sábado, 6 de julio de 2019

Capítulo 478 "Lo confieso"

CAPITULO ANTERIOR

Bajó del taxi con su idea obsesiva de comprar cigarrillos. O de importunarme. O de probar que ella era más importante que mi Mare enferma. A ver si le hacía caso. Y yo que no daba más. El día anterior se había ofendido porque la dejé en el hotel después del anestesiólogo. Sacrilegio. Tuvo el móvil apagado hasta el día siguiente. Ya me tenía harta. ¿Porqué no manifiesto mi enojo, doctor Freud? Apareció esa misma tarde, que quería visitar a mi madre como le había prometido. No me iba a dejar en paz así que respondí que como quisiera, que yo en un rato tenía que ir a recoger la ropa sucia, llevarle limpia, a verla, a pagar el servicio de la tele..

Camine atrás de ella por la vereda del hospital. ¿Tenía que comprar cigarrillos de manera tan urgente? ¿Por qué no había comprado en el camino? La imagen de la vieja sola, tambaleando y cayendo al piso me trastornaba. La había dejado poniéndose los zapatos, bajé corriendo por la escalera para no hacer esperar a Rocío, a ver si todavía se enojaba (más). Además de cáncer de endometrio, cadera rota. ¡Lo que me faltaba! Ni atiné a decirle algo, estaba como yegua desbocada, seguía caminando dos metros adelante. Lo único que iba a lograr era enervarme más antes su indiferencia caprichosa. Ella me había dejado plantada hacía dos días. Ella me había despreciado y humillado luego de la manera que suele. ¿Y ella estaba enojada? Sí. Y yo irracionalmente enamorada. Socorro. Alguien que me suicide. Dobló en la esquina hacia la plaza. Imaginé que iba en busca de un quiosco para comprar sus cigarrillos, pesar de que le había pedido si podíamos ir más tarde, que la vieja estaba arriba, sola e insufrible. Se había alejado estúpidamente porque frente a la entrada del Fernández había uno enorme. La dejé fluir en su testarudez. A ver hasta donde llegaba.

No había ningún quiosco a la vista. Le sugerí doblar hacia la avenida. No se dio vuelta pero me hizo caso. No podía hacer otra cosa, yo jugaba de local, ella no. Empezó a darme el pánico. ¿Cómo iba a hacer yo con esta mina y encima mi Mare Tirana? ¿Con las pocas energías que me restaban después de semejante semana? Nos habíamos internado por la mañana y me tenía para la chacota, ya lo he comentado, me volvía loca con sus quejas y demandas y amenazas de que se iba a caer porque no venía nadie y ella quería ir al baño, ¡no hacer en la chata! ¡Que qué me creía yo para dejarla sola todo el día! Y encima era mentira, había estado por la mañana y ahora de vuelta, entre trabajo y trabajo, llevando y trayendo ropa, libros que me pedía, radio, marcadores, tablet. Todo el tiempo con el nudo en la garganta por miedo a que le pasara algo adrede, como para escarmentarme. Realmente estaba que no daba más. Y encima la otra. Que en ese momento se detuvo. Su expresión iracunda. Hizo algo que nunca como escribiente se me hubiera ocurrido, lo confieso: (sigue)

Continuará...



No hay comentarios.:

Publicar un comentario