sábado, 3 de marzo de 2018

Capítulo 214 "El corazón que moría"

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No hacíamos más que mirarnos, acostadas sobre la lona de playa. Ya estaba bajando el sol y empezaba a refrescar. Se acababa el día de reyes, me habían dejado a la Gitana de madrugada recostada en mi cama. Ella seguía desnuda, yo me había puesto la tanguita. Nos habíamos tapado con los pareos y las toallas, los pusimos como de colcha, parecíamos hippies de verdad. Ella estaba preciosa con su piel bronceada, su pelo embrollado... mi Gitana agreste... No nos habíamos dado un solo beso en toda la tarde, habíamos hablado, de todo, de todo menos de eso. Ella habla mucho, yo un poco menos, Ella habla mucho y se apasiona y a mi me encanta tanto... Y de a ratos se quedaba dormida. Me acordaba de la madrugada y se me encendía todo de nuevo, pero no me animaba a hacer lo que las rubias gritonas. Me había llevado como loca de la ducha a la cama, cerró la ventana, acomodó la ropa tirada, en un segundo, y después nos metimos abajo de las frazadas, muy apremiadas por abrazarnos y darnos calor. Suspiré. Enamorarse es arduo…

Me arrimé despacito a Ella, me metí abajo de su pareo y la toalla, la abracé bajo la tienda de campaña, otra vez nos dábamos calor. Abrió los ojos, me miró unos segundos. ¿Y tú cómo ha estao?, preguntó todavía con sus ojos achinados de siesta. Me hizo reír. Le corrí un mechón de pelo de la cara. Nos tapamos hasta la cabeza y le di el primer beso de la tarde. Me animé a tomar la iniciativa. Puso mi mano en su corazón, para que vea cómo le estaba latiendo, le latía fuerte y rápido. Y a mi con eso se me terminó de desbarajustar todo porque más o menos, bien que mal, había logrado quitar el foco de la Gitana, un poco con ayuda de Dragoni y sus recursos estrambóticos, otro tanto gracias a Enrique y su señora mujer que resultó ser una preciosura de gente… Había vuelto de la muerte y del florón tras sus cinco días de ausencia, ¿me comprende? Porque yo no puedo vivir así, que un día la tipa se va y no sé nada de Ella y después vuelve, se me mete en la cama, parece que me ama, me arrastra toda desaforada al más hermoso de los infiernos y… ¡No puedo! Pero le latía el corazón fuerte, se lo hacía latir yo, me puso la mano ahí y me miraba como diciéndome: Que tú me importa musho… El viento de playa empezaba a ponerse bravo. (Sigue)

Continuará…

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