martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 4 “Yo o el sentido común, no hay espacio para los dos”

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 ¡En algún momento se debe madurar! ¡Entender hacia dónde se quiere ir! ¡Saber qué se quiere lograr!  Y vos te vas a quedar sola para siempre si seguís así, acordate ¿No ves que llenas tu cabeza con este español al que nunca verás y mientras tanto la vida pasa? ¡Los años pasan! ¡Las oportunidades se dan una sola vez! ¿Pero no es más interesante esto que jugar al candy crush o mirar a Belén Esteban? ¡No me interrumpas! ¡Los años pasan! ¡El reloj biológico! ¡La soledad de vieja! ¡Si escribis bien, como te dicen algunos, debieras ponerte a escribir seriamente no estas boludeces que ni se entiende qué son! ¿Quién querría editar estas locuras? ¿Cómo presentarías este trabajo a alguien serio? Y todo esto debe resolverse cuando aún se puede y tus padres, ojo… porque tus padres no van a estar para siempre. No vas a tener eternamente el colchoncito caliente esperando con los brazos abiertos, querida. Tus amigas se casan, tienen hijos ¿Y vos? (Bah… en realidad casi todas mis amigas se separan, con o sin hijos, pero en este momento manipulamos el texto para que todo sea más dramático así que sirve que todas se casen, aunque no).

Entonces todo muy lindo lo del objetivo lejano que pasea por las calles de Marbella con sus excéntricos pañuelos al cuello, el amor platónico y la mar en Hummer pero ¿Qué hay detrás de todo esto? (Aquí una pausa larga y angustiosa digna de El Momento de la Verdad) Supongo que la necesidad de escribir ¿Supones? ¡¿Supones?! (Aquí el sentido común casi me escupía cuando me hablaba, de los nervios) Escuchame, Marina (intentaba serenarse), no se puede ir a tocar la puerta de alguien que ya sabe lo que quiere, que ya tiene claro hacia dónde va y se ha ganado el respeto de la gran mayoría con un enclenque Supongo… ¡El mundo es algo serio, la gente es algo serio, el tiempo lo es! ¿El tiempo? Claro, no se le puede hacer perder el tiempo a la gente que trabaja, que cavila cosas importantes, libros y eso (Pausa) ¿Pero y si yo siento un impulso que aún no sé bien qué…? ¿Y el amor? ¿El amor también es algo serio? Porque a mí me gusta mucho reírme...

El sentido común no se reía así que tuve que obligarme a aceptar una cita con un pretendiente a quien yo prejuzgaba aburridísimo. Y, como debía ser, mientras tomaba el café con masita y no escuchaba al fulano de turno, que creo hablaba de política y quizá hasta era interesante, garabateaba mentalmente párrafos para mi próxima crónica Quintero. Obviamente no volvió a llamar. Y obviamente no había solución, por el momento estaba yo tomada por esta demencia loca y de la colina. Mandé al casi socio de Quintero la propuesta de televisión que me había pedido y que, según él, le mostraría. Al mismo tiempo buceando por el océano de la web descubrí algo que ignoraba: Jesús Quintero no es el autor de todos sus monólogos, resulta que el loco tiene un Cyrano, Javier Salvago y acaba de cagarla porque voy también por el... (Capítulo siguiente, pique acá)

Continuará...


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