domingo, 13 de enero de 2019

Capítulo 426 "El buen camino"

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Perrillos al sol
Te dabas cuenta pero no podías controlarlo, claro, eso debe estar en el medio, entre demente y coherente, el demente completo es el que no registra que está actuando como un orate, el que le echa la culpa toda al otro que se va, que se aleja, que no valora, que no comprende nuestra intensa manera de dar amor, nuestro sacrificio por ello, etc, Y el coherente es aquel que a pesar de sentir el impulso se da cuenta de que es abrasivo y puede controlarlo, ¿no? Yo estoy peor que enamorada de la Gitana, dejaba de escribir por Ella, salía corriendo como una perrita verde apenas me llamaba, una vez dejé plantada a una paciente y todo pero no le echaba la culpa a Ella. ¿Pretendía que me correspondiera de la misma manera? ¿Vos decís, Antonio? ¿Que mi irradiante energía daba cuenta de mi disconformidad de vínculo? ¿Que la llamaba dos por tres no para saber cómo estaba sino porque necesitaba estar en contacto con Ella todo el tiempo? Una vez, ahora me acuerdo, una vez le propuse ir a Granada juntas, respondió que tenía que trabajar y me enculé, es verdad. ¿Me volví una codependiente sin darme cuenta? NO. No puede ser si yo escribo sobre el comportamiento humano, mirá si se me va a pasar mi propia desmesura, che.

Intenso
Y ahora ya estoy casi segura, no lo puedo manejar yo a esto, de la demencia escrituril te hablo, pasé al otro tema, no puedo controlarlo, Gala, y eso sí que me angustia porque siempre pensé que era una joda, que cuando quería paraba pero ya vez que no puedo, no puedo y Alex de la Iglesia encima se hace el gracioso o no me entiende, no lo sé, a mi pedido de auxilio un escritor tan lúcido y experimentado como él responde que el exceso nunca fue un problema, que me preocupe por el defecto, ¡pero porque él nunca padeció de exceso severo como yo! ¿Vos mentendés, Antonio? Hace dos capítulos dejé el teléfono sonando en mi departamento Sardina y ahora estoy acá con vos, no sé ni cómo llegué y mucho menos cómo carajo voy a volver al teléfono sonando que imaginaba yo era la Escohotadiana obsesionada por verme otra vez y no quiero volver a verla porque creo que es histérica maligna y me da un miedo bárbaro eso a mi.

Me di cuenta de que estaba hablando pavadas, sola y sin pausa, ¿me había contagiado de Dragó? Cerré la boca de golpe. Se hizo un silencio largo, sereno. Algún pajarito cantaba, no se escuchaba ni medio ruido salvo el de la naturaleza. La Baltasara está a dos kilómetros del pueblo, en medio del campo Alhaurino, es la paz absoluta. A unos metros de nosotros las tumbas de sus perrillos. Sus ojos grises no decían nada, salvo lo que decían, todo. Los ojos de Antonio son como un fuego artificial, a sus ochenta y ocho conservan la chispa picaresca, esa ironía, esa inteligencia que te hace sentir una miniatura. Tomó un sorbito de su té, estaba muy caliente todavía, volvió a dejarlo sobre la mesa. Entonces habló: creo que estás en el buen camino. Cuando yo escribí El manuscrito carmesí llegué a vestir chilaba y a calzar babuchas. Creo que todo lo externo arropa y calienta y excita lo interior... (Sigue)

¡¡¡Continuará…!!!



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