miércoles, 3 de enero de 2018

Capitulo 169 "Asno parlamentario"

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El sentido común viaja por los caminos trillados; el genio nunca. Por eso me dejé llevar en el 166 hasta la cama de ella, la noche de la borrasca, porque usted, trillada y pantuflera como es, estaba esperando que me fuera a la de él. Y podría decir que aquella noche nos quedamos dormidas por lo mismo, porque el sentido común pedía a gritos que las dos mujeres recién salidas de la ducha, desnudas y sensuales, que entraban besándose apasionadamente a la pieza de una de ellas sin perder el tiempo en respirar siquiera, hicieran el amor hasta decir basta entre sudores y lágrimas de gozo, mientras afuera el viento arreciaba, etc. Además tal era el cansancio que llevábamos, tanto habíamos fumado, tanto nos deseábamos que tras unos cuantos besos profundos y otros un poco más suaves, pero no por eso menos encendidos, ella empezó a soñar.

Soñaba y cada tanto se movía en el asiento trasero de la loca Hummer. Volvemos a la autovía que se está poniendo complicado. El modisto sentado a su lado lo miraba y bufaba palabras ininteligibles. El organizador de la gran fiesta en LIVE se había quedado dormido y el moñito rojo lo estaba acogotando; roncaba como un asno en plena jornada parlamentaria. Se está asfixiando, le dije asustada ¿Qué lo que dice tú? ¡Que tu amigo se está asfixiando! Entonces el modisto con cierta gracia y cautela se lo aflojó un poquito. La gitana con el teléfono en la oreja todavía sentada al volante. ¡Coño, que aónde zametido ete tío! Se hizo un silencio borracho. Que no detienen a todos, exclamó entusiasmada una amiga del dormido ¿Que por qué no prueba de pasá, tía? Entonces Ella, móvil en mano, miró a la desacertada muchacha, con esa cara que ya le había conocido yo en el 155 ¡Vale, pruebo de pasá y que nos pillen a tó!

Ya se estaba haciendo de día, estábamos a escasos cien metros del control de alcoholemia. ¡Vale que qué coño! ¡Que por qué no coge el móvil!, exclamó Ella y bajó de la Hummer, el modisto me miró contrariado, bajó atrás de la Gitana. Disculpame, lo llamé antes de que cierre la puerta, él se dio vuelta con sus pelos raros. No tengo mi pasaporte. Se quedó unos segundos mirándome ¿Y que tú no ere de aquí? No, soy de Buenos Aires. ¡De Bueno Aire! Asentí. Hizo una pausa de sentido común, se acomodó el cuello de la chomba blanquísima. Pue que te calle ¿Que me calle? ¡Que no diga ná! ¿Vale? Asentí espantada. Y para colmo de bienes el de moño seguía roncando como vaca y tenía un aliento espantoso, lo hubiera dejado asfixiarse. Bajé de la supernave a por un poco de aire. (Sigue)

Continuará...

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