domingo, 5 de febrero de 2017

Capítulo 89 "Lo extraordinario"

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La prueba de una inteligencia de primera es la capacidad de retener dos ideas opuestas al mismo tiempo y conservar sin embargo la capacidad de funcionar. ¡El ejemplo viviente de esto soy yo que estoy ahora mismo bajando del taxi en Almodovar del Río! ¡Completamente desorientada, sin un solo peso encima, pero INTELIGENTE Y DE PRIMERA! Porque por un lado siento que esto es un disparate al ñudo, que con la plata que me está saliendo podría producirme una obra de teatro (otro disparate al ñudo pero socialmente aceptado) ¿Encontrar a mis musos? ¿Para qué si nadie me lee? ¡A nadie le interesa! ¡Nadie me megustea entonces no pertenezco al mundo que importa! (El de face) Pero por el otro lado creo que lo que estoy haciendo es algo extraordinario: en estos tiempos de apatía, de miedo a perder lo poco que se tiene, en estos tiempos de no arriesgar un ápice, de pedir a gritos el cambio todos los días igual, lo extraordinario es ir por lo que se quiere, dejar atrás la “zona conocida”.

Parada en una suerte de enorme estacionamiento veo como el taxi se aleja. A 10000 kilómetros de casa y completamente quebrada. ¿Será que Jesús viene al evento finalmente? ¿Será que te vuelvo a ver, loco andaluz? Miro a mi alrededor. Varias personas de acento muy cerrado conversan alegremente. Un par de autobuses privados descansan estacionados a algunos metros. Levanto la vista y ahí es que lo veo: el imponente castillo de Almodovar, me deja sin aliento. ¿Y eso de dónde salió? ¡Que belleza! Un muchacho de la organización me saca del anonade, al escucharme pregunta de donde vengo y ahí es que se empieza a armar la batahola. ¡Que cómo te has venido de tan lejos! ¡¿Desde Argentina?! ¿Desde allá a darle un libro a Antonio? Yo asiento mientras observo asombrada el asombro del muchacho. Más y más gente que se acerca encuriosada, me miran como a bicho raro. Empiezan a caer algunas gotas. Pues oye, sigue el hombre, la verdad es que no hay más lugar pero dada la circunstancia te lo haremos. ¿Te gustaría darle el libro a Antonio en el acto? Lo miro aterrada. ¿En el acto dónde? ¡¿En el escenario adelante de todos?!


En ese momento llega un pintoresco trencito que nos lleva hasta la plaza de la Constitución. Y ya ahí el flamante escenario, la emoción que me parte el pecho ¡Carteles de Antonio por todas partes! Árboles, gente asomada en los balcones. Camino por entre la gente, algunos abren sus paraguas y disparate o no mirá vos hasta donde me traje... ¡Estás en Andalucía! De pronto la gente se alborota: a lo lejos Jesús Quintero llegando, es uno de lo invitados de honor, viene camino del escenario, pañuelo al cuello, lentes de loco, sombrero de la colina... Pasa a mi lado, cruzamos miradas. Me reconoce ¡Hola!, sonríe. Mi corazón se detiene, devuelvo el saludo con una sonrisa tímida. Él sigue hasta el escenario como puede porque le piden fotos, lo abrazan, le dan teléfonos, le cuentan anécdotas... Extraordinario, pienso mientras me acomodo contra una pared. (Capitulo siguiente pinche acá)

Continuará...

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