domingo, 27 de mayo de 2018

Capítulo 273 "Hasta la médula"

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Para estar como yo hay que ser Dragó durante 80 años y eso solo me ha pasado a mí, exclama el que te jedi desde el asiento de atrás, el que sabe de todo, el que me inició en el mundo de las sustancias. Viaja a lado de una periodista guapetona, escote pronunciado, de esas que van por la vida con su delantera como punta de lanza. Y ganan, claro, las minas que saben usar lo que dios les dio son las que dominan el mundo, el mundo que las rodea, y el resto también, no pierden el tiempo enojándose porque un vago les dice algo chancho por la calle, no, saben reconocer las nimiedades de la vida y se ocupan de lo importante. La macana es que son minoría... ¿Quién le enseñó a manejar a este tipo? ¡Podés no darte vuelta? ¿Querés que nos matemos? Sí, quiere que nos matemos. Decile que no se de vuelta vos, que fue tu empleado este chitrulo, ¡me voy a morir porque este aparato le mira el escote a ella! ¿Queda muy lejos a dónde vamos? Que mire para adelante. Si no desayunamos en la casa, total da igual, ¿o no? Quedó de todo de ayer a la noche. ¿Vos querés que el blog termine fatal? ¿Querés que no pueda escribirlo al final? ¿Que tú escribes en un blog?, pregunta ella, encuriosada, la del escote, se llama Anna. Yo no le respondo porque el día que esto pase a mayores intuyo que se me arma la podrida.

Estoy sentada adelante, entre Jesús y el gordo que sigue oliendo a pecaíto, tiene puesta una gorra espantosa. El loco bajó una especie de almohadoncito que tiene entre los dos asientos la camioneta pero igual no entramos los tres, este Risita es ancho como dos María Marta Serra Lima. Y a causa de eso tengo el cuerpo más que pegado al de Él, que me hizo caso, fuma su cigarrillo light pero tira el humo por la rendijita de la ventanilla, al final tan rebelde no es el mariconazo, un poco me enternece. Las calles de Huelva están desiertas, Risita sigue maniobrando que me estoy por morir de un infarto, sobreviví a la insolación, a las 48 horas sin dormir, a la ausencia de la Innombrable, y ahora no va que me muero por este pelotudo al volante. ¡No va a haber nada abierto! ¿No quieren volver? De verdad, no fue una buena idea. El loco me mira de coté, se me eleva la temperatura corporal al triple de lo que la tenía. Se arregló el pelo, tiene puesto un chaleco que le queda perfecto, la camisa abierta que le asoma el pecho lo justo y necesario, volvió a ser Él, el guapo, el legendario, y es interesante cuanto puede restar o sumar un mal peinado, dígame superficial porque lo soy. Y es impresionante cuanto pueden variar las actividades corporales con una ojeada legendaria de coté. Dejo caer mi cabeza sobre su  hombro, haciéndome la que no se da cuenta, se me erotiza hasta la médula espinal, matémonos, que no me importa nada. (Sigue)

Continuará...

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