domingo, 4 de febrero de 2018

Capítulo 196 "Todo lo bueno"

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Las cosas son buenas porque las queremos, las deseamos y no al revés, dice Spinoza, así que es claro que todo lo bueno la Gitana lo tiene porque yo deséola con fervor de Buenos Aires. Y cómo no hacerlo, le pregunto a Baruch. Cómo no amarla si te mira con sus putísimos ojos apasionaos y es tan femme fatale y contenedora y loca e imprevista y hermosa y contrariada e impulsiva... El 12 de enero me había dejado la notita por debajo de la puerta de la Pensión Gala, con birome y todo me la dejó, y no dejó cualquier birome, era la birome con la que dibujábamos su bello niño y yo durante nuestra feliz estadía en El Portil (antes del desbole). Mientras dibujábamos Ella trabajaba a nuestro lado y me miraba cada tanto toda intensa pero después aparecía Él y lo miraba igual que a mi porque el hijo de puta tiene setenta y siete pero está guapo que te la voglio dire. Me quedé mirando la birome ¿Qué quiere esta Mujer de mi?
Escribía enfermamente el 176, todavía no había pasado lo de Málaga pero sí todo lo otro y ya andaba con los nervios bastante crispados, tenía mi teléfono apagado hacía dos días, intentaba convencerme de que Ella no era taaan guapa, era linda, eso sí, interesante, y teníamos afinidad, piel, que le dicen, mucha piel, como demasiada, pero igual trataba de hacer encajar a Spinoza en mi sesera porque (todo pasa por algo) el vínculo con Ella me estaba haciendo mal. Hay que virar, Marina, virar. El Poeta me había escrito por facebook, después de algunas vueltas e histeriqueos, que aceptaba ser el final de este relato, con ciertas condiciones, claro, que me detallaba al pie de la letra, una de ellas era no poner su nombre. ¡Eureka!, me dije, esto me viene de pelos, bebí un trago de mi Cruzcampo, ya tenía todo cocinado entonces, viraba la cosa hacia él que era por cierto un giro de lo más interesante porque El Poeta además de ser El Poeta es El Cyrano, virábamos hacia él, me alejaba de Ella para siempre y me quedaba un final de lo más poético se los juro, estaba contenta, pero… si queres hacer reír a dios contale tus planes:
Casi había logrado ordenarme, pensaba en que El Poeta lo que no sabía era que para ser el final iba a tener que entregarse con el cuerpo porque esto es así, primero se vive y después, depende de lo que pase, vira el asunto para donde vira, íbamos a intentar que vire para donde queríamos, sí, pero si a esta altura algo sé es que nunca se sabe. Estaba intentando ordenarme y ahí vi la punta de la notita bajo la puerta. Salí enseguida pero ya no había nadie y el señor de la pensión me describió a la Gitana. Me la dejó y se fue. Y ahora estoy que me muero porque no me atiende Ella a mí el teléfono hace muchos días, con todo este despelote de mi mare, la chica, mis pánicos, mi bancarrota… Parada frente a la colina y, como hace dos años, no me animo a tocar el timbre. (Sigue)
Continuará...



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