sábado, 25 de febrero de 2017

Capitulo 91 "Doña Flor y sus dos maridos"

Capítulo anterior

“Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio. Fuerte a pesar de todos y contra todos. No importe que la pena lo haga dar de cabeza contra la pared. Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente: ¿Soy sincero conmigo mismo? Y si el corazón le dice que sí, y tiene que tirarse a un pozo, tírese con confianza. Siendo sincero no se va a matar. Esté segurísimo de eso. No se va a matar, porque no se puede matar. La vida, la misteriosa vida que rige nuestra existencia, impedirá que usted se mate tirándose al pozo. La vida, providencialmente, colocará, un metro antes de que usted llegue al fondo, un clavo donde se engancharán sus ropas, y usted se salvará...”

Y arriba de la mesa Roberto Arlt...
Le creo a Arlt y siendo yo misma hasta el caracú corro no a tirarme al pozo, vieja literal, corro hasta mi mochila a por Los lanzallamas (también de Roberto Arlt) y ya arriba del escenario le doy el libro y la carta a Antonio Gala, esa que me prometí darle en mano ¿Y quién es Roberto Arlt?, pregunta el muso echándole una mirada. Con el corazón galopante le cuento entonces sobre Roberto, también que el libro es mío hace veinte años y ahora es de él porque se lo regalo y-- ¿Y cuántos años tenías tú cuando lo compraste? ¿Eh? No sé, Antonio, esperá… ¡CON LA DE NERVIOS QUE TENGO DE TENERLO ENFRENTE ME HACE SACAR CÁLCULOS EL MARRANO! Pienso un momento. ¡Sí sé, tenía veinte! ¡Entonces ahora tienes cuarenta! (Ahhhhhí quería llegar él) ¡Pues estás estupendamente!, continúa. ¡Vos también, Antonio! Carcajeamos como pavos y charlamos no de bueyes perdidos, más bien de musos encontrados.


Y sí, le confieso que sentí unas ganas inmensas de abrazarlo pero no lo hice porque uno no suele hacer lo que quiere en esta vida sino todo lo contrario. Tampoco me saqué una foto, Gala odia a las gentes y a sus telefonitos así que no le pedí, no quería ligarme un bastonazo (pero filmé un video sin que se diera cuenta, de coté). De pronto siento una loca presencia a mi derecha, Quintero nos observa serio ¿Dice usted que se puso celoso el chiflado? Sintiéndome doña Flor y sus dos maridos le prometo a Antonio en la semana que me queda pasar por La Baltasara para que nos tomemos un té, me mira entonces medio aterrado, supongo que por la convicción con que se lo dije.

Todavía acelerada bajo del escenario para que dé comienzo la ceremonia ¿Serán estos dos lúcidos andaluces el clavo que me salva del porrazo? Mi corazón hace silencio pero yo creo que sí... (Capítulo siguiente pinche acá y va)

Continuará...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario