martes, 26 de diciembre de 2017

Capítulo 163 "Estriptís"

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Entonces reaccionó, volvió a mirarme de arriba a abajo. Yo no me moví un milímetro. Además mi blog no lo lee nadie, insistía en defenderme, te lo juro de verdad… Darín lo lee de prepo y solamente cuando se lo mando por tuitter que como soy tímida no lo hago muy seguido y Campanella ya se olvidó de que existo y Antonio Gala lo mismo, leyó algunos capítulos que le dejé cuando lo vi en su Baltasara y después se lo mandaba por carta y hay que ver si lo leía, seguro que no, que se aburrió y apenas veía mis sobres los hacía quemar en la hoguera y-- Ahí ella se sacó la musculosa mojada. A sus pies se había hecho un lodazal importante y yo, obsesiva como soy, me hubiera lanzado a limpiarlo YA, tras correrla de un empujón pero no podía dejar de mirar su estriptís, que le dicen lo andaluce a este suceso del que estaba yo siendo testiga, testiga en peligro.

Los tres persona/jes todavía miran para acá. Saludo haciéndome la boluda con una mano. El viento de playa me zumba en los oídos, está llenando mi ipad de arena y eso sí que es cosa grave. Él vuelve a decirme algo ya entrando a la casa pero no llego a escuchar qué. Los dos tipos entran atrás y con los quilombos que hay en el mundo a nadie le llama la atención ver a una chica de su hogar como yo agazapada bajo unos arbustos con un bombín azul que me prestó la rubia gitana, pa que no te insolé, me dijo y me lo puso apenas llegamos a El Portil (no me lo saqué má). Así que benditos sean Puigdemont, Rajoy y los diarios de chimentos como El mundo o El pais que lee usted y que me ayudan a pasar desapercibida, graciadió, diría algún futbolista.

Ella terminó de sacarse, no sin cierto trabajo, los jeans mojados y entró a la ducha en ropa interior. Primero probó la temperatura del agua, demasiado fría para su gusto, abrió un poquito más la caliente y esperó hasta que el agua se calentó. Metió sus pies embarrados bajo la lluvia, el color amarronado se iba yendo por el agujerito. Se hizo un rodete raro en el pelo rapidísimo y entonces me miró como hace un rato, cuando las dos sentadas en su cama, me miró los ojos, la boca, el cuello... Tengo que encarrilar esto, pensé resistiéndome al desquicio; cerré mis ojos ¡El protagonista es él! ¡¡¡ÉL, Marina!!! La miré firme y decidida, intenté decirle algo pero no pude porque ella me acarició el pelo, me tomó la cara con una mano, pasó lentamente su pulgar por mi boca, sonrió casi imperceptiblemente y luego me abrazó bajo el agua tibia, reposó su cabeza sobre mi hombro tenso. Me quise morir, y después pasé mis manos alrededor de su cintura. La luz cada tanto parpadeaba. (Sigue)

Continuará...

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