jueves, 1 de febrero de 2018

Capítulo 194 "Borrador descarnado"

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Ya eran las cinco de la mañana, María José seguía aferrada a su “Historias del cine”, miraba por la ventana la luz de las farolas de la calle, su cara de manicomio había mutado a depresión profunda y obviamente no era por su venidero divorcio sino porque se había dado cuenta de que esa primera versión del guión que traía consigo era la que le había mandado a Campanella, con escenas repetidas, sin terminar, un espanto, según ella; después de joderle la paciencia un año por el gmail logró que el hombre le diera bola, le pasara el contacto de no sé qué productores pero ya lo dice el dicho: ¡He mandao un borrador a Juan José, Fíloc! ¡Mi vida está acabada! Y yo seguía aferrada a mi móvil, a mi Gitana, al intento de continuar al menos UNA línea coherente, sucesiva en este relato, línea que ya no recuerdo ni cómo, ni cuándo, ni ciento volando, decía más o menos así:


¿Qué hace tú aquí?, había preguntado Ella como si fuera yo la que estaba a las cuatro de la mañana en la cama equivocada, con sus pelos liados, recostada frente a mi, tenía un vestidito negro que le quedaba precioso, se había puesto el brazo de almohada, plácidamente, y yo sonreía pero tenía ganas de llorar. Los periodistas que todavía quedaban se habían ido a dormir, era 5 de enero, hacía frío. Mi mano todavía sobre su cintura. Me miraba en silencio, su media sonrisa, sus ojos intensos; estaba triste. Sólo mirarme y la respiración me empieza a variar, que la parió. Y yo evitaba verle los rasgos iluminados por las luces del arbolito de navidad, corregirle el rimmel corrido porque si hacía eso luego le iba a tener que dar un beso en la comisura de la boca, otro en el cuello, abrazarla fuerte y mientras su pelo enredado se colaba entre mis dedos pedirle que no se vaya más… 
Me acarició la cara con el dorso de la mano y se recostó boca arriba. Me destapó pero ni se dio cuenta. Suspiró. Y ahí me vi tentada de contarle, quizá porque me daba bronca que se hubiera ido tanto tiempo. La miré, no era momento.
Respiré hondo ¿Qué hacés acá, Gitana? Primero me miró raro, claro, porque para mi es moneda corriente lamarla así pero a ella nunca le había dicho de esa manera. ¿Gitana?, repitió divertida mirando el techo. Volvió a girar el cuerpo hacia mi, me miró unos segundos y después me corrió el pelo de la nuca, se acercó despacito, pensé que me iba a dar un beso pero no, llegó hasta mi oídoporteña, me dijo. Y a mi se me erizó hasta el apellido. ¿Así é que se dice, verdá? Me hizo reír. Ella también soltó una carcajada loca y en un segundo volvió a ponerse rara, distante, se recostó boca arriba otra vezSe levantó de un salto y caminó hacia la ventana, la abrió de par en par, respiró el aire helado que venía de la playa. Casi me derrito de sólo verla, el vestidito le quedaba realmente precioso, mi bella protagonista miraba la luna entristecida, me regalaba una imagen generadora de la puta mare que me parió.
PD: La chica que cuida a mi mare ayer me mandó otro whatsapp, dice que tengo que pagarle YA el aguinaldo y las vacaciones y que se las quiere tomar ahora mismo. (Sigue)
Continuará...

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