domingo, 18 de febrero de 2018

Capítulo 206 "Enredo"

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Subí rápidamente las escaleras, casi me mato porque Ella calza un número más y sus chancletas me bailan y tienen unos piolines que se me enredan por todos lados, chancletas guapas, con glamour de Gitana, no vaya a creer usted. Atendí y le dije que esperara. ¡Que se aguante Ella ahora un poco! Igual dos por tres le preguntaba si seguía ahí, a ver si se le daba por cortar, no soy buena haciéndome la cocorita. Buscaba con desesperación su pieza pero no la pude encontrar, terminé, como siempre, en la terraza loca. Todavía yacían en el suelo las macetas rotas, las plantas se habían adaptado a la nueva estructura y habían sobrevivido. La sombrilla todavía cerrada y tirada en el piso; barro por todos lados. Viajé en el tiempo. Ahí me encajó Ella el primer beso, bajo la lluvia de Ana, me dio el beso cuando le dije que no iba a escribir nada más en mi blog, me lo dio porque no me creyó. No quiere que escriba pero le encanta que lo haga, no quiere que el Loco parrandee pero la seduce que no le obedezca. Gitana Loca. ¡LOCA!

Me paré al lado de la medianera con vistas a La Giralda, ni a Fellini le hubiera salido un plano secuencia tan Fellinesco... Llevaba mi pelo recogido, eso destaca mi nuca, mis pequeñas orejas y mis aros de madera colgantes, la luz me daba desde atrás y La Giralda desenfocada al fondo a la derecha. Hola, le dije contrariada. ¿Dónde ha estao?, respondió la Mina ¿DÓNDE HA ESTAO? ¡Cómo si no hubiera intentado llamarla MILES DE VECES! Me hice la que no me importaba, obvio, le dije que tenía algunos problemas pero no le di detalles. Mientras le hablaba tocaba con mi mano la notita que me me había dejado en el hostal. Vale, respondió y rápidamente me preguntó por Él, que no se podía comunicar y claro, si el otro debe tener el móvil apagao porque tenemos inquilina en la colina. Y Ella seguro me llamaba para ver si estaba con Él… Tapo el auricular y les digo a ustedes ¿Puedo ser yo más infeliz? ¡Que se me pegan los neuróticos siempre a mi! Y usted me responde con voz de suficiencia: Por algo será… Claro, quien me manda a buscar complicidad en usted, vieja envidiosa.


El viento me da en la cara, no hace frío a esta hora en Sevilla, deben hacer veinte grados, y aunque usted ya se haya acostumbrado a esto de que andamos como en casa por la colina y con el Loco como culo y calzón yo todavía tengo mis raptos de ¿Qué cuernos hago acá? ¡¡Es Él, Marina, ÉL!! Esto último lo pienso cuando lo tengo adelante, o al costado, o abajo mío... Usted ya no se sorprende, claro, ya lo normalicé, y por esto le sigue funcionando al poder el sistema que le sigue funcionando, porque usted es una caída del catre. Y por eso nos dividimos en dirigentes y dirigidos, prueba de que la desigualdad es innata e irremediable. Me cuenta Ella que está en Jeré, su bello niño compite hoy en un torneo de ajedrez y que si no quiero ir. (Pausa de piernas temblantes). Que si no quiero ir a Jerez, me dice, y a mi se me olvida lo de la chica de mi mare, lo de mi mare, mi bancarrota, el final, mis principios… y se me derrite todo. (Sigue)

Continuará...

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