lunes, 23 de abril de 2018

Capítulo 247 "Begonia"

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Begonia y el Muso de Brazatortas
No lo leyó, todavía no le entró la barbaridad que equivocadamente le mandé porque aparece un solo tildecito en el mensaje. Begonia me tranquiliza, yo me empiezo a preocupar un poco porque si bien la Gitana no tiene datos en el móvil y sólo wasapea cuando cacha wifi (¿entiende por qué somos la una para la otra?) ya han pasado tres días… nunca está tanto tiempo sin chequear los whatsapp, por su trabajo más que nada, pero no quiero pecar de tremendista que ya sabemos como vengo de imaginaciones… Begonia es mi compañera de hostal, tenemos una historia desopilante juntas en estos dos días que pasaron pero NO ENCAJA ACÁ AHORA, BASTA. Y aclaro, por si usted no se dio cuenta (siempre le faltan dos palpelso), el capítulo anterior es para Ella, para mi Gitana (y este también), por si me lee porque lloro cada dos minutos me siento espantosa con lo del trío de Nochevieja que ni siquiera lo fue ¡NO! ¡NO FUE TRÍO, GITANA! ¡Nunca llegamos la trío! ¡Fue trío inconcluso! Nadie lo sabe Porque no tuve riempo de escribir el final de esa escena, creo que vino el tornado, o la borrasca, o el viento zonda o la puta que me parió, ya no me acuerdo pero no llegamos a finiquitar el asunto:

Rocío le había estirado la mano invitándolo a la fiesta, yo acababa de hacerle ver a ella la cara de dios, había tenido su pequeña escandalosa muerte porque gritó que te la voglio dire. Sentada encima mío con las piernas abiertas, su pelo morocho hecho un lío precioso. Yo irreconocible, con cuarenta de fiebre, la piel al rojo vivo pero peleándome igual con mis propias limitaciones. Ella le tendía una mano a Él que de tan pálido parecía la parca (pero no la pequeña), y con la otra acariciaba mi enloquecido jardín, muy acertadamente. Lo miraba a Él esperando que se sume. Yo no pude mirarlo más, estaba que me moría muerta porque la mano que tiene esta xica e espeluznantemente divina, seora… tiene la cancha que no tengo yo en saberme explicar, en saberme soltar.


Afuera David Bowie seguía con el amor moderno y los alaridos del periodismo español iban de mal en peor, ahora parecían más bien gritos y no de festejo y felicidad. Sonaban como a que algo estaba pasando, la música se cortó de pronto, se escuchaban solamente mis jadeos, casi imperceptibles, y las palabras subidas de tono que ella me decía al oído. Me concentré en lo mío, en ella, en lo que me hacía, en que los gritos me tengan sin cuidado. La Osada siguió con lo suyo, Él nos observó un momento más, su gesto (Sigue)
Continuará...


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