miércoles, 17 de enero de 2018

Capítulo 181 "Guapamente"

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Pensé si ella no estaba haciendo todo esto para él porque él nos había mirado en la cama esa mañana de la borrasca y ella había seguido moviéndose, no hizo esa cosa cursi de besarme y mirarlo a la vez, no, ella no es nada cursi por eso es mi protagonista, pero sí había seguido como si no lo notara, me acariciaba lentamente el cuerpo transpirado con sus manos pintoras, me mordía los hombros, a ella le gustan mis hombros me parece, y date la vuelta, decía el eclipse de amor en la tele, date la vuelta porque a veces me siento un poco sola y vos nunca estas cerca… Y su loco ahí se dio vuelta y nos miró, dormido pero despierto, como si lo hubiera escrito Ricardo Arjona al guión, un espanto,. Y después se durmió de nuevo. Ella había fumado bastante esa noche y él no sé entonces quizá fue por eso pero a la vez pienso que quizá pienso todo esto porque tengo miedo de enamorarme... ¿O será miedo a que me fallen? (Tres segundos) El amor es una falla...

Bajamos del Saxo en la casa sin decirnos mucho. Eran las seis de la tarde del día de Nochevieja, yo estaba medio insolada por la caminata despechada porque la resolana de Huelva es así, te incinera el seso, si no era insolación de falla de amor. Algunos seguían jugando al voley, otros bailaban, un tipo había llevado un saxo y tocaba como los dioses. Esta vez habían contratado unos mozos y toda la bola porque había el doble de gente. Los que estaban desde la Nochebuena andaban medio descompuestos, el loco había tenido que ir de urgencia a comprar no sé qué a la farmacia para la indigestión y el hígado, había tenido que ir él porque ella no estaba, ella estaba de joda conmigo y con la Hummer, me contaba entre risas nerviosas, las dos tiradas en la arena. Me mostró una foto de él con cara de culo examinando la camioneta esa mañana. Reímos. Me dio de pronto un beso en la comisura porque yo al verla venir le esquivé la boca, el miedo a la insolación. Ella se sorprendió pero me respetó y es tan lindo eso que hace de no preguntar cuando no hay nada que preguntar.

Cuando la vi llegando a lo lejos, con su sombrero turquesa, su pareo negro que se movía con el viento me empezó a latir fuerte el corazón. Se sentó a mi lado sin decir nada, me puso un sombrerito blanco para que no me haga mal el sol y así nos quedamos un rato mirando el mar. Me mostró un dibujito que le había hecho su bello niño en el pie. Y yo me moría de ganas de agarrarla de la mano y llevármela lejos. ¿Vamonó?, preguntó al ratito levantándose. Se sacudió la arena y me tendió la mano guapamente para ayudarme. Con ese cambio de acera de sus caderas caminó adelante mío hacia el auto. Y ahora no me atiende el puto teléfono ella a mi, hace dos días que llamo y nada. Me prometí no volver a Sevilla ya sé pero (Sigue)

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