jueves, 19 de abril de 2018

Capítulo 244 "Me gusta la hente, que cuando saluda..."

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Loco holograma
Puso play a Quintero y me dio un beso largo y profundo, de esos que se dan cuando a la otra persona se la quiere cuidar, cuando no se la quiere perder porque para ella somos importantes. Un beso de esos, con mirada de amor, de yo te entiendo, de nunca quiero que te vayas y esas cosas que se dicen en las novelas y a mi, su mirada, su cuidado, me enloquecían. ¡Nunca me había dejado cuidar! ¡JAMÁS! ¿Entendés? Y después follamos sobre los almohadones de Shiatsu, yo siempre medio dureli pero Ella sabe cómo hacerme aflojar, me va llevando, cada vez mejor. Fue como repetir trío, trío inconcluso, como con un holograma de Él, o algo así, Él no estaba, pero sí su voz... La paciente en algún momento llegó y como no atendí me dejó un mensaje y se fue, cero profesional, un desastre, ¡un desastre! Tengo que volverme ya. ¡Y ya sé que es un quilombo  allá pero tengo que volver! YA. Volverme para volver en mí, acá me estoy poniendo melindrosa...

Termino el mensaje de voz de whatsapp y dejo el teléfono sobre la mesa, angustiada, no finjo, estoy nerviosa en serio aunque la situación no me da ni media risa, que me disculpe Galeano. Mi amiga milagrosa otra vez me pone la oreja, me psicoanaliza las neurosis por el chat del teléfono, además de ocuparse de mi mare y de sus avatares me aguanta como una mártir. Estoy sentada en un bar de la avenida Flota de Indias que tiene wifi, volvimos a las viejas correrías, no conocía esta parte de la provincia, no hay una carajo para comer, este es el único bar de tapas que encontré, mi hostal, el último que quedaba libre, habitación compartida, queda en medio del desastre, a pocas cuadras de acá, cruzando mi Guadalquivir. Toda esta zona está repleta de gente, es la zona de la feria, todo está repleto de gente y yo estoy sola. SOLA. Por todos lados hay ruido, bulla, espanto, la gente es espantosa, grita, habla sin que sea necesario, se mete en donde no la llaman, opina ignorando que ignora, ensucia, hiede, destroza, perjudica al planeta, a los animales y a las personas de hogar como yo. Ríen. Ríen mucho como si hubiera algo de qué reírse. ¡Me tienen podrida! ¡PODRIDA Y LOS MATARÍA A TODOS! Ahora entiendo cuando Él me dijo que estaba harto de Sevilla, pero yo creo que la ciudad no tiene la culpa de nada.

Garabateo un posible final para este capítulo: “Y es que siempre hay algo de demencia en el amor. Pero siempre hay también algo de razón en la demencia”. ¿Y qué carajo tiene que ver con lo que venís contando, Marina? ¿Me comprende? Ya soy dos, me estoy desdoblando. Basta. BASTA. Abro el ipad, despegar.com, empiezo a mirar pasajes a Argentina, ya está, fue suficiente, me vuelvo, en Buenos Aires escribo todo lo que tengo pendiente, vengo de nuevo en Octubre y se lo doy a Ella, a mi Gitana, loca de mierda, musa hija de puta, hermosa, tremenda, preciosa mía, femme fatale, le doy todo lo que me inspiró, todo lo que me hizo doler… Suspiro, niego con la cabeza, borro la frase de Nietzsche porque no pega ni con cola, la dejo más abajo, ya servirá en algún momento. O no. ¿Y por qué no me responde mi amiga milagrosa? Agarro el móvil, abro whatsapp, descubro que no se lo mandé a mi amiga, se lo mandé a la Gitana. (Sigue)

Continuará...

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