martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 111 "Bifurcación de mierda"

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Aquel que tiene un porqué vivir se puede enfrentar a todos los "cómos", dijo Nietzsche de lo más tranquilo claro, porque su porqué no tenía una simpática novia a la que se le ocurre volver a casa de Jeré o de no sé dónde JUSTO en el momento menos indicado. O quizá fue el más indicado, qué sabe nadie, ¿no? La cosa es que ahora mismo mi Porqué y yo caminamos juntos por la calle Francos bajo la lluvia, supongo que directo a nuestra despedida oficial. Él sigue cabizbajo, meditabundo, introspectante. A paso lento llegamos finalmente a la calle Placentines, a lo lejos La Giralda iluminada. Es hora, me digo y endurezco el alma lo más que puedo. Me voy a despedir ahora mismo porque estirarlo más es como morirse de a poco, eso que hacemos desde que nacemos aunque usted insista en poner fotos de florcitas en el grupo de amistad de face.

Bifurcación de mierda. Ahora él tiene que tomar para la derecha y yo seguir para la izquierda, cosa que no quisiera. Y que no puedo aunque debiera. Sigo con él pa la derecha, no sé por qué motivo pero eso hago, o sí sé, pasa que no puedo despedirme, no todavía. Y qué razón tiene Sabina cuando dice que la pasión es una ruina, pienso mientras camino a paso lento esperando que frene. Pero él tampoco se detiene, pasamos por la puerta de su casa, sigue de largo. ¡Sigue de largo!


Lo miro pero no me mira. Entra a una especie de restaurante abierto a poco más de cien metros de su casa. Hoy no he comido,  justifica, se sienta y agarra el menú. ¿Qué quiere tú? ¿Tortita? ¿Café? ¿Fuiste feliz, Jesús? Me mira sorprendido. Ceño fruncido. Niega rotundamente. En un mundo con tanto sufrimiento no se puede ser felÍ, me cuenta entre ademanes que le dijo un día Fernán Gómez. Me río descaradamente, debe ser por los nervios de la despedida. ¡Pero si Fernán seguro festejaba los goles del Atleti! La gente festeja el carnaval, festeja el mundial, festeja que Rosa de Sálvame deja la casa de Gran Hermano mientra la mitad del mundo se muere de hambre, Hesú ¿No es una pose hacerse el altruista? Se queda serio unos largos segundos. No era una pose, sentencia.

Y yo asiento pa darle el gusto pero nunca me olvido de lo que dijo Galeano: las palabras y los hechos se ven por la calle y no se reconocen. Necesito irme al hostal, no me da más el seso. Doy un mordisco a la tortita que compartimos. Ni remate, mire... (Capìtulo siguiente)

Continuará...

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