sábado, 10 de marzo de 2018

Capítulo 218 "Stand by Dios"

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Los buenos escritores son los que tienen dificultades para escribir, decía Piglia, entonces la interrupción es un elemento importantísimo… Y resulta que el nuevo dilema es que yo escribo para escaparme de lo que me hace mal, de lo que me angustia, de la realidad nuestra de cada día y, calramente, de las boludeces que escribe usted en twitter, pero resulta que ahora la que me inspira es Ella. ¡Ella me pone a escribir pero también me hace mal porque es una enferma! ¡ENFERMA! ¿Me comprende? Así que sin la Gitana no escribo pero con Ella tampoco porque me pinta y no para de pintarme… Hace dos días que no se despega de ese bastidor y cuando le digo que coma algo despierta del ensueño, me mira, loca de ganas, y se me sienta encima, abre sus piernas flacas y largas y bellas y suaves y rubias y se me trepa, endemoniada, me interrumpe lo que sea que esté haciendo, por lo general la miro, sí, la miro mientras me retrata y así me hago de la inspiración. Hasta apagó el teléfono ¡LO APAGÓ A ÉL! ¡A DIOS PUSO EN STAND BY! Y yo le digo que quizá la necesita para algo pero no me da bola… (Ojo con lo que demandas porque se te puede cumplir…).

Y Aquello fue un desacertado desliz... Yo estaba que no daba más, en medio del florón, sola, lejos de casa, el quilombo de mi mare encima, y encima bajo el efecto de la pastilla amarga que me había dado Sanchó Dragoni, todavía en El Portil... Me la tomé porque me había dicho que era para tranquilizarme y entre el despecho por su ausencia, la angumia porque no me llamaba... tan emputecida estaba que me la tomé y que sea lo que dios quiera, me dije, y me la mandé a la chifladura. Aunque ahora que escribo sobre deconstrucción, heteronormas y otras legumbres lo que menos tengo claro es qué no es chifladura. Cuando recuperé el juicio me prometí no escribir jamás sobre Aquello aunque sacrificara quizá el más suculento punto de giro de la historia de la escritura de la humanidad toda.

Hecha un mar de lágrimas seguía parada frente a la puerta de la habitación de Ellos dos, nadie había respondido a mis tímidos golpecitos a la puerta. Faltaban algo así como neinte minutos para que dieran las doce, para empezar con el nuevo año. No se escuchaba nada adentro de la pieza. Sonaba otra canción de Pink Floyd a lo lejos, Wish you were here, por eso las lágrimas y el mar, porque Ella se había ido y yo la extrañaba una eternidad. La cabeza me latía por la insolac

Y ya la estoy viendo venir por la ventana, ofuscada, con el móvil en su manu, chao... (Sigue)

Continuará...


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