jueves, 14 de diciembre de 2017

Capítulo 154 "De cuerpo gentil"

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De cuerpo gentil frente a ellos dos, todavía se huele en el aire la charla subida de tono. Me sigo pillando encima, tendría que haber ido primero al baño pero en fin…. malas decisiones toma una todos los días y por eso se crece y se va ganando experiencia etc, por boluda. Ella ya arrancó su “día a full”, de nuevo el móvil en la oreja mientras va poniendo la mesa y si bien la desfachatada nocturna es preciosa la asistente impoluta también tiene su encanto. Vale, vale, sí… repite enérgica mientras chequea datos cada tanto en un formulario. Entonces me ve, nos vemos, se detiene la existencia. Anoche estuvimos juntas, sí, ¿te acordas? Ninguna emite sonido. Tiene en el pelo hecho un rodete extraño que le queda bien. Me mira a los ojos, como hacen los nudistas, luego baja por mi cuello hasta su remera de Ecosia y vuelve a mis ojos; claro que se acuerda.

Él sentado con veinte diarios diferentes delante marca titulares con una birome, tiene un jugo de naranja a medio tomar y su móvil de números gigantes a un lado ¿Será que ese cargador sirve para el mío? Ella deja el suyo sobre la mesada y exprime más naranjas, el aparato hace un ruido estruendoso. Y yo tendría que ponerme los pantalones, señora, porque ¿quién me va a creer que estoy por desayunar en la colina, en semipelotas, adelante del loco y su muj-- ¿Tú quiere café? Creo que me pregunta a mi pero no estoy segura porque no me mira, y entonces me descubre él, que levanta la vista de El país, él que supo pregonar en algún video que no hagamos lo que todos si podemos ser geniales. Pero no todos podemos ser geniales ¿O sí? ¿Qué es ser genial?

Lo saludo con un gesto tímido. Aquí la tiene, le dice a ella mirándome de nuevo las piernas lo más disimulado que le sale y yo automáticamente la miro, que no se enoje, que él no lo hace a propósito, que es el instinto que no pudimos ni podremos dominar nunca además que me mire un poco no significa que no la quiera ¡y si se busca un loco que no se queje, che! Ella camina renga pero ya menos hasta la mesa de madera, deja el café en el platito y me mira, me mira y duda y quizá recuerda lo de la ducha-- Anda que aquí la tiene, pregúntale tú, repite él y vuelve a su diario. (Sigue)

Continuará...


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