jueves, 2 de marzo de 2017

Capítulo 92 "Todo lo que quisiera (o quisiese)"

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Mi absenta andaluza
La felicidad nos espera en algún lado, dice Voltaire, a condición claro de que no vayamos a buscarla... Y la verdad es estoy a punto de darle la razón al tipo porque nada de feliz está teniendo este asunto salvo el diálogo que mantuve de corazón galopante hace un rato con Antonio Gala. Dos horas hace que estoy sentada entre el público aguantando la ceremonia atenea plagada de funcionarios sosos, sus poco originales discursos que nada dicen salvo lo que dicen (nada) y el viento que se los lleva. Por suerte la lluvia nos da una tregua. Antonio está sentado en el escenario entre Vigorra y el loco (creo que igual de aburrido) y para colmo de bienes una mosca no deja de molestarlo. Cada tanto hojea el libro que le traje. Le dice algo al oído a Quintero que reprime una carcajada. Ahí están ellos. Mis monstruos. Mi absenta andaluza.


Terminada la representación de las momias burócratas la cosa levanta con las palabra de Quintero que nos hace reír a todos. Luego Antonio dice las suyas y entonces hasta el cielo se emociona. Las gotas nos obligan a levantar campamento antes de tiempo. La gente huye del agua, espantada, como si fuera algo terrible... Yo no pierdo de vista al loco ¡que si no no sé cómo vuelvo a Sevilla! Se baja del escenario de lo más ágil y me apropincuo a su lado como quien no quiere la cosa. Caminamos por la plaza de la Constitución, no tengo idea de hacia dónde ¿Se habrá terminado el evento? ¿Le cuento que me quedé sin un peso y tiene que llevarme de vuelta? Me mira de coté y me comenta que vamos a almorzar a no sé dónde, como si ya fuera yo parte de su entorno. ¡¡Su ausencia de transiciones me fascina!! Caminamos unos metros y ahí nomás una tromba de carbulenses se nos viene encima ¡Mama mía! ¡Lo que es ser Jesús Quintero!


La lluvia se pone impiadosa. Tras escapar de la marabunta excesivamente cariñosa nos refugiamos en un barcito que encontramos por ahí. ¡Qué lindo es Andalucíaaaa! ¡Qué lindo es el barcitoooo! ¡Está lleno de personajes! ¡QUÉ LINDO TODOOO! Tú andas con toda la sarampión, andas buscando, me dice mientras toma de su cocacola. Yo me pedí un tinto pa ver si medio entoná me animo a decirle lo que quisiera. ¿Hay algo que encontrar, loco? Se queda mirándome un momento. Y ahora mismo creo que le propondría casamiento, su pelo mojado, su mirada rústica, sus zapatillas colorinche…

La coca y el tinto.
En eso se nos acerca un chico y sin pelos en la lengua: ¿Tú conoces a Fulana, Jesús? (Fulana es la simpática asistenta novia del loco que no vino a Almodovar) Sí, trabaja conmigo, responde Quintero algo sorprendido. ¡Tú hablaste con ella, Marina! Hago una pausa ¡¿Yo?! Lo miro desconcertada, no sé qué decir ¡Y es que no estoy acostumbrada a esto de andar con la celebrity! Pillados in fraganti, pienso, aunque en verdad no estábamos haciendo nada (todavía), pero estábamos solos en un barcito y qué teníamos que andar haciendo solos en un barcito si tendríamos que estar almorzando no sé dónde con no sé quiénes y mirá si el chico este le cuenta a ella que-- ¡Sí, hablé esta mañana pero me dijo que no podía venir!, concluyo y me clavo un trago de tinto. El chico asiente y se aleja, satisfecho.

Entonces nos miramos con Jesús convencidos de que estábamos haciendo lo correcto, como hacen a diario nuestros funcionarios. (Capitulo siguiente pinche acá)

Continuará...

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