martes, 17 de octubre de 2017

Capitulo 115 "No"

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En este no...
Puedes escribir en cualquier diario de Sevilla, me dice tras leer la Crónica de Almodovar, los dos sentados en el bar de la esquina. Pero yo no sé si sirvo para escribir en diarios que te digan qué escribir, Jesú, no sé si me sale. Él responde que en Sevilla hay diarios independientes, que gozan aún de buena salud. Yo sigo todavía sin caer, nos estamos despidiendo y no asimilo todavía todo lo que pasó, no entiendo qué hago acá sentada con ella y él. En eso me hace un gesto, miro para el costado, por donde se viene arrimando un viejito raro. Todo el tiempo se me acercan de estos personaje, me dice por lo bajo. Se ríe. Jesús se ríe lindo. La risa es el rasgo más revelador de un hombre, recuerdo que decía Dostoievski, y estaba en lo cierto, Quintero es difícil de penetrar pero cuando estalla de risa he ahí de golpe toda su verdad. Regresa ella de la casa con un enorme bolso porque él tiene que irse pa Huelva a trabajar. Me pide que le anote mis teléfonos en su loca agenda, cosa que hago. Cargamos los petates, luego sube a su bella Hummer floreada, corre con ella (la Hummer) una silla del bar que estorbaba, quién la manda a meterse en su camino, y desaparece por la esquina. Hasta siempre, loco andaluz...

Y nos quedamos solas de nuevo Miss Quintero y yo, hablamos hasta por los codos, como debe ser, mucho de él, un poco de ella y de él, otro tanto de mí, de mi ex, de ella, mientras terminamos el almuerzo. Ella invita, ella es una fenómeno, una buscadora, una apasionada, una femme fatale… las dos capturadas por el mismo chiflado. Me cuenta que se va para Jerez, que si quiero ir y yo nuevamente por no sé qué cuestión le digo que prefiero quedarme por Sevilla… hay mujeres que dicen que no cuando quieren que sí… misterio pendiente. Me lleva a conocer el teatro por dentro, ¡el enorme Teatro Quintero!, en el corazón de Sevilla. Imagino mi obra puesta en ese escenario, pienso en lo difícil que debe ser llenarlo a tope...

Y yo me niego a que esto sea el final, como me negué al comienzo de este camino a que la vida sea sólo lo que es; a que solamente se escriba de esa manera tan solemne y aburrida: con el culo en la silla. Y mire usted, si pude demostrarme que uno está en dónde decide, que uno lleva la vida que elige, a veces consciente, otras inconscientemente, decido en este momento que el final llegará en un segundo viaje, aunque usted se desgañite, porque ahora tengo que volver a Buenos Aires, que tengo a mi mare vieja, a mi perro en la guardería, a la gata de lo de mi mare, al señor del alquiler chillando por su plata que no fue depositada… Además si no dejamos algo en el tintero ¿con qué excusa nos volvemos a ver con el señor Quintero?(Capítulo siguiente)

Continuará…

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