dejarse romper el corazón, decía Arlt. Yo ya había llorado por ella un poco pero era el exceso de alcohol, de fumata, los despioles de mi mare achaquienta, la música melosa que justo justo sonaba en LIVE y decía que nada es para siempre y ella moviéndose como loca con su pollerita corta y su gracia infernal... Había llorado pero algo en mí me decía que todavía había vuelta atrás, que si quería podía retroceder sobre mis pasos, elegir, volverme a Sevilla en micro, encerrarme enfermamente en el cuarto oscuro del hostal y ponerme a escribir lo acumulado que ya tenía sucederes pa tirar manteca al techo.

Todavía se agarraba del techo de la Hummer. El chico de moñito había vomitado hasta lo que no tenía. La muchacha desacertada había logrado sentarlo en la camioneta para que parezca sobrio aunque dos por tres se le ladeaba. Ya eran casi las 8:00 de la mañana, empezaba a asomar cierta claridad y a la noche era el festejo de Nochevieja. Ahora se había sumado a nosotros el auto de esa tal Lomana que estaba muy tuneada y maquillada pero no podía bajarse de él; o no quería. La gitana cortó la comunicación con el loco y se acercó a la recién aparcada, a mi no me miró más, se inclinó hacía la señora por la puerta del auto para preguntarle si estaba bien. La señora la miró impasible, achinó los ojos sin soltar su preciosa carterita y emitió un sonido espectral seguido de eructo… Esto ya no mola ná, balbuceó la gitana.

Y no sé si lo hizo a propósito o no pero yo estaba al lado y con semejante escote que llevaba cuando se inclinó en el auto le pude ver hasta el alma desfachatá y la mare mía que lleva adentro. Cerré los ojos para no verla más, para encontrar la resistencia que en algún lugar mío debía estar ¡Hefe!, exclamó a grito pelado el de moñito bajándose de la Hummer a los tropezones. ¡Porme una cañita que me he dejao er tabique a mediah! La muchacha desacertada nos miró con sus ojos grandes y extraviados, cada tanto se le escapaba una arcada y sonreía. Los modistos se pusieron uno al ladito del otro como barrera de arquero para que el policía viera al borracho lo menos posible, los dos con cara de poker. Y entonces el de la Guardia Civil empezó a caminar hacia el mamado. La gitana se pasó las manos por el pelo brilloso y lloviznado, no paraba de beber agua de una botellita. Y uno elige por quien dejarse romper el corazón, sí, pero nosotros acá ya no podíamos elegir un pito: estábamos fritos. (Sigue)

Continuará...