lunes, 4 de junio de 2018

Capìtulo 278 "Porque no creo"

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Bego
Y sí, la tuvimos que hacer pasar, Begonia hizo café negro, un asco, yo nunca tomo nada hasta el mediodía, y que nadie me hable, es lo único que no le pido a dios porque no creo pero si creyera le pediría. A veces un vaso de agua me tomo y me activo más o menos a las doce. Pero ellas tomaron café hasta las orejas, y fumaban las dos, otro asco, Begonia le preguntaba de todo, no paraban de hablar, yo me moría de aturdimiento y de sueño y de mal humor, de congoja no porque Ella ya había quedado atrás, un alivio poder tomar las riendas de nuevo. Tiempo y distancia para matar la obsesión fatal, infalible. Pero Rocío no es boluda, se dio cuenta enseguida de lo que me pasaba, tiene una intuición la guacha, lo bueno es que no se lo tomó personal, no pensó esta chica tiene esa cara de culo porque no me soporta, no, pensó que me pasaba lo que me pasaba: sueño, sin tanta retórica, yo en cambio me hubiera ido llorando, hubiera pensado que le molestaba horrores mi aparición sorpresa y hubiese ido directo a tirarme por un barranco.

Afuera seguía chispeando, en Álava cuando no llueve chispea y cuando no chispea llueve, igual que en Alaska, los rarísimos días de sol la gente sale, sonríe, se saluda, se enamora, se casa, tiene hijos, todo, por la emoción, porque no lo ven nunca, estallan de alegría y optimismo. Pobres. Begonia le contaba su vida entera, que es más que interesante, es una mina apasionada, hace teatro, canta, peluquea, y a todo le pone la vida, a todo, no por nada es una de las preferidas de Antonio, la única que entra a La Baltasara. Rocío la escuchaba, incluso le festejaba los comentarios graciosos pero en un momento acercó su mano a mi cara y me pellizcó la mejilla con su índice y su mayor, como hacía una amiga de mi mamá, Margarita, cuando venía a casa de visita. Anda, vete a dormí, guapa, que luego te veo, me dijo, tierna y maternal. Tía Begonia nos miró con intensiones de Cupida motorizada, me quiere matar esta loca, no acabo de salir de una que ya me quiere meter en otra. NO. Rocío no es mi tipo. Pedí disculpas y me fui a dormir un poco más. El olor a cigarrillo iba quedando atrás y mis pulmones adormilados lo agradecían. Subí las angostas escaleritas, me saqué toda la ropa y me metí en la cama. Me dormí pensando en el pellizco de Ibiza, en sus ojos brillantes como un cometa Halley. (Sigue)

Continuará...

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