lunes, 16 de julio de 2018

Capítulo 307 "En el limbo"

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Piso en Madrid con sauna y forasteros...
Estaba a la entrada del salón y no podía levantar la vista, no podía, no sé por qué, preguntale a Freud. La música sonaba, saturada, mar y delfines, ¿porqué me meto en esto?, ¿por qué me meto en esto?, no dejaba de torturarme, soy el karma, el karma de esta mujer y de su señor marido, ahora cuando me vea... me tendría que haber ido a Álava con Begonia, tendría que haberla escuchado, que las cosas cuando pasan pasan por algo… o no, eso lo dice Dragó, no me acuerdo qué me dijo Begonia pero algo me dijo. Las viejas en sus colchonetas se relajaban, y las no tan viejas también, las veía por el reflejo del vidrio de la puerta. No miré nunca si Ella estaba o no, no directamente. Me senté en un taburete largo de madera, había bolsos y carteras apoyadas por todas partes, no veía bolso conocido, ni sandalias, ni nada que pudiera ser de Ella. ¿Y si no había venido? ¿Y si no estaba en Jerez? Él me había dicho que sí, que trabajaba con la pianista hasta fin de mes, la última vez que lo vi en la colina, cuando le saqué ese fotón.

Fotón
Me senté para recuperar el equilibrio, para no caerme, para bajar un cambio, o cinco, para desaparecer del mapa, en el extremo me senté, el más alejado de la luz, de los seres vivientes, del daño que había venido a reparar. Me senté porque no podía dar un paso adelante del otro sin sentir vértigo, de los nervios, me tambaleaba. Quería irme pero no, no era eso lo que tenía que hacer, como cuando escribo, voy hacia donde debo, el debo me lleva de la nariz, que se me confunde con el quiero, y después termina todo acá, en el limbo, así que me quedé en donde estaba, sentadita, respirando, seguí las indicaciones de la profesora desde ahí, mis piernas fundiéndose con el piso, luego mis brazos, mi cara, mis párpados aflojándose, unos largos minutos así, despacito me volvió la sangre al cerebro, me propuse mover una mano y se movió, me hizo caso, ya era dueña de parte de mi cuerpo de nuevo, el yoga bien dado es buenísimo, los movimientos involuntarios fueron dando paso a la quietud, ya no me rascaba la cara cada dos segundos, ya no zapateaba el piso sin parar, fui pudiendo quedarme quieta. Y en eso de tranquilizarme estaba cuando entró. (Sigue)

Continuará...

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