viernes, 31 de marzo de 2017

Capitulo 94 "No vaya por su sueño, vieja"

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Gala, el sombrero loco y el de la colina buscandoló
Claro. ¡Ustedes son todos unos turros! Ponen el cartelito en face pero no advierten que ir tras los sueños tiene sus neuróticas consecuencias. ¡Ir tras el sueño es lanzarse al vacío sin saber si hay agua, vieja nefasta! ¡Puro imprevisto es al final todo esto! ¡Tan bien que estaba cuando no encontraba a este tipo! ¡TAN FELIZ QUE ERA YO CUANDO ERA INFELIZ! Y ahora mismo-- SE CALLA USTED que ahora mismo está por darme de nuevo la taquicardia porque entramos con el loco al enorme lugar de la comilona atenea (tras haber rescatado su sombrero) y a unos metros ¡¡Antonio Gala!! Está almorzando mientras chusmea sin parar con una señora de violeta. Parece bastante contrariado el hombre. En el lugar hace mucho calor, no cabe un alfiler y todos hablan a los gritos… Jesús me dice al oído que la mujer de violeta es Rosa Aguilar, la consejera de cultura. Así que todavía no sé cómo vuelvo a Sevilla pero parece que comer voy a comer (y no con cualquiera).


Me quedo parada un momento frente a las mesas repletas. Lo miro a Antonio. Me río sola ¿Qué cuernos estoy haciendo yo acá? ¿Qué es lo que queres, Marina? ¿Buscando, perdida o escapando..? En eso un muchacho de la organización se acerca y me dice que intentarán hacerme un lugarcito cerca de Antonio. Y a mi claro me dan los nervios de nuevo porque hete acá la encrucijada del capítulo ¿Me siento cerca de Gala o la sigo con el loco? ¿Y si me siento cerca de Gala qué carajo le digo? ¿Le pregunto cosas? ¿Le hablo de mi? Estoy paralizada. Sé que EN LA VIDA voy a tener otra oportunidad como esta y sé también que a usted esto el importa un pito pero qué quiere que le diga (nada), yo jamás de los jamases imaginé que un día iba a estar debatiendo entre sentarme a charlar con el irónico de Brazatortas o con el chiflado onubense. ¡Porque los sueños nunca se cumplen en este mundo espantoso! (Dijo mi optimismo mal informado)

Sigo mi instinto. Salgo por donde salió Jesús. Se está acomodando en un lugar fuera del comedor, una suerte de patio techado con vistas al castillo de Almodovar, ni un pelo de tonto, “porque el loco es loco pero está bastante cuerdo”, me había dicho Luis Pineda cuando aún era un hombre libre, allá por el capítulo 2.

Cuelgo mi morral en la silla y sin dudarlo me siento a su lado. Los dos en silencio miramos la lluvia. La lluvia y el castillo. ¿Podría ser la situación más putamente romántica? Pienso que me queda sólo una semana y posiblemente hoy sea la última vez que lo vea. No quiero. No quiero que se termine este día. No quiero volverme a Buenos Aires. No quiero no verte más, loco andalú (sufro sobremanera). En eso un muchacho nos trae un plato de huevos con papas y pimientos y unas jarras de cerveza. ¡Pinta de pelos! Jesús da un bocado a la comida y me pasa el tenedor. Me lo quedo mirando; sonríe... (Capitulo siguiente pinche acá)

Continuará...

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