jueves, 16 de julio de 2015

Capítulo 52 "Miedo de comunicacion" (Punto medio)

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(A ocho de Sevilla y chamuyando...) “Cuatro cosas tiene el hombre, que no sirven en la mar: ancla, gobernalle y remos, y miedo de naufragar”, escribió con elegancia de poeta don Antonio Machado. ¡Divino!, me dice usted aburrida y dispuesta a volver a la tele ¡Porque está Terelu con Lía Salgado y yo la estoy interrumpiendo! Es entonces que la detengo del bracete con gesto jodido porque (soy hinchapelotas y además) con Machado no acaba el cuento de los temores (que viene a cuento) ¡No, VIEJA NO! A Machado se le suma don Huxley para jodernos más y agrega que el miedo ahuyenta al amor, a la inteligencia, a la verdad ¡El miedo vuelve al hombre inhumano! (De acá se desprendería que los que manejan los piolines son los que más miedo tienen pero queda para otra vuelta porque ese tema me aburre).

Así que volviendo al miedo y sus parafernalias, como piedra sin llover nos cae encima Coelho y nos remata con una cursilería que dice: “Sólo una cosa vuelve al sueño imposible: el miedo al fracaso” ¡El miedo mata la mente! ¡El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total! ¡EL MIEDO EL MIEDO! ¡La pucha y la lista sigue! ¡INTERMINABLEMENTE!

Y si con todas estas recetas eruditas en forma de poema, si con toda esta literatura que advierte sobre la infelicidad garantizada al cobarde tenemos usted y yo el tupé de no ser valientes es porque somos porfiadas ¿Qué otra cosa quiere que le diga? El miedo te idiotiza, te roba las palabras en el momento justo y justamente fue lo que me pasó ayer: esperé a la salida del teatro a un actor que está en la cresta de la ola a ver si lograba tentarlo para que actúe en mi obra el año que viene. El chico de lo más amable me escuchó pero yo, vieja fruncida, yo fui con esa actitud de los que piden a gritos que les digan que no: no puse mi teléfono de contacto en la carpeta, balbuceé todo demasiado rápido y confuso para asegurarme de que ni se le ocurra interesarse en esta teatrera poco seria.

¿Ha visto? Usted pensaba que con una llamadita a Quintero nos dábamos el alta de terapia... Pues no... el miedo es un turro bárbaro, un sutil hijo de puta, se disfraza de enojo, de pasión, de amor, de timidez, de orgullo y de vergüenza. El temor muchas veces no se siente, se ve en la consecuencia. Cuando algo se tiene que dar y no se da es porque le tenemos miedo. ¡Y además el turro es un codicioso! Te deja en ruinas, como la deja a usted frente a la tele viviendo vidas ajenas y desviviendo la propia. Muy seguro el cagazo cree estar protegiendo nuestra balsa pero la mayoría de las veces nos cuida de naufragios que no existen. ¿Será que en esta época tan analfabeta hasta el miedo se ha vuelto un ignorante? (Capítulo siguiente pinche acà)

Continuará...


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