martes, 23 de septiembre de 2014

Capítulo 21 “Ese pantanoso trecho entre el dicho y el hecho”

Capítulo anterior

El cambio depende de ellos... (9 millones de visitas)
Hoy no le diré “vieja cachuda”, hoy la trataré bien y no es que estoy buena porque empieza la primavera ¿Ha visto, sábelonada? ¡Siempre supone mal! No gusto de la primavera, ni de la gente que va contenta de aquí para allá y menos que menos del sol resplandeciente reclamándome ser feliz ¿Y si no quiero ser feliz? ¿Y si no se me da la gana? ¡Soy sola! ¡Voy a cumplir 40! ¡Los políticos siguen robando y lo peor es que el cambio estaría dependiendo de nosotros! ¿Podría ser más oscuro el panorama? (Sí, pero no me lo diga)

El motivo por el cual no le diré hoy “vieja cachuda” es que me he comprado el nuevo Iphone 6 y aún estoy dentro de los 10 minutos de felicidad que la nueva adquisición me proporciona y, es sabido, alguien feliz trata mejor al prójimo ¡¿O se cree que el gobierno nos da cada vez más fines de semana puente para que paguemos felices nuestros impuestos?! ¡No! ¡Eso usted lo piensa porque está viendo el mundo con los ojos distorsionados y tristes de alguien que aun no ha adquirido su nuevo iphone 6.

Y volviendo al tema, lo que yo me digo en este momento es ¡Promesas, promesas y más promesas! Los candidatos políticos qué hacen ¡Promesas! Los tratamientos para adelgazar qué hacen ¡Promesas! ¿Jesús Quintero y su séquito qué hace? ¡Promesas! Y está muy bien porque saben que nosotros no necesitamos hechos para estar contentos, necesitamos I LU SIO NES ¿Para qué gastar de más? Sucede que todo tiene un límite (o debería) y a mi la ilusión se me están agotando al igual que a usted la paciencia. Porque justamente en el trecho que queda entre el dicho y el hecho está el quid de la cuestión. Uno se puede pasar años atrapado en esa neblina espesa, en ese légamo sórdido que hay entre la promesa y su concreción...

Estamos acostumbrados a revolear palabras sin cuidado y es un tema espinoso porque entre el “Voy a leer tu obra” y el “La he leído” se queda empantanado mi estreno en Sevilla; entre el “Pondré la televisión más baja, no se preocupe, vecina” y el “He bajado el volumen” se queda estrangulado el insomnio de alguien; entre el “Daremos educación y jubilaciones” y el “Las hemos dado” queda agonizando la dignidad de millones... Y la verdad, vieja, de palabras minusválidas están repletas las redes sociales, al iniciar esta búsqueda yo iba detrás de algo distinto...

Así que como a mi me obsesiona el comportamiento humano yo quiero saber ahora, aunque a usted le interese un pepino, por qué Quintero me dice que quiere leer el texto, Verónica (su asistente) que se lo pasará, Macarena Marquez que el Teatro Quintero está interesado y Gervasio Iglesias nos da teléfonos que no funcionan... ¿Que el sur de España es así? ¿Que son unos veletas? ¿Que no gaste energías en quien no las merece? Pues, mire usted, las gastaré porque este tipo de cosas me hacen pensar que el problema aquí no son los políticos ¡Todos somos partes de la mugre infame!, dice el protagonista de la obra que ensayo ¡Sí, usted también, vieja chancluda! Enójese, muy bien y si puede, demuéstrese lo contrario. (Capítulo siguiente piche acá)

Continuará...


No hay comentarios.:

Publicar un comentario