domingo, 30 de julio de 2017

Capítulo 105 "El sexo y el castillo"

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Santiago el contagiado

El mundo no quiere ser cambiado, los pobres no quieren ser rescatados, la desigualdad no quiere ser igualada y le juro que explayaría acá el porqué de mis aseveraciones pero como a usted le entrará por un oído y le saldrá por el otro me voy a ahorrar el disgusto además seguramente ya lo ha hecho algún otro erudito hace siglos y mucho mejor (lo de disgustarse). Y volviendo al tema, Jesús posiblemente no quiera volver a la radio y menos que menos irse a la Argentina porque el hombre ya no está como para andar cruzando Atlánticos, vivir en un monoambiente de Buenos Aires con una chiflada argenta que se encaprichó con llevárselo a trabajar a radio Milenium cuyo dueño hace un rato volvió a escribirme pidiéndome que lo contacte con el loco, a ver si lo convencemos… Santiago Pont Lezica está oficialmente contagiado del virus de la porteña loca y yo lo quiero tanto… nos falta un pirado más y seremos multitud.


Lo que debe ser coger allá arriba, ¿no? (Los recuerdos me invaden, usted dispense). Allá arriba estaba el castillo de Almodovar del Río y acá abajo Jesús y yo sentados frente a una pequeña mesa esperando que nos trajeran algo de comer. Al loco no le gusta el bullicio porque donde hay bullicio no hay alegría, la alegría suele hablar en voz baja… Así que se hizo armar una mesita improvisada afuera del comedor y lejos de la multitud.

Gala, el sombrero loco y el de la colina buscandoló.
Yo no sabía bien en dónde cuernos estábamos, me limité a seguirlo desde la plaza de la Constitución en donde nombraron a Antonio Gala ateneo de honor. Nos metimos en un auto que amablemente ofreció subirnos hasta el lugar. A pocos metros don Antonio Gala puteaba y charlaba ávidamente con una señora de violeta que luego me dijeron se llamaba Rosa Aguilar, la alcaldesa de no sé donde. A unos metros de Gala estábamos ¿a usted le parece? La lluvia seguía arreciando para hacer a la cosa más romanticona ¡¿Coger?! ¿El loco acaba de decir coger en lugar de follar? Efectivamente, señora, se aporteñó el andalú, y luego agregó: la de hitoria que habrán pasao en ese Castillo…


Y así es, el recuerdo supera en intensidad a la vivencia porque en aquel momento estaba yo paralizada, no podía hilar con él un diálogo coherente (cosa de locos), me apabullaba su presencia, estar sentada a su lado compartiendo el flamenquito, pero ahora, mientras lo observo entrevistar a Farruco en La Carbonería desde la seguridad de mi rincón de a ratos me sumerjo en el día de ayer y entonces me animo a sentir, a mirarlo a los ojos e incluso me atrevo a preguntarle con el bellísimo Castillo de testigo ¿A dónde van los amantes por acá cuando quieren no ser descubiertos? (Capitulo siguiente pinche acá y va aunque es aburridísimo)

Continuará...


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