martes, 15 de diciembre de 2015

Capítulo 64 "¿Quintero?"

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Y ya me compré la remerita de rigor, ya bicicleteé la Giralda, los jardines de Alcázar y la mar en coche también. Ya le saqué foto al monumento de la cual, claro está, voy a alardear en la reunión de anécdotas del viaje que nunca haré ¡Así que no queda otra que enfrentarse al bulto que nos trajo desde la reina del plata hasta Sevilla! ¡No hay manera ya de huir del asuntito en el que me metí! ¿Y por qué querría huir? ¡CÓMO POR QUÉ, VIEJA! Es claro que si Jesús no me pone atención me veré obligada a comprender que no soy importante, brillante, rimbombante (y cuanto mejor andaría la cosa si consideráramos cada tanto esa posibilidad) ¿Y si resulta que el hombre este no es lo que yo esperaba? O peor ¿Y si lo es? ¿Cómo seguiría luego con mi vida de regreso en Buenos Aires? Siguiendo, ya lo sé, y también sé que a quien tengo que encontrar es a mí, que lo que me hace ir palante soy yo y no este loco, que lo que haga de mí depende de mí pero eso es muy trabajoso, jodido y no se me da la gana.

Así que sin pensarlo dos veces le seguí el camino a mis piernas que me llevaron sin titubear hasta la esquina de marras, a unos metros de la casa del loco. Ipad en mano para escribir esta crónica, me aposté en el bar a comerme un Salmorejo. En una mesa vecina tres mujeres charlaban como cacatúas: parece que se viene una ola de calor espantosa, decía una de ellas. Yo escuchaba agazapada bajo mis lentes de sol pero no dejaba de relojear la puerta, a lo paparazzi de Sálvame. Pasaron cinco minutos de reloj, acababa de ordenar mi almuerzo al simpático mozo cuando se dejó ver él.

El loco de la colina. Pañuelo al cuello, carpeta en mano, con su chaleco de gitano y sus lentes de colifa. Salió a la calle y ahí se quedó parado unos instantes. Miró haciéndose el distraído a una señora que pasaba, supongo que quería ver si ella lo reconocía. Se me escapó una risa, una emoción, un y ¿ahora qué? Ahí estaba el hombre que me puso a escribir hace año y medio aún no entiendo bien por qué. Cuando no sabés lo que haces pero lo que haces es lo mejor, se supone que eso es inspiración... De pronto reaccioné, me acerqué con paso presuroso, vestida así nomás porque yo, al igual que usted, no pensé que esto fuera alguna vez a suceder… Pero parece que si una insiste cualquier chifladura-- ¿Quintero? Le dije y me miró. (Capítulo siguiente pinche acá)

Continuara...

5 comentarios:

  1. guauuuu!!! lo que parecía una locura se concretó a fuerza de creer en ella... la utopía a veces es realidad... si uno se lo propone

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    1. Te extraño, Sefer! Cuando vuelvo retomo la psicóloga y nos tomamos una cerve en el jazz. No doy más...

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  2. Con respecto a la frase final, recuerdo un riojano que decía: "Estamos mal pero vamos bien". Y un dólar valió igual que un peso, hasta menos que un peso, con el Plan Austral. "Estamos condenados al éxito" diría otro y para los que creen en los "barriletes cósmicos" no queda más que mandar a la mierda a las viejas chotas de este mundo y convertir los "parece mentira, en verdad". A ver si convertimos esta aventura en una miniserie para HBO o Netlix. Un beso y a votar en la Cancillería.

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