martes, 12 de junio de 2018

Capítulo 283 "El nudo es el indicio"

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El que secó el desastre
Begonia me vio a través del vidrio mientras cortaba el pelo, mi cara de velorio de perro, dentro de la tragedia me causó gracia ver que tiene una cancha bárbara, se quedó mirándome unos cuantos segundos y al mismo tiempo siguió peluqueando a la señora, sin mirar lo que hacía. Yo di media vuelta y me fui, decidida, con el nudo en la garganta. Porque el nudo es el indicio que no hay que ningunear, lo que más nos cuesta esconde lo interesante, lo disruptivo, y en general nos zambullimos a ello cuando no nos queda otra; detrás del “ni en pedo hago tal cosa” está la libertad, la alegría, o similar. Creo. Por las dudas no lo intenten. O sí, pero no porque yo lo digo. Me voy a volver. Porque los quilombos me obligan; porque aprendimos de Dragó que la felicidad es querer hacer lo que uno debe, así que lo intentaremos, a ver qué sale; y porque es lo que más me cuesta elegir, ni en pedo quiero volverme así que me voy a volver. Posiblemente cuando ya no quede tiempo para nada, cuando sea demasiado tarde para lágrimas, ahí se va a dejar ver el final, de una vez, los finales son más histéricos que las argentinas, estoy descubriendo. Cuando ya no quede otra el tipo va a caer de madurito. Los puntos sobre las íes de una buena vez.

En Álava
Pero por eso pasó lo de Ubrique, porque yo pensaba que ése era el final, bueno, y porque Él también es tan hijodeputamente guapo que no sé, no sé... o sí sé, me había tomado otra pildorita Dragoniana, la de color celeste, estaba sola y angustiada, toda la playa para mi pero sin Ella, ¿para qué la quería? La Gitana seguía sin aparecer, no volvía, no me mandaba whatsapp, los periodistas beodos me tenían podrida, mi vida era un abismo sin fondo. Me dirigía derecho al final, cual Alfonsina Storni, caminaba directo a dejarme sumergir en la bella mar de Punta Umbría, no me iba a animar, obvio, me iba a tirar un ratito al sol a ver si me quedaba dormida para siempre, y ahí Él, que para mi se avivó de que esa camisa blanca con el chalequito me pueden porque ahora se lo pone siempre, ahí Él me ve, con las llaves de la Hummer en la mano, con un bolso negro y gigante, le suena el móvil, deja el bolso sobre la arena, atiende, ponlo en el baúl, me dice por lo bajo mientras se sube al auto y lo destraba. Acto seguido pone en marcha el bólido tuneado y me invita a subir. ¡Sube!, me dice, sin mayores explicaciones. Yo me quedé un momento y luego metí el pesadísimo bolso atrás. Subí a la cabina, Él seguía escuchando a su interlocutor, con su camisa blanca, el sombrerito negro que le hacía juego con las nike colorinches anaranjadas. Pensé que quizá se pone lo mismo hace días porque no está Ella, la fémina del hogar, que le debe dirigir hasta la ropa limpia, no? (Sigue)

Continuará...

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