Un día quise dar con este periodista, empecé a buscarlo, la búsqueda se puso interesante, me senté a escribirla, en el capítulo 5 conseguí su teléfono, en el 14 me animé a llamarlo, en el 30 saqué pasaje (tenía que hacer avanzar la historia), en el 45 le llegó a Campanella justo cuando tenía que viajar, terminé trabajando con él. En el 76 arribé a Sevilla, en el 83 lo puse contra las cuerdas y la aventura continúa... (Vivir para escribirlo luego porque la realidad supera la ficción).
sábado, 19 de diciembre de 2020
Capítulo 543 "El país de siamo fuori"
Llegué a la cuadra del hogar y ahí estaba la ambulancia de Emergencias, una empresa privada que contrataron porque si esperamos a Pami nos morimos de esperes, se entiende, ¿no? Y luego la defunción dirá covid, por si las moscas. Y no podía, no podía querer aunque quería, no podía querer estar ahí, aunque debía, no quería estar en Buenos Aires de vuelta atendiendo a mi mare enferma, no quería que mi mare estuviera enferma y vieja, no quería quedarme sola en este mundo de idiotas inmorales, no quería haber oído el teléfono esa mañana ni que hubiera sonado, ni tener que ir en la ambulancia a ese lugar tierra de nadie que son los médicos, unos nadies que se sienten más que uno y de quienes, dice el paradigma, depende nuestra vida en ciertas ocasiones. Ellos tienen el saber, nosotros no, y si no nos entregamos, si no los esperamos, si no los veneramos, si no les obedecemos, si no les suplicamos… Siamo fuori. Y quizá lo sean, más que uno, al menos en ese momento. Porque qué cosa más importante hay en el momento del dolor que que venga el que puede aliviarlo. Qué cosa hay más importante en el momento de angustia porque el ser querido se nos va que que venga dios con el delantal blanco y lo “salve”. Lo que no podemos saber es si siamo fuori es un país más soportable que el nuestro. Dicen que existe la paz en los verdes campos del edén, hay que morirse para averiguarlo... (Sigue)
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario