viernes, 6 de octubre de 2017

Capítulo 114 "Renunciar a un amor"

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Y ya vamos a ir redondeando porque acá lo que importa es lo important-- ¿Qué? ¿Cómo que vamos a ir redondeando? ¡¿Cómo que así sin más va a colgarnos la galleta, Marina?! ¿Y la tensión? ¿Y la fusión? ¿La pasión y el despiporre de los obstáculos? ¿La sotana y el precio de la cebolla? ¿La señorita Quintero? ¿Se ha molestado por algo? ¿Ha habido agarrada de pelo? ¿Platos (o platós) por el aire? ¿Patadas, desmayo y gritos? ¿Infidelidad, despelote y celos? ¿Menage a trois? ¿Ne me quitte pas? ¡Por favor denos el alimento! ¡Queremos el melodrama! ¿Y sabe qué? Habiendo casi liberádome de la necia necesidad de acumular megusteos podría tener el tupé de caerle mal, de aburrirla, de no gustarle en absoluto y mandarla a buscar la fusión a la plaza de Catalunia, pero (puta palabra)… habiendo casi no significa habiendo, y después de semejante viaje juntas, me refiero a Marina y yo, no voy a dejar el hilo sin la putada:

Un tipo difícil...
Se vuelven a ver ellos dos al día siguiente. Llama Marina con la excusa del paraguas aunque él bien le había dicho que lo dejara en el bar, luego también dijo que lo volviera a llamar, e incluso había dicho que podían hacer la obra de ella en el teatro de él, y también dijo que podía hacer el programa en la radio argentina y mientras tanto esas entrevistas en diferentes lugares del planeta que tenía ya medio acordadas con no sé quién y que le gustaría además entrevistar al Papa y ella le dijo entonces que podía ir al barrio de Flores a ver si conseguía un contacto del Papa a lo que él contestó que tenía ya su contacto pero que el Papa no era un tipo fácil…

Atiende ella (la otra) el teléfono de él, le dice que ahora están en el teatro, que él está ocupado pero quiere verla antes de que se vuelva a Buenos Aires, que los espere en la casa que ellos ya van para allá. Marina agarra el paraguas a devolver, mete en el morral unos disparates que escribió para hacer en el teatro y sale para la casa (de él). Cuando llega se sienta en las sillas de afuera del bar de la esquina y entrega su cara al sol. Y es después de eso que descubre los mails. Cuatro o cinco diarios españoles le habían publicado la crónica de Almodovar del Río: “Desde Argentina tras los pasos de Quintero y Gala”, la habían titulado en el diario Expreso del Sur… Suspira ella, debiera sentirse emocionada pero solamente suspira, suspira y piensa que posiblemente sea de las que fracasan al triunfar.

Un tipo cool...
A lo lejos ella (la otra) se acerca por la calle Francos, sonriente y vestida más elegante que de sport. Se saludan afablemente, él está terminando algo en el teatro y ya viene para acá. Se cuentan ellas qué han hecho en estos días, como dos viejas amigas. Ella, Marina, le dice que no hizo mucho, que iba a ir a Granada pero que al final no fue (omite el motivo). Ella (la otra) es buena gente, piensa Marina mientras la otra habla sobre él de lo más apasionada. Al final, no sin un nudito en la garganta, Marina se alegra de que la otra esté con él, porque lo sabe cuidar. Recuerda la respuesta de Antonio Gala cuando él le preguntó qué era lo más noble que había hecho por amor: pues... renunciar a un amor.

Continuará...

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