sábado, 14 de abril de 2018

Capítulo 240 "Ventolera"

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Y sí, cuando una se lanza a la aventura no hay lugar a quejas, como cuando se quiere cambiar el mundo, el mundo es el mundo y la mayoría se siente segura así como está, paradójicamente, por lo que la batalla es ardua y además está perdida, ¿me comprende? Y ya sé que sin que nadie me mande me lancé a la mierda aventura, YA SÉ, no debo quejarme, pero el puto clima podría dejarse de joderme un poco la soretísima paciencia. ¡Ahora me sale con un tornado! ¡TORNADO! ¿Cómo voy a lograr continuidad yo así? ¿Cómo voy a lograr que al menos UN lector se enganche si no puedo hilar dos párrafos coherentes? ¡Volaban las cosas por el aire! ¡POR EL AIRE! ¡Árboles al carajo! ¡La sombrilla de la terraza no cuenta más el cuento y de las macetas que sobrevivieron a la borrasca Ana mejor no paso data! La colonia de gatos se refugió adentro de la oficina de Él, hay pulgas en la casa y el loco es alérgico, entraron a través de una ventana cuyo vidrio también pasó a mejor vida, pero no me voy a ir por las ramas que pierdo el clima del capítulo anterior que ya ni recuerdo qué decía. (Así no hay cuerpo caguante).


Y Ella ni se inmutó con la ventolera, eh, estábamos las dos en su piso, porque la Gitana es así de turra, no me habla pero me quiere cerca para poder no hablarme, para poder castigarme por vaya a saber qué cosa hice que la dejó muda pa todo el viahe. Escribía yo nuestro furtivo encuentro en el archivo, sin que sepa, claro, escribía y la miraba trabajar desde el sofá que está cerca de la ventana, toda seria Ella, con sus lentes de leer que le quedan tan apolíneos, hablaba por teléfono cada tanto, muy profesional, tan perfecta, tan huapa, tan flamenca… ¿Usted dice que la que idealiza ahora soy yo? La miraba y escribía nuestro encuentro sobre los almohadones, con la voz de Él de fondo que venía de la televisión, aquella entrevista del 91, el loco respondió a la periodista que los que hacían televisión eran especialistas en la nada y eso nos hizo reír, las dos sentadas sobre una enorme caja de cartón llena de cosas. Entonces todavía me hablaba. Nos reímos y nos miramos porque a las dos nos gusta lo mismo de Él, su insurgencia, su curiosidad eterna, su necesidad de torbellino y su loco e inclusivo estilo, a veces Belén Esteban, a veces el Manolito Pozzi. A veces la sensual de Ibiza, a veces la Gitana, y a veces… (Sigue)

Continuará...

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