viernes, 16 de marzo de 2018

Capítulo 222 "El club de los idiotas fieles"

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La Sensual el día trágico de los caracoles
Él cada tanto daba una pitada a su cigarrillo light, miraba las mesas allá a lo lejos, su diseño de iluminación, el mar, las chispas, el año que se nos iba; ella sentada a su lado, los ojos clavados en el perfil añejo del perro andalú, añejo, estepario, seductor. No me escucharon entrar, o no le dieron importancia. Caminé unos pocos pasos cuidando de no hacer ruido hacia el balcón, decorado con gran devoción. Lo había arreglado la Gitana para la navideña ocasión, había cubierto el piso con algo que parecía nieve, de las barandas colgaban muchas lucecitas de colores. Ella había invertido tiempo y amor haciéndolo, seguramente mucho, y ayer estaban juntos sentados ahí, en la mesita, haciendo cosas de novios, pero luego, ahí mismo, adelante mío, Él coqueteaba con la otra, con la sensual de Ibiza… Y ya lo dijo Nietzsche, señora, el mundo de Platón no existe o quizá sí, quizá el mundo ideal es justamente esto, un Loco que no se ata ni te ata…

Era la primera vez que entraba a la pieza de Ellos, siempre había mirado de pasadita por la rendija de la puerta, cuando quedaba entreabierta. La cama era gigantesca, como de campo, la base de madera hacía juego con una enorme puerta y el piso rústico, me imaginé por un momento invernando con Ella, el hogar encendido, afuera el frío y el viento... Pero se supone que en ese momento estaba enojada con la Gitana así que en realidad no quería nada con Ella nunca más. ¡Se le había ido el barco por jodida! (La extrañaba horrores). A la cabecera una decena de almohadones en tonos blancos y beige. Plasma, diarios, libros, sillón, un enorme ventanal con vistas a la terraza y un minibar, la Gitana de tonta ni medio pelo, eh, porque está bien esto de que una se enamora de la persona bla bla pero si tiene minibar mejor.

Y no veah la tajá que llevaba el otro día compare, dispué no vea la parienta, ¿en? ¡HAHAHA!, le dijo la Sensual a los gritos, tenía puesto uno de esos shorcitos cortos y holgados, se reía y abría las piernas que se le veía todo. Ahí estaban los dos, permitiéndose ser felices, o algo así. ¿Y cómo puede ser que yo una vez quise serle infiel a mi marido americano y no pude por la culpa que me daba? Llegué hasta la puerta del telo con el otro fulano, esperábamos en el auto porque había cola para hacer el amor, en Argentina se hace cola para todo, señora, y a mi se me dio por sacar de la billetera la foto de mi entonces todavía no marido... y no pude... se la mostré, este es mi novio, le dije al fulano… Me dio una angustia terrible y nos tuvimos que ir. ¡Nos fuimos sin hacer nada! ¿Me postulo a presidenta del club de idiotas fieles y comedidos? Tengo que deconstruirme, pensé, aunque vuele de fiebre y me duela ahora la garganta. Me envalentoné, caminé hacia ellos, me dejé ver; me vieron. (Sigue)

Continuará...

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