viernes, 11 de enero de 2019

Capítulo 424 "Ni al puto rey"

CAPITULO ANTERIOR

Tan nerviosa que había dormido y al ñudo, AL ÑUDO porque esta situación no había sido buscada por mi conscientemente para escribirla luego, había sido la excepción a la falsa escuadra, había sido incluso para salirme de eso, y al final me terminó metiendo peor en el fango espeso de la… ¿cómo podríamos llamar a esto a estas mórbidas alturas?, ¿obsesión fatal?, ¿desmesura literarioviviente? Porque realmente sentía (y siento) que era un desperdicio, vivir algo para no escribirlo luego, encontrarse con alguien para simplemente “pasar el rato”, casi que me dolía vivir para no escribir pero igualmente me obligué a virar el rumbo, me encerré en el departamento Sardina y estaba tratando de darle bola a Gurú Escohotado, intentaba dejar de ser yoyoyo, leía a cuatro ojos los libros que me había pasado: Bachofen, Engels, Smith, Robertson y la madre que me parió… Y en paralelo leía otro nefasto libro, somnífero y feminista para la reseña de la revista de Reverte, todo al unísono para no pensar en mí, en mis boludeces, en las boludeces de los parientes y/o amigos, tienes que dejar de pensar en ti, dijo él, Escota, cigarrito en mano, sabiduría al palo, y este blog habla todo el tiempo de MI, de MIS experiencias, de MIS neurosis, de MIS tarupideces... Así que en eso estaba, tratando de despegarme, de vivir para no escribir, pero... de tanto leer a esas filósofas gentes a las que les entiendo medio carajo en un momento me sentí embotada, nauseosa, podrida, regurgitante de tanta palabreja difícil y ahí me metí en el sitio de citas ese para ver si contactando con otros humanos me olvidaba un poco de yoyoyo.

Foto vieja, mesa actual.
Lo mío es demencia literaria, le confesé a Antonio Gala esa misma tarde, fue nuestro último encuentro en La Baltasara, los dos sentados en esa mesita de madera, tomábamos un té exquisito que nos había preparado Amalia, rodeados de plantas y humedad. Un exabrupto le dije pero me salió así cuando José María me abrió la puerta. Me sorprendí al verlo a él, yo la esperaba a Amalia, una amargada divina con la que ya tenía más o menos confianza, había preparado mi speech para ella y no va que me abre el sobrino fantástico guapetón. Estoy desequilibrada, le confesé, necesito ver a tu tío, urgentemente, será sólo un ratito, él ya sabe de mi, estuvimos el otro día, me dio consejos, yo le di un libro de Roberto Arlt, él no había leído nunca a Arlt y se quedó contento. Sabe que cuando se cansa me raja y yo le digo no os molestéis, conozco la salida, sin ningún rencor, me voy al segundito, te lo juro por dios, que no existe. Me dejó esperando un buen rato, pensé que no iba a volver, que de verdad Antonio estaba delicado, harto de mi y yo totalmente loca pretendiendo que me viera o viese de nuevo si el Muso no recibe ni al puto rey, pero al final las compuertas se volvieron a abrir. (Sigue)

Continuará...


No hay comentarios.:

Publicar un comentario