jueves, 5 de julio de 2018

Capítulo 299 "Volvo con ella"

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En menos de diez minutos ya andábamos por la ruta, el auto iba ligero ligero, nunca me había subido a un Volvo, a un Volvo con ella al volante. Sus sandalias de charol pisaban el acelerador y volábamos, caja automática, me sentía en una propaganda. A medida que íbamos para el sur la temperatura subía, eran las cinco de la tarde y tenía calor. Abrí un poco la ventanilla, me costó encontrar el botoncito, mi gol power tiene la clásica manija que de tan dura tonifico bíceps y tríceps de un solo tirón. Me puse una gorra porque el pelo me daba latigazos en los ojos, la Morocha no bajaba de los 140 kilómetros por hora, aunque los carteles decían máxima 40.

Y ahí empecé. Con la Gitana. Ahí le hice lo que pensaba la iba a joder muchísimo, pero no, eso que pasa cuando el otro es otro, reacciona de manera inesperada, desconcertante, en otro lenguaje. Pasábamos cerca de tu casa, por Castilla y León, ella quería que conociera los pueblos entonces se metía con el auto por las callecitas, manejaba a dos por hora y me iba explicando cosas, como una guía turística, divinos los pueblitos, hermosos, todos con casas de piedras, bueno, vos ya sabés, es muy diferente a lo que estoy acostumbrada, y la verdad es que no me interesaba mucho, no sé si hay algo que me interese mucho, pero no dejaba de mirar haciéndome la anonadada, porque ella esperaba eso, que a mi me gustara y la pasara bien, quería levantarme el ánimo.

Empecé con lo de la Gitana porque ella detuvo el auto frente a una casa, parecía un castillo, me preguntó qué podía hacer para que me sintiera mejor, que no podía verme así. Una hermosura de mina, paró el auto porque se dio cuenta de que yo no daba más de angustia, pensá vos que ella no había dormido casi, manejó toda la noche desde Marbella y pasadito el mediodía yo, egoísta como siempre, le pedí si me podía llevar a Madrid, ni se me ocurrió pensar en que no había descansado, no, la cabecita me da sólo para pensar en mi. Me dijo que si no quería irme me quedara, que ella tenía piso en Madrid, un piso de la puta que lo parió, doy fe, me lo ofreció, su piso, y que iba a ayudarme a conseguir pacientes, ella y su mamá conocen a medio mundo, con su sonrisa de niña inocente me lo dijo, le asoman los dientitos de abajo cuando sonríe, y los colmillos, como a los perros pequineses, pero ella es más linda. Y fue ahí, a la vera de la casa-castillo, que me hizo emocionar la Morocha de Ibiza. (Sigue)

Continuará...

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