martes, 27 de febrero de 2018

Capítulo 211 "Sexo, solamente sexo"

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Caminé hacia la puerta de la colina por al lado del caminito de madera, en algún momento me había descalzado y vaya a saber a dónde quedaron las sandalias, sandalias mías, no de Ella. Sentí la arena fría en los pies, el agotamiento en el cuerpo, la insolación por haber andado tres horas por la autovía sin protección, ni bombín, ni nada. Tenía los pelos secos, la piel de la cara caliente y tirante aunque me había puesto Nivea, Nivea de Ella. El sonido que venía de las mesas se iba alejando de a poco. Habían armado a unos veinte metros de la casa un espacio ecléctico, el Loco había hecho poner unos aparatos raros de iluminación, como trípodes colgando que proyectaban estrellas blancas encima de los invitados. Toda la tarde se pasó con eso el muy obsesivo.

Las dos mozas iban y venían con bandejas llenas de fuentes de comida. Pasé por al lado de Dragoni, me saludó y me siguió con la mirada, no sé hasta donde porque no me di vuelta a mirar. Entré a la casa y empecé a subir la escalera. Y la verdad es que insolada y tarúpida como estaba igual la idea no me parecía nada feliz porque Ella de verdad lo ama a este tipo, o al menos eso parece. ¿Y yo iba a participar del asuntito? ¿Podía ser tan falluta? Llegué al piso de arriba, caminé sin hacer ruido, necesitaba hielo urgente para mi cabeza pero no fui por él, hacerlo me interrumpía el clima horriblemente. La música se escuchaba de lejos, sonaba, y no por casualidad, Shine on you crazy diamond. Y no… ni loca iba a participar del asuntito porque no hago lo que no me gusta que me hagan. ¿O sí?


Me detuve frente a la puerta de la pieza de ellos dos, me angustié feo, en esa cama duerme Ella junto a Él, seguro que duermen abrazados. Ella posiblemente lo abraza toda la noche porque lo ama a Él y no a mi, yo solamente le gusto un poco porque soy aventurera, dice Ella, y me vine de lejos y entonces se refugia en mi cuando Él se manda alguna trastada, como la que se debe estar mandando ahora mismo con la sensual de Ibiza ahí adentro. El corazón me bombeaba fuerte, como si estuviera por hacer algo terriblísimo. Es sexo, Marina, solamente sexo. Espié por la cerradura pero no pude ver nada, una tenue luz iluminaba el lugar. Iba a golpear pero no, no podía. Cerré los ojos, dejé que Pink Floyd me atravesara los poros. Plenamente consciente de lo que hacía puse mi mano en el picaporte de la puerta. (Sigue)

Continuará...

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