lunes, 4 de diciembre de 2017

Capítulo 147 "Oniria"

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La luz me da de lleno en la cara, me cubro los ojos con la almohada sin funda. Hace calor. Me destapo. Abro un ojo. Me encandila la claridad. Lo cierro. El sol me quema el tobillo, vuelvo a taparme. Tengo el cuerpo transpirado y siento la cabeza como plomo. Las ventanas están abiertas de par en par pero no corre una gota de viento. Y se calla usted que tengo puesta una remera blanca pero ajena pintada a mano que dice Ecosia, y mi bombacha beige. Estoy en paños menores, sí. Ella duerme profundamente de espaldas a mi, creo que desnuda pero no estoy segura porque el acolchado blanco le tapa de la cintura para abajo. ¿Cómo llegamos hasta acá?

Calma. Yo estaba escribiendo en el piso de abajo (Pausa) ¿O era el de arriba? Estaba escribiendo en mi ipad todo lo ocurrido hasta ahora con la femme fatale, me había sacado el pullover empapado, el loco que nunca deja de sorprenderme, la tele encendida, la tormenta, la marihuana, bajamos… pero ella dormía arriba-- Mi ipad, necesito mi ipad. Busco con los ojos por la habitación que me parece no es la misma de ayer. Está hecha un desastre. La cama es el doble de ancha y las sábanas son de color rojo, las de ayer eran blancas. ¿Será que es el lecho de ellos dos? Me muevo lentamente, sin hacer ruido, en el piso, al costado de la cama están mi teléfono celular, mis borcegos recién comprados en Madrid y mi morral. Frente a la cama un plasma de ochocientas pulgadas, seiscientas botellitas de cerveza Cruzcampo perfectamente ordenadas ¿Y el ipad? La sábana de abajo está algo revuelta, puedo ver la tela del colchón, hubo escenas interesantes sobre el lecho.


Y al ser humano le atrae el misterio, aquello que lo ilumina y lo ensombrece, aquello que le entusiasma y a la vez lo embarga de tristeza… y pocas cosas más misteriosas que el cante jondo, me dijo el otro día Antonio Gala, y pocas cosas más misteriosas que esta mujer. Le miro la espalda larga y el problema es que ya sin los efectos de la marihuana me quiero quedar a invernar con ella, aunque haga calor. Acercaría mi cuerpo al suyo, la tomaría de la cintura y así me quedaría hasta que usted se aburra y se vaya para siempre. ¡Pero a mi no me gustan las chicas! ¿O si? Shhh, si la acaricio se va a despertar y es tan linda así dormida, serena, sin problemas ni dilemas, sin orgullo ni prejuicios… Me acerco despacio, le huelo el ser entero... ¡¡¡Pero no, a mi no me gustan las chicas!!! ¿O sí? Además necesito mi ipad. Ignoro el instinto y hago uso de la razón (cada tanto viene bien), me siento al costado de la cama. A lo lejos oigo ruidos, ¿ruidos de desayuno? (Sigue)

Continuará...

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